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La educación es la respuesta: cuatro retos actuales del mundo educativo

La educación es la respuesta: cuatro retos actuales del mundo educativo

Isabel Torras
Profesora de la Facultad de Educación Social y Trabajo Social Pere Tarrés - URL
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05.09.22

¿Cuál es la mejor manera de acompañar a las nuevas generaciones para que sean competentes y felices en un mundo cada vez más complejo y al mismo tiempo construir sociedades más cohesionadas?

El dibujante Jaume Perich decía, con su humor característico: “Educar a un niño requiere mucha paciencia, sobre todo, por parte del niño”. Es una forma simpática de recordarnos que el educado debe ser siempre el protagonista de su proceso de aprendizaje, aunque demasiadas veces se convierte en mero receptor paciente de múltiples y diversas acciones educativas.

Partiendo de esta premisa, plenamente vigente, que defiende que debemos partir de los intereses del educado para que el aprendizaje sea motivador y significativo, podemos ir más allá y preguntarnos qué retos tiene la educación en la actualidad. Yo me centraré concretamente en los siguientes.

El primer gran reto educativo que tenemos hoy en día es no dejar a nadie atrás. De la misma forma que se vio que en la pandemia de la covid-19 la vacuna tenía que llegar a todo el mundo para salir adelante como sociedad, con la educación ocurre lo mismo: debe ser de calidad y debe llegar a todo el mundo. No podemos permitirnos sectores de población con altos índices de fracaso escolar: adolescentes y jóvenes que quedan excluidos del mundo educativo demasiado pronto. Se resienten ellos, pero también toda la sociedad, que se hace más frágil y vulnerable.

En segundo lugar, tenemos el gran reto de desarrollar escenarios educativos que sean realmente inclusivos y equitativos. Tenemos a niños y adolescentes con distintas capacidades, diversos géneros, diversos orígenes, diversas situaciones familiares. Cada vez la sociedad es más sensible a estos aspectos. Es importante que todo el alumnado, indiferentemente de sus condiciones y características particulares, se sienta bien acogido y pueda participar y aprender en igualdad de condiciones.

En tercer lugar, es necesario optimizar la dimensión digital. Esto significa no utilizar la tecnología para repetir lo que hemos venido haciendo hasta ahora, sino para innovar en los procesos educativos: a la hora de planificar, en la acción de aprender o de evaluar. También significa repensar los modelos presenciales y online para extraer lo mejor de ambos. Y, por último, considerar que la educación integral de la persona también debe contar con la dimensión digital, adecuándola a cada edad: desde las cero pantallas durante los primeros años de vida hasta el acompañamiento por un uso responsable de la tecnología en la infancia y la adolescencia.

Y, en cuarto lugar, si hablamos de educación integral, es necesario tener mucho más presente la educación no formal. Todos hemos tenido la experiencia de aprender muchas cosas fuera de la escuela. Debemos seguir poniendo en valor todos estos aprendizajes que se realizan en centros de tiempo libre, en centros cívicos o en centros culturales. Y, enlazando con el primer reto, debemos conseguir que esta educación no formal, tan necesaria, también llegue a todo el mundo.

La finalidad última de la educación en mayúsculas es la de formar a personas competentes a nivel profesional y, sobre todo, competentes a nivel humano. Como dice Maria Montessori: “Sembrad en los niños ideas buenas, aunque no las entiendan. Los años se encargarán de descifrarlas en su entendimiento y de hacerlas florecer en su corazón”.

Tal y como nos recuerda Unicef, la única forma de solucionar los problemas de este mundo se resume en tres palabras: educación, educación y educación.