La Fundación Pere Tarrés reivindica el reconocimiento social de los cuidados familiares para mejorar la calidad de vida de las personas cuidadoras

Mare i fill estudiant junts

En un contexto de envejecimiento de la población y de crecimiento de las necesidades sociales, la gestión de la dependencia es uno de los temas clave de los próximos años. Se calcula que más del 10% de la población española necesita cuidados, y la complejidad, rigidez y lentitud de los trámites para obtener el grado de dependencia hacen que en la práctica la mayoría de estas personas, casi el 70%, sean atendidas únicamente por algún integrante de la familia, mayoritariamente mujeres. Hoy se celebra el Día Internacional de las Personas Cuidadoras, una fecha que quiere poner el foco sobre la sobrecarga que esta tarea pesada y poco reconocida supone en las personas encargadas de atender a las personas dependientes. Con este motivo, la Fundación Pere Tarrés lanza una batería de propuestas que permitirían mejorar significativamente la calidad de vida de estas personas, centradas en aspectos como el reconocimiento, el autocuidado, el apoyo mutuo o el acceso a los recursos.

Se calcula que sólo en Cataluña, actualmente hay unas 176.162 personas cuidadoras no profesionales, según los datos recientes del pasado septiembre publicadas por la Generalitat y recogidas por el portal de datos abiertos del Gobierno español. Estas personas, a menudo familiares sin preparación que cuidan de forma no profesional a parientes en situación de dependencia, realizan un trabajo muy desgastante y muchas veces con renuncias personales y profesionales muy altas. Se encuentran a menudo sin apoyo y desarrollan un alto grado de estrés, agotamiento físico y mental, y sufrimiento al recaer sobre ellas la responsabilidad del cuidado. Es además un trabajo que supone una alta desigualdad de género: según la misma fuente, el 65% de estas personas son mujeres.

En los últimos años, para atender la creciente demanda, la Fundación Pere Tarrés ha potenciado y ampliado sus programas de formación y acompañamiento a estas personas, financiados principalmente por la Consejería de Derechos Sociales de la Generalitat de Catalunya. Desde 2009, ha formado a cerca de 10.000 personas cuidadoras no profesionales y ha organizado más de un centenar de grupos de apoyo y ayuda mutua, espacios muy importantes para estas personas que les permiten desconectar, compartir sus inquietudes e incorporar nuevos conocimientos y aprendizajes. También ha consolidado el proyecto Orientacures, un servicio de acompañamiento que ha orientado a más de 800 personas cuidadoras no profesionales en toda Cataluña a través de un equipo multidisciplinar que ofrece información, apoyo y asesoramiento personalizado para poder afrontar con mayor seguridad las situaciones derivadas del cuidado, reducir la sensación de soledad y preservar su bienestar.

Pero más allá de este acompañamiento, la Fundación ha analizado, a través de entrevistas y cuestionarios a cuidadoras y expertos y expertas, los puntos débiles del sistema de servicios sociales en base a este análisis, y ha elaborado un decálogo de propuestas con el objetivo de mejorar el sistema y la calidad de vida de estas personas. El listado de propuestas es el siguiente: 

  1. Reconocer a las personas cuidadoras. Evidenciamos la necesidad de un reconocimiento social y profesional de las personas cuidadoras no profesionales. El tiempo que estas personas destinan a los cuidados, que a menudo les supone tener que abandonar el mercado laboral, es una fuente de experiencias y competencias que deben ser reconocidas.  
  2. Garantizar el apoyo y la desconexión. Es necesario desarrollar y reforzar los grupos de apoyo emocional y los espacios de desconexión para combatir el “burn out”, con el objetivo de generar redes de apoyo entre las personas cuidadoras, mejorar su bienestar emocional, compartir experiencias y alcanzar recursos o ideas que les ayuden en su día a día, así como establecer mecanismos que permitan compatibilizar los cuidados con la vida personal y laboral.
  3. Incorporar a las familias en el modelo. Es necesario escuchar a las familias y hacerlas partícipes del diseño y gestión del modelo.
  4. Potenciar a las entidades del tercer sector como agentes relevantes. Las entidades del tercer sector, por su mayor agilidad y proximidad con las personas, tienen un rol determinante en ofrecer servicios de calidad, generar vínculos sociales entre las personas cuidadoras y realizar propuestas de mejora, a veces orientando allá donde la administración no llega. A través de conciertos sociales y colaboraciones estables, como vía para consolidar el sector social como prestamista de servicios a las personas en situación de dependencia ya las personas cuidadoras no profesionales.
  5. Aumentar la concienciación social. Es necesaria una sensibilización y una concienciación de la sociedad en torno al tema de los cuidados desde una perspectiva de género que ponga el foco sobre el hecho de que la gestión de la atención a las personas dependientes se centra en el entorno familiar y que ponga en evidencia la sobrecarga de los miembros femeninos de la familia y la naturalización de la asunción del rol de cuidados.
  6. Mejorar la coordinación de agentes sociales. Es necesario mejorar la coordinación entre los diferentes estamentos implicados en el sistema de servicios sociales: entre departamentos de una misma administración, entre diferentes administraciones y entre administraciones y entidades del tercer sector, con el objetivo de conseguir un modelo de detección más preventivo y no tanto reactivo.
  7. Ampliar los recursos de apoyo existentes. Se hace necesario ampliar, flexibilizar y diversificar el catálogo de servicios y prestaciones para reforzar el apoyo que se presta en el domicilio, ofreciendo nuevas fórmulas de prestaciones y ayudas, reforzando mecanismos como el asistente personal, la teleasistencia avanzada o nuevos modelos de vivienda como los apartamentos tutelados, e incluyendo también los recursos comunitarios promovidos por los agentes.
  8. Desarrollar formaciones dirigidas a las personas que cuidan. La mayor parte de formaciones existentes hoy en día vinculadas a la dependencia van encaminadas a dar herramientas de cómo atender a la persona en situación de dependencia, pero es necesario desarrollar nuevas formaciones dirigidas al autocuidado y que ofrezcan conocimientos y competencias que pongan al centro la persona cuidadora no profesional.
  9. Reforzar el acompañamiento y el respiro. Es también imprescindible desarrollar y reforzar los recursos de acompañamiento individual y grupal y ofrecer espacios de escucha, orientación y soporte a lo largo del proceso de cuidado, así como facilitar tiempo de desconexión.
  10. Optimizar y mejorar los procesos vinculados a la dependencia. Es necesario mejorar distintos aspectos normativos relacionados con los circuitos de los servicios sociales que generan una excesiva burocracia, procesos de tramitación desproporcionadamente largos, desinformación, etc.

"Reivindicamos el derecho a poder envejecer o ser dependiendo con los apoyos necesarios y posibles, y a hacerlo con dignidad", afirma Rafael Ruiz de Gauna, director general de la Fundación Pere Tarrés. "Hacemos una llamada a las administraciones y a la sociedad para poner los cuidados en el centro de la vida, y en reconocer, valorar y activar los recursos y el apoyo que las personas cuidadoras no profesionales ejercen calladamente. No vale mirar hacia otro lado", añade.

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