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Aplicamos principios sencillos de la economía circular en nuestras entidades

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Aplicamos principios sencillos de la economía circular en nuestras entidades
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04.06.21

Hace pocos días leíamos que la temperatura media anual en Cataluña ha aumentado 1,8 ºC desde 1950, que probablemente hacia el 2050 la temperatura será tres grados más elevada y las precipitaciones habrán disminuido un 40%.

Atendiendo a las proyecciones de la comunidad científica, las consecuencias de estos datos son muy preocupantes.

Hoy ya nadie duda de que tenemos un grave problema, que es global, que tiende a empeorar y que nos deja unas perspectivas de futuro muy alarmantes. La buena noticia es que nuestros hábitos cotidianos tienen un impacto claro en esta lucha y, por lo tanto, ¡tenemos mucho que hacer! Este sábado 5 de junio celebramos de nuevo el Día Mundial del Medio Ambiente, y es el momento ideal para que desde nuestras entidades decidamos modificar algunos hábitos.

De todas las recomendaciones que podemos encontrar en la red, me parece interesante revisar los principios de la economía circular y animaros a aplicarlos en la gestión cotidiana de vuestras  entidades, asociaciones, etc. De todo espacio de trabajo colectivo, en definitiva, en la que las decisiones cotidianas tienen un impacto acumulativo muy importante.

Hace unos años conocimos el principio básico de las 3R: Reducir, Reutilizar, Reciclar, y a esta lista se añadieron 4 más: Rediseñar, Reparar, Renovar y Recuperar. Parecía que no teníamos más verbos virtuosos que comenzaran con erre, ¡pero aún tenemos 5 más!: Reimaginar, Recrear, Restaurar, Rechazar y Repensar.

En este breve artículo le hago una propuesta de 7 erres que podemos introducir fácilmente en la gestión diaria de nuestras entidades.

Os animo a que os sirváis un té o un café, con una hoja de papel reciclado en frente, y pensando en vuestra entidad y en las personas con las que trabajáis, repaséis el conjunto de actividades cotidianas, compras, procesos de trabajo, etc., en los que podéis innovar a partir de estas buenas prácticas:

1. Rechazar: recibimos a diario propuestas comerciales de todo tipo para renovar, ampliar, actualizar servicios y productos. Animamos a decir que no si no lo necesitamos.
2. Reducir: tanto la entidad como cada una de las personas que formamos parte consumimos a diario un abanico muy diverso de productos. La energía eléctrica de la oficina, el material fungible, el aire acondicionado, el combustible de los desplazamientos ... pensemos en cómo podemos reducir nuestro consumo siempre que sea posible.
3. Reutilizar: más allá de usar la cara no impresa de las hojas de papel para las notas, en el entorno de trabajo también podemos reutilizar. Por ejemplo, fomentando redes de intercambio entre los trabajadores, o entre entidades, para reutilizar productos en buen estado.
4. Reparar: alarguemos la vida de un producto dedicando un rato para repararlo. Si es una taza recuerdo de Venecia: superglue, pero si tiene cables y no sabemos lo suficiente, busquemos quién lo puede hacer, en vez de asumir que la tenemos que tirar.
5. Rediseñar: en todo lo que producimos de cosecha propia, pensemos como podemos repensarlo con criterios de sostenibilidad y diseño ecológico.
6. Reciclar: ¡un clásico! Reciclemos todo lo que sea reciclable, y seamos constantes en tirar cada cosa a la fracción correspondiente.
7. Repensar: pensemos con todo el equipo, cuestionémonos qué hacemos, cómo hacemos las coses y cómo podemos introducir cambios. Utilizar la creatividad del pensamiento colectivo para innovar y hacer de nuestra entidad una pieza más en la lucha contra el cambio climático.

En el Departamento de Consultoria y Estudios de la Fundación Pere Tarrés ya hace tiempo que aplicamos estos principios y que acompañamos a entidades de todo tipo para que también sean agentes de cambio. Y tú, ¿ya te has puesto?