Jardines de infancia: mucho más que conciliación familiar

Escoles bressol: molt més que conciliació familiar
11/05/17

Con demasiada frecuencia, la sociedad justifica la acción de los jardines de infancia como la de un espacio necesario para las familias para poder conciliar la vida profesional de madres y padres. Quienes trabajamos con niños estamos convencidos del elevado valor educativo de nuestra acción, de la importancia para una correcta estimulación de los niños y las niñas, por el desvelo de sus capacidades, la identificación de dificultades, por el acompañamiento de unos padres y madres a menudo tempranos, por la motivación de destrezas, hábitos y aprendizajes de nuestros niños.

El jardin de infancia, espacio educativo privilegiado, socializa, marca las pautas de comportamiento -a menudo más difíciles de transmitir desde el marco familiar-, favorece la igualdad de oportunidades, no sólo entre diferentes extracciones sociales, que también, sino entre diferentes formas de desarrollo marcadas por familias diversas.

Este año, la Fundación Pere Tarrés estamos trabajando el modelo de jardin de infancia inclusiva. Es por eso que hemos elaborado un documento conjuntamente, con las Facultades de Educación Social y Trabajo Social Pere Tarrés y de Psicología y Ciencias de la Educación Blanquerna, ambas de la Universitat Ramon Llull; y con la Obra Hospitalaria de San Juan de Dios, que pretende impulsar un modelo de atención al niño donde este está en el centro de la acción educativa y con una coordinación entre todos los agentes que intervienen en su educación (familia, sociedad, administraciones públicas, escuela, agentes sanitarios, etc).

Cada edad tiene sus propias necesidades educativas

Otro de los aspectos que como Fundación nos preocupa es el debate que ha salido últimamente sobre la propuesta de incorporar los niños de 2 a 3 años en la escuela. Tenemos que tomar conciencia que cada etapa evolutiva tiene unas necesidades diferentes y que hay que respetar el ritmo del niño o niña, especialmente en edades tan tempranas. La pequeña infancia necesita un mayor acompañamiento tanto del niño como de sus familias y esto no se podría garantizar del mismo modo si el niño está en un centro educativo más grande, con otros niños y niñas de más edad con necesidades educativas y autonomías muy diferentes. No se trata, pues, de una objeción o reticencia al cambio por parte de los equipos educativos de los jardines de infancia, sino de una concepción del niño donde este está en el centro de su educación. Y el jardin de infancia está concebido para ponerse al servicio de esta etapa temprana de la infancia, desde todos los ámbitos: equipos de educadores y educadoras, dirección de la escuela, personal de mantenimiento y limpieza. Y además, lo hace de la forma más humana posible, con una intervención cercana, cálida, acogedora, para que el niño se sienta como casa. Porque las diferencias de edad dentro del mismo curso son proporcionalmente más grandes en las primeras etapas de la enseñanza, los niveles de protección dentro de estas escuelas son proporcionales a la seguridad que ofrecen.

El peligro de acortar la infancia

Por todo el expuesto anteriormente, querríamos alertar de la tendencia social de querer correr demasiado acortando la infancia. Como ejemplo podríamos mencionar la incorporación de los alumnos de 12 años a los institutos, una decisión que no siempre ha tenido consecuencias positivas al no tener estos adolescentes unos niveles de madurez suficiente como para abordar unos entornos cada vez más complejos. Situaciones como el consumo de tóxicos o comportamientos asociales se podrían minimizar con un mejor acompañamiento a estos adolescentes y a sus familias, especialmente a través de la educación en el ocio, ya sea a través de los centros d'esplai o de los centros socioeducatius en los casos más desfavorecidos.

Consideramos socialmente importante cuidar los jardines de infancia, de la función crítica que asumen en los primeros años de la vida del niño y de la misión educativa que tienen. Probablemente su influencia no se mide en aprendizajes curriculares si se percibe a corto plazo, como siempre pasa en la educación, pero es fundamental para la socialización y normal desarrollo de la primera infancia.

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