EDUCACIÓN SOCIAL Y TRABAJO SOCIAL
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Trabajar en la atención psicosocial desde el vínculo

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Trabajar en la atención psicosocial desde el vínculo
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14.05.15

Los educadores sociales y trabajadores sociales somos profesionales que trabajamos con las personas, al lado de las personas y al servicio de las personas. 

En mis clases en la Facultad de Educación Social y Trabajo Social Pere Tarrés, Universidad Ramon Llull, a menudo insisto en que para asistir de manera adecuada en el aspecto psicológico y social, es imprescindible establecer un vínculo cercano y sincero con la persona a la que asistió: no hay buena atención profesional sin unirse.En el trabajo psicosocial, lo que diferencia a una buena de la mala praxis no suele ser tanto las técnicas utilizadas o las evaluaciones realizadas (que también), sino la capacidad que tenemos como profesionales para movilizar los recursos del otro a través de una relación de confianza y aceptación. Y sobre todo, si el otro presenta una historia previa continua de deficiencias en este sentido que lo hacen especialmente vulnerable (procesos de adopción, migraciones, adolescencia demasiado solos, etc.). Los lazos fuertes establecidos a partir de una relación de confianza no significan que la dependencia, por el contrario, sea el comienzo del camino hacia la autonomía; no debemos olvidar que tener a alguien que se ocupa especialmente de ti es clave para unirse a la sociedad.  Desde el modelo psicodinámico insistimos en que cuanto más fuertes sean los lazos familiares y más apropiadamente nos hayan tratado en nuestras necesidades psicológicas y sociales al principio de nuestras vidas, más fácilmente nos convertimos en adolescentes, jóvenes y finalmente adultos sanos y autónomos. Si esta declaración se transfiere al ámbito socioeducable, podemos decir que un vínculo sólido entre profesional y persona atendida facilita que los procesos de cambio lleguen a buen puerto

Siguiendo esta línea psicodinámica, Salzberger-Wittenberg (1997) aborda los conflictos psíquicos que aparecen en la relación de ayuda establecida en la atención psicosocial, y propone que el profesional debe ser capaz de entender, sostener y contener el dolor emocional de los demás. Es decir, que a menudo la persona atendida derrama sus sentimientos de miedo, culpa, ira, impotencia, etc. sobre el profesional con la esperanza de que sea lo suficientemente fuerte como para contenerlos, entenderlos y devolverlos adecuadamente: ¡La vinculación también sucede por esto! Rogers (2011) desde su perspectiva humanista, propone que si trabajamos en el cuidado psicosocial en lugar de preguntarnos: ¿Cómo puedo tratar, curar o cambiar a esa persona? nos hagamos la siguiente pregunta: ¿Cómo puedo crear una relación que esta persona pueda usar para su propio desarrollo? En otras palabras, pide que nos centremos en la persona atendida: prestarle atención y apoyo para hacer posible su autonomía, pudiendo tomar sus propias decisiones.

Resumiendo y concluyendo diríamos que no hay atención psicosocial y posibilidad de cambio si no se establece una vinculación suficiente, a partir de la cual puedan movilizarse los recursos personales que ayuden a la autonomía y la autodeterminación.