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Voluntariado y acción comunitaria

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Voluntariado y acción comunitaria
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18.04.16

El amplio y solvente tejido asociativo catalán ha posibilitado un espacio de participación a la ciudadanía un espacio de participación social, caracterizado con una gran diversidad de espacios y formas para el desarrollo del compromiso ciudadano  y la mejora social de las personas y las comunidades. Asimismo, estas prácticas sociales solidarias han marcado las identidades individuales y colectivas de los ciudadanos han promovido la acción voluntaria promoviendo valores y principios como la igualdad, la solidaridad o el compromiso altruista.  

Una primera conclusión de las aportaciones y beneficios del voluntariado es la Ley 25/2015, de 30 de julio, de voluntariado y promoción del asociacionismo, aprobada por el Parlamento de Cataluña. Esta ley tiene como objetivo apoyar y reconocer un modelo de voluntariado basado en el derecho de los ciudadanos a participar, con transparencia para la mejora de la cohesión social, desde la libertad, desde su propia realidad y desde la independencia civil.

Un segundo hallazgo son los beneficios y contribuciones que un modelo de voluntariado social comprometido y activo, hacia la defensa de los derechos sociales, en el marco de entidades y asociaciones de carácter socio-comunitario produce para las personas, las organizaciones y la sociedad en general. Estas contribuciones a la ciudadanía proporcionada por los voluntarios se evidencian a partir de estudios e investigaciones realizadas para evaluar los efectos de estas prácticas. Podemos agruparlos en seis contribuciones importantes:

1) Voluntariado y desarrollo de personas,
2) Voluntariado y habilidades de empoderamiento para la vida profesional,
3) Voluntariado y promoción de la participación social y la construcción de la ciudadanía,
4) acción voluntaria como fuerza impulsora y estrategia para el desarrollo comunitario y la cohesión social de los territorios,
5) el voluntariado social como promotor del liderazgo social , tanto en cuanto a las propias organizaciones como a las personas que llevan a cabo este tipo de acciones y, por último,
6) Voluntariado y mejora de las instituciones.

Pero, a pesar de tener un modelo de voluntariado socialmente beneficioso y rico, también podemos destacar algunos desafíos que consideramos que deben abordarse conjuntamente desde la administración, las entidades y los propios ciudadanos. Algunas líneas de mejora y orientaciones:

  • El voluntariado y el asociacionismo son dos caras de la misma realidad. Por lo tanto, el voluntariado no sólo debe curar las heridas, sino que debe hacer visible a quienes la sufren, a través del tejido asociativo organizado y la conciencia social.
  • Las autoridades locales deben seguir reforzando el modelo de voluntariado propuesto por la ley y no retirar responsabilidades.
  • Las personas son la capital principal de las sociedades y, por lo tanto, también de las organizaciones. Esto implica un acompañamiento sólido y eficaz a las personas, para que se conviertan en capital relacional activo y sean verdaderos protagonistas del tejido asociativo.
  • Es necesario aumentar y profundizar la formación del voluntariado, a través de la reflexión y el debate, para la construcción de una ciudadanía comprometida, reflexiva y crítica.
  • Es necesario fomentar sistemas de organización y gestión no rígidos, que puedan dar cabida a la gran diversidad de personas existentes y perfiles de voluntarios y que la suma de todos ellos pueda contribuir a la mejora de las políticas sociales.
  • Es necesario desarrollar la comunicación y la información en relación con los beneficios y contribuciones que la acción voluntaria hace a la sociedad y a las personas, como promoción de valores y principios solidarios, críticos y comprometidos por el bien común.
  • El voluntariado se educa y, por lo tanto, las escuelas, universidades, entidades y actividades de ocio y culturales, agentes de educación informal y los medios de comunicación desempeñan un papel clave y activo en la promoción del voluntariado y la promoción de su práctica.
  • Desde las entidades es necesario promover un modelo de participación fuerte, que pueda influir en la agenda política y, por lo tanto, contribuir activamente a la promoción de la justicia y la paz social.