Más situaciones de vulnerabilidad extrema y más atención en zonas tensionadas: balance de las actividades sociales de verano de la Fundació Pere Tarrés

Infants i monitora jugant en rotllana a un casal social d'estiu a Torre Baró

Los datos más recientes alertan de un alarmante aumento de la vulnerabilidad en Cataluña: según la Encuesta de condiciones de vida 2025, el 24,8% de la población catalana se encuentra en riesgo de pobreza o exclusión social, un 0,8% más que el año anterior. En un contexto de diversas crisis económicas que se han ido sucediendo, las desigualdades educativas se agravan sobre todo en los espacios de educación no formal, como las actividades de ocio de verano. Cientos de familias simplemente no pueden permitirse que sus hijos e hijas puedan participar en casales o colonias, y por eso la Fundación Pere Tarrés hace un esfuerzo por aumentar cada año el número de becas. Este verano, la Fundación ha becado a 7.751 niños, niñas y jóvenes para que no queden excluidos de estas experiencias lúdicas y educativas, la cifra más alta hasta el momento.

En algunos casos, estas becas se otorgan a niños, niñas y jóvenes que participan en actividades ordinarias de la Fundación y su movimiento de esplais y, en otros, se despliegan en decenas de casales y colonias becadas, muchas en agosto, cuando no hay escuela y los servicios de acompañamiento socioeducativo cierran. En cualquier caso, los casales y colonias becados se convierten cada año en un observatorio privilegiado de la vulnerabilidad, y este verano los monitores y monitoras que los coordinan se han encontrado con situaciones más complejas que nunca, en una muestra de que la precariedad no deja de crecer. Por ejemplo, han percibido un aumento de las problemáticas vinculadas a la vivienda, con un número inusual de familias sin techo o en situación de sinhogarismo, y también con más casos que nunca de niños y niñas expuestos a situaciones de violencia en el domicilio, tanto doméstica como machista. En estos casos tan extremos, los monitores y monitoras a menudo actúan como figuras de referencia para las familias y acaban ayudándoles a detectar recursos disponibles y a realizar trámites o denuncias en caso necesario.

En consecuencia, la Fundación, consciente de este rol referente y de la importancia de las actividades de tiempo libre en la reducción de las desigualdades y en el desarrollo emocional y educativo de los niños y niñas, ha hecho este año un esfuerzo por tener más presencia en zonas especialmente tensionadas, como Nou Barris, el distrito barcelonés con el mayor riesgo de pobreza y exclusión social, muy por encima de la media. La Fundación ha aumentado en verano un 40% (hasta las 172) las plazas becadas de casal en este distrito y, por ejemplo, también ha puesto en marcha por primer año un casal en el barrio de Torre Baró, donde en agosto no existe prácticamente ningún servicio alternativo, gracias a una colaboración con Cáritas. También ha abierto nuevos casales en los barrios de Rocafonda (Mataró) y Sant Roc y Llefià (Badalona).

La cifra de 7.751 niños, niñas y jóvenes becados supone un 8% más que el pasado año y más del doble que en 2020, año en que se inició un incremento de la vulnerabilidad de la que muchas familias no se han recuperado. De hecho, cada año la Fundación Pere Tarrés recibe más solicitudes y por eso al inicio de cada verano arranca su campaña solidaria "Transforma su verano" con la voluntad de garantizar que todos los niños, niñas y jóvenes puedan disfrutar de actividades de ocio educativo durante el verano. Lo hace porque considera que poder disfrutar de propuestas de ocio como casales, colonias o campamentos es esencial para el desarrollo de los niños y niñas de familias que tienen dificultades socioeconómicas. Estas actividades son un oasis de disfrute que hace que los niños y niñas puedan romper, aunque sea de forma temporal, su cotidianidad. Además, las actividades de educación en el tiempo libre son esenciales para su crecimiento como personas: mediante los casales y las colonias de verano, los niños, niñas, adolescentes y jóvenes pueden aprender, jugar y compartir espacios con otros participantes de su edad en un espacio educativo, conviviendo también con monitores y monitoras que a menudo se convierten en referentes. Varios estudios ponen de manifiesto también la importancia de las actividades de ocio educativo en el desarrollo emocional, social y competencial de los niños, niñas y jóvenes.

Para poder dar estas oportunidades, es clave el apoyo de instituciones como la Generalidad de Cataluña, la Consejería de Familias, Bienestar Social y Atención a la Dependencia del Gobierno de las Islas Baleares, el Consejo Insular de Mallorca, el Ayuntamiento de Barcelona, ​​la Diputación de Barcelona y la Diputación de Tarragona, además de la colaboración de diversas organizaciones, empresas y de ciudadanos a título particular, el apoyo del programa ProInfancia de Fundación “La Caixa” y los recursos propios de la Fundación.