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  • "Las inquietudes y esperanzas de la juventud de hoy en día son muy similares a las que las personas mayores teníamos de jóvenes"

"Las inquietudes y esperanzas de la juventud de hoy en día son muy similares a las que las personas mayores teníamos de jóvenes"

29.01.20

Hace varios años que en la Facultad Pere Tarrés coinciden alumnos de diferentes generaciones. Por un lado están los estudiantes de grado, mayoritariamente alumnos jóvenes que se forman para ser educadores/as sociales o trabajadores/as sociales y, por otro lado, están los estudiantes del Programa Universitario para Mayores (PUGG), todos ellos mayores de 55 años con ganas de profundizar en materias de carácter social y humanístico. A propuesta de un alumno del PUGG, Isabel Torras, profesora que imparte la asignatura de Psicología del Ciclo Vital a los dos grupos, organizó unas sesiones comunes entre los dos ciclos para intercambiar puntos de vista sobre las diferentes etapas de la vida. Tanto los estudiantes jóvenes como los mayores estudiaban el Ciclo Vital según el Modelo Psicosocial de Erikson y este fue el punto de partida del encuentro. Recogemos en esta entrevista las impresiones conjuntas de 7 de los alumnos del programa sobre este encuentro.

 

Qué pudisteis aprender de este encuentro intergeneracional?

Desde la perspectiva de los alumnos mayores, pensamos que fue una muy buena idea el hecho de encontrarnos con esta juventud que tiene un montón de inquietudes, de proyectos y energía para poder hacer frente al futuro incierto que les espera. Nos gustó constatar que la mayoría tienen unas personalidades fuertes y muy aptas para las carreras que han elegido.

La profesora organizó una dinámica de presentación en la que cada uno de los alumnos se presentaba al grupo a través de un objeto personal que había traído de casa, y que era significativo de su etapa vital actual. De esta manera pudimos descubrir algún aspecto importante de la personalidad, pensamiento o sentimiento de todos nosotros. A los mayores nos sorprendió gratamente la transparencia de la mayoría de los jóvenes: se expresaban directamente y abrían sus sentimientos con naturalidad (la mayoría de nosotros a su edad no osábamos ser así o no nos estaba permitido). El diálogo resultó fluido, espontáneo y libre!

Al entrar en el "cuerpo a cuerpo" con sus argumentaciones y explicaciones, era fácil caer en darles consejos dada nuestra experiencia vital. Pero poco a poco, nos dimos cuenta que éramos nosotros quienes teníamos mucho que aprender de ellos. Sobre todo en cómo saber gestionar los sentimientos y el espíritu desinhibido de expresarse.

 

¿Cómo se estructuró la dinámica? Cómo hablaban estos objetos de las diferencias generacionales?

En el caso de los jóvenes, la mayoría de objetos que llevaron fueron auriculares, móviles, Ipods, etc., porque son aparatos con los que pasan muchas horas escuchando música y relacionándose. Otros objetos significativos fueron unas gafas de sol por su vinculación con la playa, con su casa y sus amigos, colgantes que los unían con amigos o relaciones, fulares de grupos de escoltas o una libreta para apuntar lo que no se sabe cómo expresar a los otros.

En el caso de los mayores, mucha variedad de objetos: desde el certificado de jubilación o las últimas analíticas hasta una máquina de fotos analógica para marcar la diferencia entre el tiempo presente y el pasado, donde se reflexionaba antes de disparar y luego se compartía tiempo con la familia y amigos contemplando las imágenes.

Después se abrió un debate sobre unas preguntas que la profesora puso sobre la mesa en referencia a las ilusiones y los miedos que tenemos, y también a cómo nos vemos dentro de 5 años, entre otras.

 

¿Descubristéis que el grupo de más de 55 años y el de los jóvenes compartíais inquietudes, deseos y miedos comunes?

