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Jugar también es cosa de adultos: la gamificación en la Educación Social y el Trabajo Social
¿Podemos los adultos aprender jugando? Quizá digáis que esto es cosa de los niños y que los adultos debemos dedicarnos a cosas serias, pero lo cierto es que la gamificación se está extendiendo, y cada vez más empresas y entidades la utilizan para alcanzar sus objetivos.
La gamificación consiste en aplicar conceptos propios de los juegos a espacios no lúdicos, como sería una clase de la universidad, una reunión de empresa o una tutoría con un usuario. Nosotros nos referiremos a la gamificación que se realiza en las asignaturas para trabajar algún concepto o materia.
Introducir estos elementos lúdicos en las formaciones de Educación Social y Trabajo Social es una forma de trabajar con herramientas y recursos que los futuros profesionales podrán utilizar después en su día a día, ya que cada vez se es más consciente de los beneficios que conlleva. A continuación, enumeraremos algunos de ellos:
- Aumenta la motivación. A las personas nos gusta pasarlo bien, y jugar suele animar a la mayoría de las personas. El temario planteado como un juego es más motivador, sin duda alguna.
- Se eliminan reticencias. Desde el juego se pueden afrontar situaciones que podrían ser duras o complejas desde una perspectiva más libre de juicio porque se supone que lo que tenemos enfrente no es real. Pero la práctica se acaba haciendo igual.
- Se aprende del error. Como en los videojuegos, se acepta de forma abierta que una prueba o actividad no se supere a la primera. Por tanto, se aprende del error y se vuelve a intentar con nuevos recursos y estrategias.
- Fomenta valores. El juego puede trabajar, aparte de los contenidos, valores como el espíritu crítico, la cooperación o la superación personal. Todo dependerá de la persona que lo organice, pero siempre va bien cuidar estos valores en la formación de los profesionales.
- Los aprendizajes son significativos, es decir, al estar aplicados a una realidad, quedan contextualizados y se retienen con mayor facilidad. Están relacionados entre sí y no son conceptos aislados.
- Son propuestas dinámicas. Normalmente, jugar implica moverse, hablar con compañeros y compañeras y hacer cosas distintas a las que estamos acostumbrados a hacer en las aulas. Este punto de sorpresa suele gustar bastante.
- Y, por último, podemos crear juegos de lo que queramos. Con tiempo y dedicación se pueden realizar juegos de cualquier materia. Basta con pensar un poco y ser creativos e innovadores.
Aunque la gamificación no es la única metodología que debe utilizarse en las aulas, incorporarla añade un aire fresco que muchos estudiantes agradecen. Hacer cosas nuevas enriquece a los alumnos y también a los profesores. Y la gamificación ofrece un universo de opciones infinitas.
Y tú, ¿te apuntas a jugar?