COMPROMISO EDUCATIVO Y SOCIAL
BLOG DE LA FUNDACIÓN PERE TARRÉS

Volver a artículos

¿Cómo pensamos cuando no tenemos palabras? El proceso cognitivo de los bebés

  • ¿Cómo pensamos cuando no tenemos palabras? El proceso cognitivo de los bebés
¿Cómo pensamos cuando no tenemos palabras? El proceso cognitivo de los bebés
Comparte en las redes sociales

02.04.20

¿Alguna vez has reflexionado sobre cómo piensas? La humanidad piensa en palabras, pero, ¿qué pasa cuando aún no hay palabras? ¿Cómo piensan los bebés? Los bebés aún no tienen incorporado el lenguaje y, por lo tanto, no pueden expresarnos qué sienten o piensan. Los padres, madres, educadores y educadoras, ¿cómo podemos saber qué necesitan y cómo podemos ayudarles a entender el mundo?

No sabemos cómo piensan los bebés, pero observando con cuidado y poniéndonos en su lugar, nos podemos aproximar bastante. Seguramente, durante los primeros años, el mundo es para los bebés un cúmulo de estímulos, de luces, ruidos, texturas, olores, sabores... El primer gran trabajo que tiene el bebé es ir poniendo orden, es ir dando sentido a todo este caos aparente.

Jean Piaget considera que la primera gran adquisición que tenemos como bebés, en el primer año de vida, es justamente ir entendiendo que hay una relación externa que se mantiene estable. Una realidad externa que, aunque la dejamos de ver, sigue existiendo. Es una gran adquisición esta, la principal meta. Cerrar los ojos y poder pensar en las cosas, aunque no las estemos viendo.

Cuatro pistas para acompañar al bebé a entender el mundo. En primer lugar, y como muy importante, la creación de un vínculo afectivo fuerte. Ya nos sale de forma natural, normalmente, a los padres y las madres, acompañar al bebé. Desde el cariño, el habla amorosa, las caricias, etc. Un vínculo que le dé tranquilidad, seguridad y, por lo tanto, le ayude a salir a explorar el mundo de una manera segura y serena.

La segunda gran pista que os quería contar es esta idea de favorecer el libre movimiento. Favorecer la exploración, la interacción con el entorno, siempre y cuando el entorno sea seguro y estable, evidentemente. Porque el movimiento libre hace que el pequeño explore él mismo con los objetos, los lama, los tire, los manipule de mil maneras. Y esto lo hace ir entendiendo cómo se comporta la realidad externa.

En tercer lugar, mantener unas rutinas estables, es decir, que siempre se relacionen con el niño las mismas personas, en unos mismos entornos y horarios. ¿Por qué? Porque da estabilidad, unas rutinas. Le permite al niño avanzar lo que vendrá, saber lo que pasará después. Y aparte de la rutina en los hábitos de alimentación, de higiene y de sueño, también es el momento de que disfruten con la repetición en el juego. Siempre repetir los mismos juegos. Por ejemplo, los juegos de falda, o los juegos de “papu, pau… tat". ¿Qué hace? Pues ayuda al niño a elaborar que las cosas desaparecen y vuelven a aparecer, y eso le da sensación de continuidad, de que las cosas no desaparecen cuando él deja de verlas, sino que se mantienen estables.

La cuarta pista que os quería decir es que debemos adecuarnos a su ritmo, respetar su ritmo de desarrollo, ni adelantarnos ni quererlo retrasar. No quererlos acelerar, sino respetar este ritmo. La pedagoga Emmi Pikler decía una frase muy interesante: "La principal tarea de la educación consiste en agitar la vida al inicio porque después ella se desarrolle entrega." Es decir, hacía una clara referencia a estimular en la medida justa para que el bebé pueda crecer a su ritmo con autonomía y libertad. Empezamos a interaccionar con el entorno gracias a los sentidos de la vista: el oído, el olfato, el tacto y el gusto. También gracias a que nos movemos. Por lo tanto, los sentidos son como grandes ventanas que nos abren al entorno. Una vez hemos superado este primer momento y empezamos ya a incorporar palabras en nuestro pensamiento, es el momento de incorporar los conocimientos nuevos a los conocimientos que ya tenemos. También me gustaría transmitir esta idea. Los conocimientos que vamos incorporando nuevos, gracias a nuestra interacción con el entorno, los vamos anclando, los vamos relacionando con conocimientos que ya tenemos, para que se conviertan en significativos y darles una coherencia. Recuerdo un niño de tres años que regresó de la escuela cantando "En el portal de Bailén hay estrellas, sol y luna". Nos quedamos muy parados, pero para él tenía mucho sentido para que el portal de Belén no significaba nada para él. En cambio, su abuela vivía en la calle Bailén y, por lo tanto, había un portal de Bailén. Con este ejemplo se ve claramente cómo se ha llevado el niño el nuevo conocimiento hacia su terreno.

Como conclusión final podríamos decir que si los padres, las madres y los educadores somos sensibles a las necesidades del bebé, nos ajustamos en su ritmo y, a partir de esta vinculación fuerte, somos capaces de ayudar a organizar y entender el mundo a partir de las rutinas, de la exploración libre, evitaremos que los niños sean miedosos, dependientes, ansiosos. Estaremos, en cambio, poniendo la semilla para un crecimiento de niños seguros y con herramientas para interpretar el mundo de una manera adecuada.

En los primeros años de vida tenemos una capacidad de aprendizaje casi ilimitada. Esto se debe aprovechar. Debemos destinar recursos en esta etapa de la vida porque, claramente, es una inversión de futuro. No solo es una inversión de futuro individual, de cada uno de nosotros, sino una inversión de futuro a nivel de sociedad. Porque estaremos creando y ayudando a construir individuos capaces, autónomos y equilibrados.