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Familias monoparentales: más allá de la conciliación

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Familias monoparentales: más allá de la conciliación
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20.12.18

Tres datos relevantes para empezar: En España, las familias monoparentales representan el 11% del total de familias; el 47,9% de estas familias monoparentales se encuentran en riesgo de pobreza y/o exclusión social; y el 83% de las mismas están al cargo de una mujer. Consideramos que son datos relevantes en cuanto ponen en evidencia que la pobreza en España se ceba especialmente en las familias con un solo progenitor, ya que cuando en un hogar con hijos dependientes hay dos progenitores, el riesgo de pobreza y exclusión social se reduce al 26,6%. Y, dado que la gran mayoría de estas familias están encabezadas por una madre, podemos ver que en estas situaciones la pobreza tiene rostro marcadamente femenino.

Formar una familia, tener hijos, educarlos y ayudarlos a crecer es una parte importante del proyecto vital de muchas personas, al cual se dedican esfuerzos personales y recursos de todo tipo. Pero, si la conciliación familiar y laboral es ya de por si complicada para las familias con dos progenitores, en el caso de las familias monoparentales se convierte casi en una utopía. A un solo progenitor se le hace muy difícil hacer compatible su doble responsabilidad de atender a los hijos y a la vez cumplir con las exigencias de un trabajo fuera del hogar. Aun así, no se debe asociar necesariamente monoparentalidad con vulnerabilidad, ya que pueden existir diferencias significativas en cuanto a situación socioeconómica, nivel de formación, grado de integración laboral, red de soporte familiar con la que se cuenta, etc.

Se observa especial vulnerabilidad y riesgo de exclusión social en madres que afrontan la crianza de sus hijos en solitario, con escasos recursos económicos y con una red familiar y social débil o inexistente: son madres a las que un acompañamiento profesional puede ayudar a mejorar su situación, hecho que repercutirá significativamente en el bienestar de sus hijos e hijas.

En el informe Monoparentalitat femenina i pobresa (2018) que realizamos por encargo de la Taula d'Entitats del Tercer Sector de Catalunya, se destaca que las dificultades económicas y la soledad emocional en la que se encuentran estas mujeres, repercuten en todas las áreas de su vida: 

*Vivienda: a muchas de estas mujeres les es imposible comprar o alquilar un piso y, por ello, viven a menudo en habitaciones realquiladas con sus hijos. Esto conlleva vivir en espacios reducidos, compartiendo espacios comunes y con falta de intimidad; también son frecuentes los cambios de vivienda, que traen asociados cambios de entorno, de escuela, de referentes sanitarios y sociales…

*Mundo laboral: se estima que el 52% de las mujeres al frente de una familia monoparental está desocupada o trabaja en la economía sumergida. Las que trabajan lo hacen a menudo en el sector de la limpieza o del cuidado de personas dependientes. La rigidez de los horarios y de las condiciones laborales son verdaderos obstáculos para que estas familias puedan conciliar el trabajo con el cuidado de sus hijos. 

*Red familiar y social: no disponer de relaciones familiares o amistades cercanas y sólidas en las que apoyarse les supone una gran soledad, implica no tener a nadie con quien compartir sus preocupaciones; no solo las decisiones logísticas y económicas del día-a-día, sino también las vivencias más íntimas como la tristeza y la angustia de no poder atender adecuadamente a sus hijos. Se calcula que un 20% de las madres solas tienen o han tenido un problema de salud mental (depresión o ansiedad) fruto de esta situación.

Cabe resaltar especialmente la vulnerabilidad de las mujeres que han sufrido violencia de género, las que huyen de la violencia estructural de sus países de origen, las que han realizado procesos migratorios complicados, las que han tenido separaciones traumáticas, las madres adolescentes, etc. Los trabajadores de los servicios sociales y de los servicios de salud se convierten a menudo en sus principales referentes; y de alguna forma configuran esta red de apoyo y protección social que todos necesitamos. Ahondando en esta idea, y a modo de propuesta, se considera interesante contar con la figura del “referente vital familiar”: un profesional de los servicios sociales que se mantendría estable a lo largo del tiempo y, aunque la familia sufriera cambios de vivienda, el referente sería el mismo con objeto de dar cierta estabilidad (al menos por lo que se refiere al profesional que acompaña la familia y con quién se ha establecido un vínculo de confianza). También se ve necesario flexibilizar los tempos de acompañamiento que a menudo requieren procesos más largos que los fijados por la administración.

¿Y cómo repercute esta situación en los hijos? Antes que nada, remarcar que tener una madre como único referente no supone ningún problema cuando se tienen resueltos los aspectos económicos y de red familiar y social. Pero cuando no es así, debe tenerse en cuenta que los hijos no son ajenos a la situación de angustia que viven sus madres y, las desventajas se manifiestan en todos los ámbitos, demostrándose que estos menores no tienen las mismas oportunidades de desarrollo que los niños y niñas de su misma edad. Ya hemos apuntado que un acompañamiento profesional a estas familias redunda en beneficio a los hijos. Pero también es necesario ofrecerles espacios de convivencia más allá de los entornos habituales de exclusión; y no hablamos solo del ámbito escolar, la igualdad de oportunidades también pasa por un acceso normalizado al ocio compartido y sano: deportes, extraescolares, centros de tiempo libre, colonias de verano, etc. Una sociedad madura y solidaria debería poder ofrecer un futuro a estas madres y a sus hijos, llegando allí dónde ellas no pueden hacerlo.