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¿Cómo dar apoyo ante el afrontamiento del envejecimiento de los familiares?

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¿Cómo dar apoyo ante el afrontamiento del envejecimiento de los familiares?
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13.10.21

Cada vez hay más gente mayor que requiere servicios especializados para poder mantener su calidad de vida. El entorno familiar debe encontrar respuestas adecuadas a estas necesidades que surgen del propio proceso del envejecimiento.

Este hecho ha creado un mercado de servicios que se ha ido construyendo y adaptando a la vez. El sector tiene que evolucionar hasta tener en cuenta las características únicas de cada individuo para poder hacer una atención "Centrada en la Persona", que el servicio y los profesionales que cuidan se adapten al usuario, no al contrario.

Tener en mente este concepto como profesional, te hace replantear en cada momento el sentido de lo que haces, porque y especialmente para quienes lo haces.

Dentro de un centro residencial

En las residencias de ancianos, viven personas mayores, para poder tener sus necesidades atendidas y hacer que su calidad de vida sea mejor. Nadie está en un centro residencial si puede estar mejor en su casa.

Cuando una persona "ingresa" en un centro residencial, se convierte en nuestro centro de atención principal, pero no es el único. Hay otros protagonistas: la familia o entorno cercano y los profesionales. Formamos un triángulo en el que los tres vértices deben estar en buena armonía para que el funcionamiento sea óptimo.

La familia o entorno cercano es básico, son el vínculo emocional y el interlocutor principal que conoce la persona, su historia de vida y las necesidades que les han llevado a buscarnos como recurso. Si falla este vértice, las cosas se pueden complicar mucho. Y tenerlos al "lado" lo facilita todo.

Los profesionales somos los que tenemos que conseguir que todo acabe fluyendo, somos los facilitadores.

Las familias / entorno cercano

Normalmente la familia es quien decide si se hace el ingreso, elige el centro y hace los trámites. Es un momento difícil tener que aceptar la pérdida de capacidades de las personas queridas, nos pone ante un espejo que es premonitorio de futuro y eso afecta mucho emocionalmente. Antes de llegar a la aceptación, se mezclan sentimientos de culpa, rabia, frustración, tristeza...

Pre y post ingreso: la acomodación

Cuando las familias piden información y asesoramiento a un centro, en la misma conversación inicial se hacen evidentes las necesidades que los llevan a dar el paso. Es un momento importante, ver cómo se percibe la realidad de su familiar y qué esperan del centro. Debemos aprovechar para explicar cómo trabajamos, qué les ofrecemos y, sobre todo, resolver dudas y trabajar la confianza. En la medida de lo posible, hay que identificar y prevenir malos entendidos, presuposiciones, miedo, sentimiento de culpa, frustración ...

¿Cómo?

En estas conversaciones iniciales, ya se pueden percibir los posibles conflictos que pueden surgir: no ser realistas con el estado del familiar, malas relaciones personales y familiares, no entender procesos patológicos propios del envejecimiento, demencias, desmotivaciones, tristezas, estar muy cansado de ser el cuidador/a ... Hay que hablar con franqueza y ponerse a disposición para ayudar en el proceso de acomodación, que es un proceso donde intervienen los tres vértices del triángulo. Explicar que durante un tiempo habrá tensión, trabajarla y, sobre todo, comunicar y resolver dudas, siempre con honestidad.

Es muy recomendable y partiendo de la premisa de la atención centrada en la persona que los familiares y el entorno nos expliquen sobre la persona que debe ingresar todo lo que para ellos sea importante e incluso sus peculiaridades. Todo esto nos debe ayudar a entender e interpretar situaciones que pasan y pueden pasar.

El día del ingreso, es recomendable hacer una presentación de todo el personal posible e incluso que haya un intercambio de información, preguntas, dudas, explicaciones. Debe ser un día acogedor y distendido. Después, dejar siempre la puerta abierta para que los días posteriores los familiares puedan preguntar y explicar lo que convenga y expresen todo lo que les inquieta o molesta. Los profesionales tenemos que aceptar las sugerencias como una posible mejora, siempre siendo conscientes de que nuestra misión consiste en dar calidad de vida.

No prejuzgar y menos juzgar

Todas las personas tenemos nuestro lado bueno y no tan bueno. El proceso del envejecimiento no hace que las personas sean diferentes de lo que han sido en su trayecto vital. En general envejecer hace que se agudicen aspectos y peculiaridades (la forma de ser e interactuar con el entorno, patrones de comportamiento, rutinas, estrategias que les han hecho vivir y adaptarse a "su mundo" ...), por eso cuando se institucionaliza una persona el proceso de adaptación es tan importante.

Al principio, nos vamos conociendo y dilucidando lo que puede haber sido esa persona. Conocernos es una premisa básica, sin prejuzgar o juzgar, sino dando respuesta adaptada a las necesidades, manteniendo y fomentando la autonomía de todos los usuarios, porque es el fundamento de la autoestima, hacer las cosas por uno mismo y teniendo siempre en cuenta la voluntad de las personas a las que estamos atendiendo.

Los profesionales de la dependencia debemos ser conscientes de que el sistema asistencial tiene carencias y muchos puntos de mejora. Por eso aún más hay que ser empático, observador y creativo en buscar soluciones adaptadas a cada una de las personas a las que atendemos.

Conocemos la necesidad de los servicios que estamos dando y que se les debe dar la importancia que merecen, empezando por creerlo nosotros mismos, trabajando con calidad a todos los niveles, para que priorice el valor humano de la tarea.

En definitiva, como decía Carl Gustav Jung: "Conozca todas las teorías. Domine todas las técnicas, pero al tocar un alma humana sea sólo otra alma humana".

Mejor con una buena formación

Si quieres especializarte en este tema, fórmate con nosotros en Atención centrada en la persona para recursos gerontológicos.