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Entrevista a Elena Requena, coordinadora del número 75 de la revista Educación Social. Revista de intervención socioeducativa

06.11.20

El nuevo monográfico de la revista Educación Social trata uno de los temas más recurrentes en tiempos de pandemia. Bajo el título Salud mental: una mirada integradora y socioeducativa, el monográfico incide en la necesidad de detectar a tiempo posibles enfermedades y en la importancia de la educación social para prevenirlas. Los problemas de salud mental siempre han sido uno tema tabú en nuestra sociedad. A pesar de tratarse de enfermedades, nunca se ha hablado con la misma normalidad que de una de física.

¿Crees que, con la llegada de la Covid-19, el confinamiento y los problemas mentales que ha podido provocar una situación como esta, se empezará a hablar con normalidad sobre las enfermedades mentales y su tratamiento?

Partiendo de la base que encara hoy en día es un tabú hablar de la salud mental, sí que pienso que la aparición de todos los problemas derivados de la pandemia, entre ellos, problemas de salud mental, puede ser una oportunidad por hablar de la salud mental y dar una visión más normalizada y menos estigmatizada. La pandemia ha sacudido fuertemente nuestro estilo de vida y aunque haya afectado más a unos sectores de población que a otros, todo el mundo se ha resentido psíquicamente: el confinamiento, la incertidumbre económica, la afectación de la salud física -ya sea propia o de familiares o conocidos-, el recorte de libertades individuales... han provocado sobre todo ansiedad y depresión, y en aquellas personas que previamente ya tenían algún problema en salud mental, su resurgimiento de nuevo. Por lo tanto, nos encontramos en un momento en que todo el mundo, más o menos, ha presentado alteraciones en la esfera emocional y esto es una oportunidad para ponernos en la piel del otro, para entender que problemáticas en salud mental podemos tener todos, que no se trata de una cuestión de “fuertes” y “débiles”. Y es cierto que a nivel de medios de comunicación, el tema de las repercusiones de la Covid-19 en la salud mental se ha tratado bastante y esto universaliza, ayuda a desestigmatizar esta cuestión.

En el editorial, se habla de la necesidad de aplicar un modelo biopsicosocial en la prevención e intervención en el ámbito de la salud mental. ¿Por dónde empieza la aplicación de este modelo y qué son sus actores clave?

Actualmente, impera una visión muy biomédica de la salud mental. El propio término “enfermedad mental” relega a segundo plano factores no biológicos que se saben que tienen un papel muy importante y decisivo en la aparición y mantenimiento de problemáticas mentales. De hecho, el término de “enfermedad mental” oficialmente ya no se utiliza: por ejemplo, la OMS ya no habla de “enfermedad mental” sino de “trastorno mental” y de “trastorno del comportamiento”. Pero, aun así, todavía está muy arraigado el término “enfermedad mental”.
El modelo biopsicosocial plantea que las personas son seres biológicos, psicológicos y sociales y, por lo tanto, en la formación de nuestra personalidad y en la expresión de nuestra conducta (sea normal o patológica) estos tres tipos de variables estarán presentes. Esto implica que, a nivel de políticas sociales, de salud pública y de investigación, hay que prestar atención a esta manera más holística de entender la salud mental. En las intervenciones políticas y técnicas para la prevención de los trastornos mentales y la promoción de la salud mental, tiene que tener un lugar también la dimensión social de la salud mental. Hay que incidir en programas de apoyo familiar a la crianza, velar por la reducción de la inseguridad económica de la población, apostar por el fortalecimiento de la red comunitaria y desarrollar programas sociales específicos, especialmente dirigidos a los colectivos más vulnerables. Son actuaciones reconocidas por la OMS. En cuanto al abordaje y tratamiento de los trastornos mentales, es vital detectar aquellos factores de tipos sociales que pueden dificultar la mejora de la salud mental

Desde el modelo biopsicosocial de entender la salud mental, el trabajo social y la educación social son disciplinas científicas que pueden aportar todos sus conocimientos y prácticas en la prevención y el tratamiento de la salud mental, ya sea en relación al diagnóstico social, a la detección de los ambientes de riesgo y de los colectivos más vulnerables, a la participación en la planificación, ejecución y evaluación de programas de prevención aportando la mirada social, o bien ya sea en la coordinación con equipos y servicios del territorio en cuanto a rehabilitación e inserción social, entre otros aspectos.

En el apartado de opinión, encontramos dos textos que hablan de la importancia de la etapa adolescente en el desarrollo de la salud mental, por un lado, y del deporte como herramienta de recuperación e inclusión de personas con Trastornos Mentales Graves, por la otra. ¿Crees que es necesario fomentar el deporte entre los jóvenes como medida de prevención y promoción de una buena salud mental?

Sí, el deporte tiene beneficios no solo a nivel físico, corporal, sino también mental, psíquico. A nivel individual, la práctica de un deporte afecta positivamente a nuestro estado de ánimo, puede ayudar a mejorar nuestra autoestima porque nos sentimos mejor físicamente, pero también porque hemos estado capaces de marcarnos un reto y conseguirlo aumenta la confianza en nosotros mismos. También hay estudios que relacionan la práctica del deporte con mejoras de memoria y de rendimiento intelectual en general. Pero también la práctica del deporte si se hace en equipo ayuda a saber convivir en sociedad: aceptar otros puntos de vista, saber pactar y ceder, incorporar una autodisciplina... Todo ello repercute en la autoimagen del adolescente. Igualmente, puede ser una buena manera de disminuir la autoestigma y el estigma social asociado a los trastornos mentales. 