El grupo joven se ve terminando sus carreras universitarias, intentando ser autónomos, adquiriendo conocimientos y experiencia, viajando, agarrándose tiempo sabático, y no se ve aún formando una familia ni a corto ni a medio plazo. El Modelo Psicosocial de Erikson nos dice que es el momento de superar el reto de la intimidad, es decir, establecer lazos estrechos y profundos con una recién estrenada identidad (personal y profesional), con los amigos más cercanos y con la pareja si se da el caso. Mientras va superando este reto, el joven logra la virtud del amor.

Sus miedos giran alrededor de no aprovechar el tiempo al máximo, de dejarse cosas por hacer, y también el miedo universal de la muerte de las personas que aman. Para ellos, también es muy importante sentir que forman parte de un grupo, que no están solos. Son aprendices de la felicidad y su objetivo es conseguir la felicidad plena.

Hemos encontrado jóvenes inquietos, cambiantes, contradictorios, que experimentan continuamente. Sienten la necesidad de romper con el mundo de los adultos de su entorno. Pese a que parece que a veces no lo merecen, necesitan y agradecen que se les quiera. Emiten mensajes ocultos como: "Lo sé, tranquilo que yo controlo... a mí no me pasará...". Es una relación de ambivalencia, pero a la vez de equilibrio, entre la juventud y la adultez.

Los mayores queremos seguir como hasta ahora: continuar aprendiendo, disfrutando del presente, ampliando relaciones, intercambiando experiencias y transmitiendo nuestros conocimientos. Que nuestra experiencia ayude a los jóvenes a tener más confianza en sí mismos. Todos tenemos mucha predisposición a compartir conocimientos. Los miedos de los mayores no van tan ligados a la muerte sino a la pérdida de capacidades mentales y físicas.

 

¿Qué tiene en común la juventud de ahora y la de antes?

Haciendo memoria y recordando cuando teníamos su edad, cuando estudiábamos y trabajábamos al mismo tiempo, básicamente nuestros objetivos eran diferentes porque la sociedad en general era diferente a la de hoy, sobre todo en el campo laboral (había más oportunidades). Priorizábamos el hecho de lograr una buena posición laboral que nos diera una buena estabilidad económica y formar una familia (en los años 70 generalmente nos casábamos con veintipocos años). Sí que teníamos sueños y ganas de vivir y viajar, pero generalmente no teníamos las facilidades que hay ahora (Erasmus, etc.).

Como resumen del encuentro pensamos que se puede reconocer que las inquietudes, miedos y esperanzas de los jóvenes de hoy en día son bastante similares a las que tuvimos nosotros a su edad: ganas de mejorar el mundo, muchas expectativas y proyectos de futuro, miedo a no ser capaces de realizarlos y de abandonar la zona de comodidad de la niñez y la juventud; matizadas por las realidades del mundo actual: inseguridad y precariedad laboral, necesidad de adaptación a los acelerados cambios sociales y laborales.

 

¿Cómo valoráis las sesiones? Os han parecido útiles?

Consideramos que son muy positivas y efectivas en el aspecto didáctico y formativo, dado que promueven la apertura mental y el entendimiento intergeneracional. El diálogo en un marco de una cierta igualdad y fuera de las influencias familiares y del ámbito académico puede facilitar el conocimiento directo y la comprensión de las necesidades, miedos y esperanzas de unas realidades que vivirán durante su futura vida profesional.

Para los estudiantes puede ser positivo aproximarse a las inquietudes y necesidades de un colectivo al que tendrán que dedicar su atención. Para nosotros, las personas mayores, seguro que es positivo que estos jóvenes, que probablemente nos tendrán que ayudar, entiendan nuestras necesidades y miedos, y para nosotros recordar y reconocer que sus esperanzas, miedos e inquietudes no son tan diferentes a las que en su momento experimentamos.

Pensamos que sería interesante de cara al futuro incorporar encuentros de este tipo en los programas de formación.

 

Fede, Mercè, Joan, M. Teresa, Francesc, Izaskun y Manel

Alumnos del Programa Universitario para Gente Mayor

Facultat Pere Tarrés, curso 2019-20