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Un estudio pone de manifiesto que la exclusión social y la desigualdad generan problemas de salud mental

08.10.20

El efecto de la pandemia del Covid-19 en la salud de las personas es evidente, pero poco se ha hablado de sus efectos en la salud mental. Un estudio de la Fundación Pere Tarrés, elaborado en colaboración con San Pere Claver-Fundación Sanitaria (SPCFS), la Fundación Vidal i Barraquer y la Fundación Eulàlia Torras de Beà, concluye que indicadores de exclusión social que han aumentado exponencialmente durante los últimos meses de confinamiento y pandemia, como la incertidumbre ante el trabajo, el hecho de no tener una vivienda en condiciones, la falta de ingresos o de educación o la falta de redes familiares y de apoyo, redundan en una peor salud mental de la población. El objetivo del trabajo, que se hace público con motivo del Día Internacional de la Salud Mental, que se celebra el sábado, es identificar estos factores sociales que generan problemas de salud mental y proponer mejoras en los circuitos de atención; con el fin de atender de manera más adecuada las personas que los padecen y poder prevenir su aparición.

La tesis del estudio es que los factores psicosociales son determinantes en la generación de problemas de salud mental y que a menudo éstos no se tienen suficientemente en cuenta. Según la investigación, durante 2019 llegaron a los centros de atención primaria de salud mental más pacientes con problemas o conflictos psicosociales que pacientes con un claro cuadro de trastorno mental aislado diagnosticable como tal. Es decir, problemas relacionados con factores de riesgo social como el trabajo, la vivienda, la renta, la edad, la etnia o el territorio inciden de manera decisiva en la salud mental de las personas, como desencadenantes o agravantes de problemáticas previas. No sólo eso, sino que además de generar más problemas de salud mental, estas situaciones aumentan la cronificación y complejidad de los transtornos.

Muchos factores de exclusión social y pocos elementos de protección

Según el trabajo, un 76% de las personas que han asistido a las consultas especializadas con problemas de salud mental han experimentado situaciones vitales críticas, como acoso, malos tratos, abandonos, muertes significativas en la familia, entre otros. Por otra parte, los factores de exclusión social con mayor incidencia en la salud mental detectados como desencadenantes o agravantes de problemáticas son los englobados en los ámbitos económico (52,7%), relacional familiar (52,7%) y laboral (34,5%). En cambio, casi la mitad de las personas atendidas en estas consultas especializadas (un 43%) disponen de pocos o de ningún factor protector, como redes familiares, de amistad o de apoyo comunitario. Un cóctel que acaba siendo fatal para la salud mental de muchas personas.

Perfil: mujer de 37 años sin la ESO

El perfil tipo del paciente más afectado por estas problemáticas es una mujer de 37 años de media, sin hijos, en paro con formación inferior a la ESO, con vivencia de situaciones vitales críticas y sin factores de protección.

Y es que una de las conclusiones clave del estudio es que esta situación afecta especialmente a la población con condiciones de vida más precarias, con menos recursos y con un acceso limitado a los servicios sociales y de salud.

La pandemia agrava los riesgos de exclusión y la salud mental

Esta problemática se ha agravado de manera muy significativa durante la pandemia y el confinamiento. Durante los últimos meses, la Fundación Pere Tarrés ha podido constatar a través de la experiencia de los educadores y educadoras de los centros socioeducativos adheridos a la red de la entidad que las medidas de confinamiento y las circunstancias que se han derivado de ella han aumentado los factores de riesgo social y han obligado a miles de familias y niños en situación vulnerable a vivir en unas condiciones aún más precarias de las habituales: pérdida o precarización del trabajo, descenso de los recursos económicos para cubrir las necesidades diarias de higiene y alimentación, falta de recursos materiales, informáticos o de conectividad, problemas de convivencia familiar causados ​​por el confinamiento en viviendas a menudo muy reducidas o compartidas o disminución de las redes de apoyo familiares, por poner sólo algunos ejemplos. La consecuencia lógica es el empeoramiento de la salud mental: estudios preliminares de la Asociación Española de Psiquiatría sobre el impacto emocional de la pandemia apuntan que en la mitad de los casos se incrementarán los niveles de estrés y en un tercio los síntomas de ansiedad y depresión.

Por otra parte, además de los indicadores psicosociales mencionados, el trabajo apunta también una segunda causa que, sumada a los factores previos, conduce al empeoramiento de la salud mental y que también se ha visto agravada por la epidemia: las dificultades de acceso al servicio de salud mental, debido, entre otros factores, a la saturación, la escasez de recursos y el mismo cierre de muchos servicios presenciales de atención a la salud mental, que ha revertido en el escasa vinculación del paciente con el servicio.

Para invertir la tendencia, el estudio hace una serie de propuestas encaminadas a poner el foco en los factores psicosociales en el abordaje de la enfermedad mental, como la creación de un observatorio de la vulnerabilidad en la atención a la salud mental. También se plantean propuestas como fomentar programas de apoyo comunitario coordinados con la atención a la salud mental, promover el asociacionismo y la participación social y comunitaria y la atención específica a la diversidad cultural, reforzar los programas relacionados con las capacidades parentales, diseñar planes específicos para la adolescencia, fomentar la formación especializada de profesionales o aumentar los recursos de personal en los servicios de salud mental y su estabilidad, entre otros.

El estudio, elaborado por la Fundación Pere Tarrés, San Pere Claver-Fundación Sanitaria (SPCFS), la Fundación Vidal i Barraquer y la Fundación Eulàlia Torras de Beà e impulsado por el Ayuntamiento de Barcelona y el Consorcio de la Zona Franca, se basa en encuestas realizadas a 57 profesionales sanitarios de los centros de salud mental de Sants-Montjuïc y Sant Andreu durante el 2019 y estos días se están realizando las presentaciones en el marco de las Mesas de salud mental de ambos distritos. Existe el proyecto de replicar en un futuro el estudio en otros distritos de Barcelona, ​​como los de la Franja Besòs.