El monográfico está dividido en seis artículos, el primero de los cuales habla sobre la evolución histórica de la atención a la salud mental y los cambios que ha experimentado la psiquiatría en los últimos años. ¿Cuáles tendrían que ser los siguientes pasos?

Yo creo que el siguiente paso capital y que marcaría un cambio de paradigma en la atención a la salud mental, todavía hoy en día excesivamente marcada por la mirada biomédica, es realmente la aplicación del modelo biopsicosocial y de políticas de intervención comunitaria en salud mental. Esto comporta, a efectos prácticos, una dotación importante en los equipos asistenciales de profesionales que puedan aportar una mirada social a la salud mental, como sería el caso de trabajadoras y educadores sociales.
De lo contrario, a mi parecer, habría que tener en cuenta dos elementos más: insistir especialmente en el tema de la prevención primaria (nuestro sistema de salud mental todavía está excesivamente focalizado en la prevención secundaria y en la prevención terciaria); y las campañas de sensibilización y de lucha contra el estigma social dirigidas a la población general.

En el siguiente artículo se trata el apoyo mutuo como herramienta de recuperación personal, mientras que en el tercero se habla de nuevos paradigmas en la relación asistencial. ¿Cómo han cambiado las relaciones de los pacientes -con los profesionales y entre ellos mismos- en los últimos años?

Progresivamente, se ha ido incorporando en el tratamiento de los trastornos mentales y otros problemas de salud, la idea que no solo se tiene que incidir en la propia persona que presenta la problemática (aquí el modelo sistémico de intervención nos diría que el “paciente” nunca es un individuo solo -si acaso, sería el portador del síntoma- sino que el paciente es la familia), sino también en su entorno inmediato. Así, para poner algunos ejemplos, es básico que la familia se involucre en el tratamiento, especialmente en aquellos casos de trastorno mental grave o severo, y que pueda actuar como coterapeuta; o en el caso de los niños y adolescentes, la coordinación del profesional en salud mental con otros profesionales implicados como por ejemplo el o la tutor/a del centro educativo.
Por otro lado, el tratamiento individual queda muy enriquecido y potenciado si se combina con estrategias grupales, como las que se exponen en el artículo que trata del peer support, en que personas que presentan problemáticas parecidas o comparten diagnóstico clínico comparten un grupo de trabajo entendido como espacio terapéutico, puesto que permite compartir estrategias, hacer descarga emocional, recibir orientaciones y crear un espacio de ayuda mutua y apoyo social.

Las drogas tienen un papel decisivo en el desarrollo de problemas mentales en muchas personas. Tanto es así, que el concepto “Patología dual” se tiene cada vez más en cuenta para tratar personas con problemas mentales y de drogodependencia. Teniendo en cuenta la importancia de la etapa adolescente en el desarrollo de la salud mental, ¿Cómo se puede abordar de una manera más eficaz el problema de la iniciación de los jóvenes en las drogas?

Esta pregunta se merece un monográfico! Que una persona, que un joven, un adolescente, se inicie en el consumo de drogas puede tener muchas causas y variadas. Centrándonos en el adolescente y a riesgo de simplificar mucho, está claro que las campañas de prevención basadas únicamente en la información de los efectos de las drogas no son suficientes. Hay que ir a cuestiones más transversales, como por ejemplo programas dirigidos a la mejora de la autoestima, a saber gestionar la presión social, pero también programas de prevención del acoso escolar. A la vez, volvería a repetir los ejes comentados en la segunda pregunta basados en el modelo biopsicosocial, que podría resumir al proteger a la familia, tanto económicamente como en la conciliación de la vida laboral y familiar. Por ejemplo, los horarios escolares de institutos y los horarios laborales son irreconciliables en la mayoría de casos, de forma que muchos adolescentes están solos muchas horas. Desde el punto de vista de la seguridad física, está claro que una chica de 15 años puede estar sola en su domicilio o puede andar suela por la calle, mientras que un niño de 6 años no. Pero esto no quiere decir que, desde el punto de vista de formación de su personalidad, la soledad sea el estado óptimo. El adolescente necesita de acompañamiento, de un acompañamiento diferente al del niño, pero necesita de este acompañamiento desde la familia y también desde otros agentes educadores. El deporte y la existencia de otras alternativas lúdicas sanas también tienen su papel en la prevención en el consumo de drogas.

Para acabar, teniendo en cuenta que muchas de las enfermedades mentales están asociadas a problemas muy arraigados en la sociedad -sinhogarismo, jóvenes extutelados, drogodependencia-, ¿Hasta qué punto pueden ayudar los educadores sociales a acompañar a los pacientes?

El educador o educadora social es un profesional especialmente muy formado para acompañar a las personas a lo largo de su ciclo vital y, especialmente, en los momentos críticos. El profesional que acompaña muestra un modelo de relación, de acercar a la persona y sus circunstancias basado en el respeto y en el reconocimiento de sus potencialidades y que, en algunas ocasiones, la persona atendida puede no haber experimentado nunca. Experiencias tan habituales en la gran mayoría de nosotros de no sentirse solo o sola, sino querido, comprendido, no juzgado, que se forma parte de una red de relaciones significativas... desgraciadamente no son universales y en las personas que presentan sinhogarismo, en jóvenes que han sido tutelados o que tienen problemas con las drogas, la ausencia de estas experiencias puede ser la norma. Yo pienso que el educador o educadora social sobre todo lo que puede ofrecer es una experiencia emocional diferente, correctiva, terapéutica, es decir, que son posibles otras formas de relacionarse y desde esta experiencia significativa promover motivación y poner en marcha cambios que es, en definitiva, lo que busca la educación social: que la persona tenga confianza en las propias capacidades, aceptando las limitaciones, y sea el motor principal de los cambios en su vida. Todo un reto!