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Navidad y creatividad

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Navidad y creatividad
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23.12.19

La Navidad es algo más grande que una comida o un día de fiesta. Lo más entrañable de esta fecha, y lo que hace que sea emocionante, es toda la simbología que le rodea y los preparativos que debemos llevar a cabo para que todo sea mágico y fantástico. Preparar estas fechas significa hacer un viaje a nuestra infancia y recordar lo que nos gustaba para repetirlo ahora entre los más pequeños de la casa.

 

La Navidad comienza cuando, en los hogares, el 1 de diciembre llega el calendario de adviento, que puede tener diferentes formas y contener diversos objetos en cada una de las casillas. Todo depende de la intencionalidad de la persona que lo prepara. Lo que sí tienen en común todos los calendarios de adviento son las 24 ventanas que habrá que abrir.

 

Podemos comprar en la tienda un calendario de adviento con chocolatinas, pero también lo podemos fabricar con objetos cotidianos que encontremos por casa, tales como tarros de yogur vacíos, cajas viejas de cerillas, conos hechos de tela o cartulina, saquitos de ropas viejas con dibujos bonitos... Si nos decidimos por fabricarlo en casa, en cada ventana podremos poner lo que nosotros creamos más conveniente, tanto en relación a la edad de los niños que tenemos en casa como al mensaje que queremos transmitir. Dentro de las ventanas, podemos meter minicuentos, adivinanzas, trabalenguas, alguna chocolatina, mensajes con palabras bonitas, retos para ese día, figuritas del pesebre o, incluso, una nota con un juego de pistas para acabar encontrando algo que es necesario en aquel momento, como un cepillo de dientes o unas gomas de borrar. En la ventanilla del día 24 se puede poner lo que se quiera, pero una buena sorpresa puede ser envolver el niño Jesús para ponerlos después en el pesebre el día de su nacimiento, que es la Nochebuena.

 

Otro elemento que forma parte de la preparación de la Navidad es adornar el hogar con un abeto. De abetos hay de muchos tipos, pero también lo podemos hacer nosotros mismos. Lo que nos condicionará será el espacio que tengamos en casa para ponerlo. Si este año nos animamos a confeccionar el árbol de Navidad, lo podemos hacer de las siguientes maneras:

 

  • Con ramas y palos que recojamos cuando demos un paseo por la montaña. Las podemos colgar del techo, colocarlas en la pared o en un soporte para que adquieran la forma de un abeto tradicional.
  • Con los tapones de corcho que tengamos guardados, podemos hacer árboles más pequeños apilándolos unos encima de otros y dándoles formas originales o más tradicionales.
  • Con postales o fotografías que iremos pegando en la pared reproduciendo la figura de un abeto.
  • Con palets o listones de madera que podemos pintar. Cruzándolos entre ellos les podemos dar la forma que más deseemos.
  • Con cartones o cajas viejas, de latas de diferentes tamaños o de hueveras de cartón.

 

Una vez fabricado el abeto hay que añadir los adornos. Podemos ir a la feria de Santa Llúcia y comprar guirnaldas luminosas de colores diferentes o bien podemos aprovechar el paseo para inspirarnos y coger ideas para llevar a cabo nuestras propias creaciones. Imaginad una tarde cualquiera cosiendo estrellas de fieltro, haciendo lazos de papel pinocho o recortando rollos de cartón del papel de cocina o higiénico para pintarlos y luego colgarlos en el árbol.

 

Uno de los elementos más simbólicos y relevante de estas fechas es el pesebre, que es aquella maqueta que representa la historia que da sentido a las Navidades. En los hogares, empezamos a ver pesebres en cuanto el mes de diciembre se asoma. Si bien la tradición nos dice que lo podemos empezar a montar el 25 de noviembre (Santa Catalina) y lo tenemos que desmontar el 2 de febrero (la Candelaria), es cierto que cada uno puede elegir cuándo lo monta y lo desmonta. El pesebre se caracteriza porque contar con figuras como un Nacimiento, unos pastores y unas pastoras que van a adorar al niño Jesús, unos demonios, unos ángeles y un caganer, entre otros. En algunos pesebres, incluso, pueden aparecer figuras muy variadas porque el significado de la Navidad, y todo lo que lo complementa, es tan diferente como diversas son las personas que nos rodean en nuestro día a día. El pesebre lo podemos hacer de muchas maneras: con figuras de cerámica o de plástico que compremos en la tienda, o de plastilina, de barro o de papel, si las fabricamos nosotros mismos. Puede ser grande, si tenemos espacio, o puede ser tan pequeño como una caja de zapatos, si el espacio que tenemos en casa es reducido. No podemos olvidar los días de encuentro con la familia y los amigos. Podemos preparar la decoración de la mesa poniendo unas flores al pie de las copas o unas bolitas de colores cogiendo las servilletas también forma parte de la fiesta. Pensar en el momento que se acerca y en las personas que compartiremos la comida nos puede inspirar para que nosotros mismos aprovechemos los recursos que tenemos a nuestro alcance y despertemos nuestra imaginación y creatividad. Podemos hacer pompones o bolas de ganchillo para poner al pie de las copas; figuras de fieltro rellenas de guata, para esparcir encima de la mesa; piñas recogiedas del bosque y pintadas para coger la servilleta o, incluso, podemos colocar pequeños de botes de vidrio, rellenados con galletas caseras para regalar a los invitados, que pondremos ante cada plato. 

Y no podemos pasar por alto unos elementos sin los que la Navidad no sería lo mismo: un tió que llega de las montañas y que necesita que lo cuidamos, o aquellos personajes cargados de magia como son Papá Noel y Sus Majestades los Reyes de Oriente. Un tió coherente: al que si le das fruta para comer, te caga turrones y chocolates; si le das cajas de CD vacías, te caga música; si le das periódicos viejos y revistas, te caga libros, y quién sabe hasta cuántas cosas puede llegar a cagar. Y la magia de la Navidad viene acompañada de unos personajes fantásticos que vienen de lejos, para adorar al niño Jesús y para llevar regalos a los niños y niñas, jóvenes y familias. Llevan muchos paquetes que deberán hacer llegar a los hogares y, con la intervención de sus ayudantes, los deberán repartir con responsabilidad, pensando en las personas a quiénes van dirigidos, teniendo en cuenta la ilusión, la utilidad y el aprendizaje que llevará implícito cada uno de estos paquetes; siendo conscientes de que nunca sobrecargarán a nadie de regalos. 

Porque no debemos olvidar que las Fiestas de Navidad son un muy buen momento para educar en valores, ser coherentes y responsables. No debemos perder de vista que Navidad es una fiesta a por todo el mundo y, por tanto, la construimos entre todos y todas y, sobre todo, es una época para estar en familia.