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Voluntariado: ¿opinas o actúas?

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Voluntariado: ¿opinas o actúas?
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05.11.18

Hace poco leí una frase que me caló: "las opiniones no cambian nada, lo hacen los actos". Todas y todos, en un momento u otro, hemos querido cambiar un status quo con el que no nos sentíamos cómodos. Esta breve reflexión me recordó que no basta con querer cambiar realidades, sino que hay que habitarlas. Opinar es el primer paso, pasar a la acción es ser coherente, y el voluntariado puede ser la diferencia que te defina.

Podemos avergonzarnos de cómo se gestionan algunas realidades que nos rodean. Estoy pensando en la crisis de personas refugiadas. Me decepciona y me entristece ver qué hemos hecho y qué estamos haciendo y realmente pienso que no entiendo a estos humanos, no nos entiendo, ¿Cómo lo permitimos? Y entonces pienso en Lali, una gran amiga e inspiradora, y me doy cuenta de la diferencia entre ella y yo. Yo opino que no debería ser así. Ella hace años que trabaja como voluntaria para transformar esta realidad incómoda.

Lali ha colaborado como voluntaria, llevando a cabo una enorme tarea de sensibilización en nuestro país, dando a conocer la situación injusta e inhumana en que viven muchas personas en los campos de refugiados, las penurias que pasan y las dificultades que encuentran las valientes que reúnen los medios y el coraje para salir de allí en busca de un futuro mejor. Ha conocido a personas maravillosas y ha hecho de altavoz, compartiendo sus historias y preocupaciones, ha organizado charlas y vídeo-conferencias con personas que vivían en campos de refugiados, generando espacios de intercambio, ofreciendo asesoramiento legal y acompañamiento en trámites administrativos, y también ha acogido temporalmente en su casa a una persona refugiada. Ha colaborado en numerosas tareas de asesoramiento y gestión de diversas entidades como "Casa nostra, casa vostra", y ha movido cielo y tierra para poder dedicar a esta causa horas libres que aun no entiendo de dónde puede sacar.

Por suerte, en Cataluña hay miles de Lalis y hoy es el día de celebrar la impagable labor que todos ellos y ellas llevan a cabo a nuestro alrededor. De hecho, son tantas, que necesitamos unos 10 estadios olímpicos como el Lluís Companys para celebrar el voluntariado como se merece y dar cabida a todas las personas protagonistas: ¡Más de medio millón de personas en toda Cataluña! Y, por supuesto, no hay que buscar muy lejos ni irnos a ninguna parte para hacer voluntariado, como demuestran tantas personas que aportan su tiempo a tantas y tantas causas de proximidad.

Cuando me planteaba este artículo, me vino la reflexión de Sherry Anderson: "Si las voluntarias y los voluntarios no reciben compensación económica no es porque no la merezcan, sino porque no se puede cuantificar y pagar su contribución" ("Volunteers don 't get paid, not because they're Worthless, but because they're Priceless"). Así que con estas cuatro líneas quiero aprovechar para rendirles un pequeño homenaje, de manera que nuestra impagable deuda con el voluntariado sea un poco menor.

Todas las personas voluntarias mereceríais tener un espacio aquí, donde recoger vuestra historia, como la de Lali. Imagino que a menudo en el marco de vuestra labor podéis apreciar el agradecimiento por todo lo que aportáis: en la gratitud de la comunidad, en la mirada de la persona destinataria de vuestra tarea o la persona a la que acompañáis, al ver una transformación del medio, o la mejora de los procesos en los que participáis, y en un largo etcétera. Hoy -y siempre- es un buen día para aplaudir vuestro trabajo. A todas las personas voluntarias que nos inspiráis y contribuís a mejorar nuestras comunidades y nuestro entorno: ¡Gracias!

Hace años que tengo la suerte de poder dedicarme a la gestión de voluntarias y voluntarios, un espacio muy agradecido donde acompañar personas que nos inspiran con su aportación de tiempo, ilusión y talento. Sin ellas y ellos mi trabajo no tendría sentido. De hecho, he pensado que este podía ser un buen espacio para reivindicar el derecho de las voluntarias y voluntarios de disponer de un acompañamiento personalizado y de calidad a lo largo de todo el ciclo del voluntariado, y de recibir un reconocimiento por su labor. En ocasiones, los recursos disponibles no permiten una gestión profesional del voluntariado como sería deseable, pero sea cual sea la realidad de cada entidad, no olvidemos nunca que sin las personas voluntarias no estaríamos donde estamos, son la pieza clave y merecen serlo y sentirse. ¡Invirtamos recursos para hacerlo posible! Busquemos espacios de agradecimiento, en el marco de las entidades y de la comunidad, ya que todos somos partícipes de los beneficios del voluntariado.

Finalmente, creo que hay que destacar el importante papel de las empresas, que han pasado a ser un nuevo agente muy relevante en la promoción del voluntariado a través de los programas de voluntariado corporativo. Gracias a vuestra apuesta, se puede canalizar y potenciar el interés de las personas trabajadoras de aportar su talento a las entidades del tercer sector a través del voluntariado. Dicho esto, no olvidemos que la empresa debe ser el chasis y no el motor, ya que el voluntariado debe ser impulsado por las propias personas voluntarias -en este caso, las personas trabajadoras-. No dejemos que la voluntad de crecer como programa y de llegar lejos nos desconecten del origen y hagan confundir con una obligación lo que realmente es una ilusión personal.

A todas las personas voluntarias que dais razón de ser a mi trabajo e inspiráis con vuestras historias tantas realidades diferentes que no se pueden recoger en un solo post: ¡Gracias!!!