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¿Con qué podemos jugar?

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¿Con qué podemos jugar?
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10.06.19

A través del juego los niños y niñas utilizan su creatividad y desarrollan diferentes aspectos como son la imaginación, la capacidad cognitiva y emocional, la destreza y la fuerza física.

Los niños y niñas no necesitan nada de específico para poder jugar, porque jugar significa descubrir e investigar, y a partir de la propia imaginación dan vida a cualquier objeto de su cotidiano.

Fijémonos en todo lo que es capaz de hacer un niño o niña a partir de los dos años con una silla: a partir de este objeto el niño/a juega a repetir lo que ve en el mundo de los adultos y lo transforma a partir de lo que le dice su imaginación. Así, pues, una silla puede pasar a ser desde el asiento de un maquinista de tren o el de un piloto de avión, pasando por la silla de un chófer de coche o, incluso, el sillón de la peluquería donde alguien te lava la cabeza, te corta el pelo o te hace la manicura.

Un segundo ejemplo podría ser todo lo que puede llegar a ser un trozo de madera: desde una varilla hasta una flauta, pasando por una escoba o un cazamariposas. Y lo mismo podría pasar con una caja de cartón en la que el niño/a -completamente solo o bien acompañado- se fabrica una casa, un cohete o un castillo.

Con estos dos ejemplos podemos ver como el juego es antes proceso que producto y constatamos que, a veces, las personas utilizamos objetos para una finalidad distinta para la que fueron creados. Adelantarse a la experiencia real, experimentando y comprobando significa aprender.

¿Por qué los juguetes no estructurados son beneficiosos?

  • Estimulan el pensamiento creativo.
  • Se adaptan a las diferentes etapas evolutivas de crecimiento.
  • Evitan la sobre estimulación.
  • Su sencillez permite la magia del juego por él mismo.
  • Inspiran al niño/a a decidir qué representa ese juego a partir de aquella forma.
  • Dan libertad al niño/a a la hora de decidir cómo jugar y a qué jugar.
  • Podemos jugar con juegos que han sido creados para tal fin como los juegos de mesa y de tablero, entre otros.

Es bueno ir cambiando la tipología de juegos que usamos para que de esta manera trabajemos las diferentes capacidades que tenemos los adultos y los niños y jóvenes. De esta manera evitamos que no siempre ganen las mismas personas.

Con las diferentes tipologías de juego que nos ofrece el mercado podemos trabajar aspectos como el cálculo mental, la rapidez, la coordinación óculo-manual, la relación de conceptos y los idiomas.

Podemos aprovechar materiales que ya hemos utilizado y, dándoles una segunda vida, fabricarnos nuestros propios juegos. Francisco Martín, en su libro Reciclajuego, observa los siguientes beneficios a la hora de fabricarse juegos con material de desecho:

  • Los materiales son fáciles de adquirir.
  • El presupuesto es económico porque el material no cuesta nada.
  • Se da una segunda oportunidad a los materiales.
  • Se respeta y colabora con el medio ambiente.
  • Los niños se sienten satisfechos porque han fabricado unos materiales que pueden utilizarse para jugar.

Cuando fabricamos un juego, según Francisco Martín, hay que tener en cuenta que sea:

  • Funcional: que anime a los niños a jugar.
  • Duradero: que se pueda usar muchas veces.
  • Creativo: que sea innovador.
  • Ingenioso: que desarrolle el ingenio del niño.
  • Vistoso: que quede bien adornado con colores, adhesivos...
  • Útil: que se pueda utilizar.
  • Seguro: que nadie pueda hacerse daño en utilizarlo.

Algunos ejemplos de juego hecho con material reciclado serían: peonzas, bilboquet, atrapapies...

Después de estas propuestas ya no nos queda ninguna excusa para no jugar. Jugar no debe representar ningún gasto económico. Ahora sólo nos falta decidir si queremos intervenir en el juego con el niño/a  o no, pero esto dependerá del momento. Como padres y madres dedicarnos a jugar un rato con nuestros hijos e hijas es bueno para todos porque jugar:

  • Significa disfrutar del tiempo y no perderlo.
  • Fomenta las relaciones familiares y la autoestima.
  • Aporta seguridad en el niño.
  • Promueve diferentes habilidades del niño.
  • Permite trabajar el autocontrol de las emociones.
  • Aumenta la capacidad de concentración a la hora de estudiar.
  • Ayuda a estar atento y concentrarse.
  • Favorece que el niño esté activo en vez de estar apático sin hacer nada.
  • Reconoce el niño como miembro participante.
  • Promueve el buen ambiente entre los miembros de la familia.