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¿Quién cuidará de nosotros cuando seamos mayores?

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¿Quién cuidará de nosotros cuando seamos mayores?
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13.07.20

En octubre de 2019, el ministerio de Solidaridad y Salud de la República de Francia publicó lo que se conoce como Informe El Khomri sobre la necesidad de impulsar un plan nacional para la profesionalización de los sectores vinculados al envejecimiento de la población y a la dependencia.

El informe estuvo motivado a raíz de la detección del incremento de fuertes necesidades de contratación en los sectores de actividad relacionados con el envejecimiento de la población y las dificultades con que el país se encuentra para cubrir con profesionales esta demanda. Este diagnóstico muy bien se puede aplicar en España, donde se estima que en el año 2025 un 15% de la población será mayor de 85 años. De hecho, durante la crisis sanitaria del Covid-19 hemos visto como el propio Gobierno de la Generalitat de Cataluña se ha visto obligado a hacer varias llamadas de contratación de personal para trabajar en residencias de ancianos con un éxito relativo.

No resulta difícil imaginar una situación de urgencia en la contratación similar dentro de cinco años leyendo el informe El Khomri y no por culpa de una pandemia. El diagnóstico realizado por el Ministerio de Igualdad y Salud francés concluye que en los próximos 5 años será necesario crear cerca de 93.000 puestos de trabajo para dar respuesta al envejecimiento demográfico y mejorar las condiciones de atención de estas personas en Francia. Lo que implica una propuesta enérgica para la formación de los y las profesionales.

Sin embargo, en Francia se detectan graves dificultades para que las profesiones vinculadas a las actividades de cuidado alrededor de los ancianos sean atractivas para los trabajadores y trabajadoras. En este sentido, el informe señala una fuerte degradación de la profesión de cuidador o cuidadora, como de apoyo educativo y social, ambas tipologías de trabajo fuertemente vinculadas al ámbito del envejecimiento y la dependencia. Un indicador contundente sobre este hecho es el descenso en Francia de un 25% del número de personas solicitantes de trabajos relacionados con estas dos profesiones en los últimos 6 años.

Las bajas remuneraciones de estos trabajos, la precariedad de las condiciones laborales, la fuerte irregularidad del sector y las escasas perspectivas de desarrollo profesional son algunos factores que ayudan a explicar el descenso de la demanda de trabajo en el sector. Un hecho revelador del informe francés es el elevado índice de pobreza entre las personas que trabajan como cuidadoras identificando un 17,5% de hogares pobres entre los trabajadores de atención domiciliaria frente al 6,5% de media de todos los empleados.

Por otra parte, las condiciones físicas para la práctica de estos trabajos tienen un alto impacto en la salud: posturas y ritmos de trabajo están marcados por un trabajo intenso y dan lugar a un número de accidentes laborales y enfermedades profesionales tres veces más que la media nacional.

Finalmente el informe resalta el hecho de que estas profesiones son poco conocidas y consideradas especialmente entre las generaciones más jóvenes.

En este sentido, en España el imaginario sobre los cuidadores está bastante ligado a las funciones de aseo personal y limpieza del hogar, en el trabajo feminizado realizado por mujeres de origen inmigrantes y a la irregularidad y precariedad laboral, a la baja calificación y a la pobreza. Lo que genera un menosprecio hacia esta actividad "de pobre, de mujeres y de inmigrantes".

Me pregunto cómo hemos llegado aquí cuando cuidar es, y así debe entenderse, acompañar, estar al lado dando soporte humano al otro que te necesita en un momento de debilidad física y también emocional. Quien cuida limpia el cuerpo, sí, pero también la mente, los miedos y la soledad; da herramientas para mejorar la vida de los demás; anima a continuar viviendo; está al final del camino de una persona. ¿Cómo hemos hecho de este trabajo una profesión indeseable? ¿Cómo es que no (re) conocemos las competencias profesionales tanto formales como informales de estas trabajadoras y trabajadores?

No sería mala idea plantearnos una iniciativa similar a la francesa y realizar en Cataluña nuestro propio plan para impulsar la formación y empleabilidad en un sector que nadie duda será central para nuestra economía, para la atención humanitaria y humanizada. O como reza el lema de la República de Francia: por la libertad de poder ser cuidados con dignidad como elegimos, la igualdad frente a los cuidados y la salud y la fraternidad entre las personas.