COMPROMISO EDUCATIVO Y SOCIAL
BLOG DE LA FUNDACIÓN PERE TARRÉS

Volver a artículos

Ahora más que nunca, no perdamos de vista la Atención Centrada en la Persona en centros residenciales para personas con Diversidad Funcional

  • Ahora más que nunca, no perdamos de vista la Atención Centrada en la Persona en centros residenciales para personas con Diversidad Funcional
Ahora más que nunca, no perdamos de vista la Atención Centrada en la Persona en centros residenciales para personas con Diversidad Funcional
Comparte en las redes sociales

04.05.20

Hace ya un tiempo, los servicios residenciales dirigidos a personas con diversidad funcional trabajan considerando al usuario/usuaria como persona. Desde los años 80 las residencias han pasado por diferentes etapas de atención en las que, desde la nomenclatura hasta los contenidos de atención, han sufrido variaciones importantes.

Actualmente las organizaciones estamos trabajando en el modelo de servicio de Atención Centrada en la Persona. Para llegar a este cambio de paradigma los servicios residenciales hemos pasado por diferentes etapas o fases. Así hay que resaltar la transformación de los servicios y las organizaciones pasando de un modelo centrado en el sistema y la gestión hasta la actualidad donde la persona es la protagonista de su proceso.

En los años 90, en Cataluña, quién recibía el servicio era el paciente, al que después pasaron a denominarlo cliente. Es en la etapa de cliente cuando los profesionales trabajábamos para lograr la integración. Actualmente hablamos de persona, de ciudadano y por tanto de comunidad. Es en estos momentos que trabajamos para la inclusión.

Trabajar desde el modelo de planificación centrada en la persona permite:

  • Tener en consideración las diferencias personales
  • Respetar la individualidad
  • Poner en valor la eficiencia de los servicios
  • Capacitar a las personas
  • Apoyar a las personas para que decidan su futuro. Planes de futuro
  • Tener en cuenta la vida de las personas en todas sus dimensiones

Trabajar desde este modelo de Atención Centrada en la Persona (ACP) significa poner en marcha la escucha activa por parte de los profesionales y de empatía para saber qué es aquello que es importante para la persona que atendemos y cuidamos. El estilo de vida, así como el futuro de la persona con diversidad funcional serán dimensiones que tendremos que trabajar los y las profesionales. Por eso, tendremos que fundamentar nuestra intervención en una igualdad en la relación entre los profesionales, la persona y los grupos de apoyo. “Todas las personas tenemos necesidades similares, la diferencia son los apoyos que necesitamos para conseguirlas”

Para poder trabajar desde este modelo es necesario un cambio, sobre todo en las actitudes tanto de los profesionales, como de los residentes y sus familias. Estamos acostumbrados a trabajar y a ser atendidos en estructuras de funcionamiento muy rígidas, pero que, a su vez, por este mismo motivo inspiran seguridad. Ante esta perspectiva debemos esforzarnos todos para poder combatir la resistencia al cambio.

Hay que destacar de manera prioritaria que el nuevo Modelo ACP está basado en el reconocimiento de los derechos de las personas atendidas y en la promoción de su autodeterminación con las limitaciones que tradicionalmente han estado propias de las estructuras de atención.

Ya no describimos a la persona con discapacidad desde sus déficits, sino que hablamos de necesidades personales y de sus aspiraciones.

Los programas y los tratamientos no son homogéneos ni comunes a las personas atendidas ofreciéndose un servicio con carácter personalizado. No tenemos que adaptar la persona al servicio, sino que la red de servicios y su funcionamiento tiene que adaptarse a las variadas necesidades de las personas. De esto se deriva la necesidad de una atención más personalizada, más flexible, más variada y mejor adaptada.

Las intervenciones tienen que estar muy definidas y no tenemos que perder el tiempo en actividades poco provechosas, el hilo conductor de las mismas tiene que ser la vida de la persona en sus diferentes facetas.

En los servicios residenciales tanto los del ámbito para personas con diversidad funcional, así como aquellos destinados a la gente mayor, los profesionales han realizado siempre las funciones instrumentales propias de la vida diaria (lavar, planchar, limpiar la habitación,…). Esto ha implicado siempre que sean los profesionales quién tome las decisiones de todo aquello que conviene, o no, a la persona que se atiende.

Hay que remarcar que siempre se había partido de la presuposición que las personas atendidas en el marco residencial no podían asumir de manera activa y participativa la gestión cotidiana de su vida.

En la actualidad los programas de atención dirigidos a las personas con diversidad funcional se desarrollan con actividades que estructuran sus vidas y así actividades como hacerse la cama o doblar ropa, entre otros, se incorporan en la planificación diaria para promover la adquisición de habilidades y autonomía para las personas atendidas.

Para hacerlo posible, se tienen que crear contextos, situaciones y oportunidades que permitan hacer efectiva la participación y por tanto es obligación de los/las profesionales garantizar los apoyos necesarios para garantizarlo. Partimos de la base que la experiencia cotidiana y las actividades habituales en la vida diaria son un terreno básico de oportunidades de aprendizaje.

El grado de participación, así como en el tipo de actividad en el que participe la persona atendida tiene que hacerse desde la programación individual y, sobre todo, considerando los propios deseos de la persona.

Una vez estén definidos los ámbitos donde puede participar la persona debemos ver cuáles son los mejores, los que se ajustan a sus necesidades y preferencias, a las posibilidades del contexto, y habrá que concretar los tipos de apoyo, la intensidad y su duración.

Trabajar desde el Modelo de Atención Centrada en la Persona significa reducir el aislamiento y la segregación, fomentar la amistad, aumentar las oportunidades para participar en las actividades preferidas, desarrollar competencias y promover el respeto.

Ahora más que nunca, ¿Por qué no aprovechamos los cambios que impone la situación crítica que estamos viviendo por esta pandemia para impulsar (del todo y de verdad) el modelo de Atención Centrada en la Persona?