COMPROMISO EDUCATIVO Y SOCIAL

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El ocio educativo, dinamizador de comunidades y promotor de activismo social

El ocio educativo, dinamizador de comunidades y promotor de activismo social

Txus Morata
Profesora del Grado de Educación Social y de másteres universitarios. Investigadora Principal del Grupo de Investigación GIAS. Directora de la Cátedra de Tiempo Libre Educativo y de Acción Sociocultural.
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29.03.22

¿El ocio educativo es más que un espacio para pasar el rato entre la escuela y la familia o entre los espacios laborales y familiares? ¿Puede incidir en la mejora de los barrios y ayudar a potenciar las relaciones entre los vecinos y vecinas y promover activismo y participación comunitaria?

Ante una sociedad compleja, diversificada y con desigualdades sociales importantes es necesario recuperar el territorio, el barrio, los entornos cercanos de relación y las redes de apoyo para las personas, así como también promover la activación de las comunidades. En este sentido, las actividades de ocio educativo, concebidas desde el compromiso solidario y para el enriquecimiento del bien común, permiten crear sociedades más justas e igualitarias.

1. Existen evidencias científicas y prácticas evaluadas que refuerzan la idea de que las actividades de ocio educativo promueven acciones que contribuyen a lograr mayores cotas de justicia social, así como también un mayor compromiso cívico de los vecinos y vecinas con el lugar en el que viven.

2. El ocio educativo, por su arraigo en el territorio y su capacidad de construir y participar en la cultura local, favorece la construcción de relaciones y redes vecinales, favoreciendo así una mejora de la convivencia –entre diferentes culturas, entre diferentes generaciones y entre diferentes formas de pensamiento y de referencias. Redes especialmente importantes para aquellas personas y familias más vulnerables, que requieren una mayor atención personal y comunitaria. El ocio educativo se convierte, por tanto, en un contexto privilegiado para conectar personas, programas, instituciones y culturas. Algunas acciones que lo facilitan pueden ser, por ejemplo, las comisiones de actividades de cultura popular para la organización de las fiestas del barrio, actividades de solidaridad como los bancos de alimentos; también los espacios familiares, ludotecas y espacios de ocio familiar, los casales de personas mayores y los centros de ocio educativo para niños y niñas y adolescentes, como los esplais o grupos

3. La práctica de la participación en espacios de ocio educativo promueve la construcción de un modelo de ciudadanía con capacidad de movilización y activismo social, especialmente:

          a) construyendo asociacionismo juvenil como, por ejemplo, los casales de jóvenes;

          b) promoviendo espacios de debate y de reivindicación social y política sobre cuestiones relacionadas con la vida de los barrios como la salud comunitaria o la diversidad cultural y religiosa, entre otras;

          c) también, desarrollando roles y funciones mediadoras entre la ciudadanía y las administraciones, como pueden ser la creación de plataformas para la defensa de los derechos ciudadanos.

4. El ocio educativo es también un contexto idóneo e importante para la inclusión social, ya que permite la participación de todas las personas, sin discriminación de género, etnia, cultura, estilos de vida, capacidades, etc. Los programas de educación intercultural son un ejemplo de acción pensada para promover el conocimiento de culturas diversas y facilitar el respeto hacia las mismas. También es necesario, en este aspecto, garantizar la participación de todas las personas, eliminando barreras estructurales e idiomáticas, entre otras. Las entidades deportivas, artísticas, los esplais y grupos scouts son algunos ejemplos de actividades y recursos de la comunidad desde donde se puede garantizar la inclusión social.

5. Finalmente, cabe destacar también cómo el ocio educativo contribuye al desarrollo de la vida cultural y comunitaria de los barrios, mediante actividades artísticas, deportivas, culturales, en espacios naturales y de la ciudad, favoreciendo que los ciudadanos puedan expresarse y comunicar sus ideas y sus visiones. Las rutas culturales o naturales para personas mayores, pero también para otros grupos de edad, son experiencias muy extendidas que fomentan el conocimiento del entorno y el desarrollo cultural. También las actividades propuestas por centros cívicos o casas de cultura hacen posible dicho desarrollo.

Así pues, las actividades de ocio educativo contribuyen de forma significativa al desarrollo y a la mejora de las comunidades y de los barrios, favoreciendo redes de relación, promoviendo participación social y desarrollo cultural y actuando como espacios para la inclusión.

La participación en actividades de tiempo libre educativo genera vivencias y aprendizajes sobre cómo implicarse en la dinamización de los barrios construyendo, de este modo, sociedades más justas e igualitarias.