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Versatilidad profesional en tiempos de crisis

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Versatilidad profesional en tiempos de crisis
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31.03.21

Hablando en términos deportivos, podríamos decir que los profesionales de la acción social nos encontramos en plena carrera de obstáculos de la que conocemos la línea de salida (13 de marzo de 2020), pero desconocemos: el recorrido a seguir y la distancia ( cuando se controlará la Covid'19), el número de vallas fijas y saltos de agua (medidas restrictivas y permanencia), la resistencia de los corredores (física, emocional, de salud y mental), y las condiciones y características de la pista ( horarios, disponibilidad de recursos, formación, equipos, adecuación de los espacios ...).

Las restricciones y, al mismo tiempo, exigencias en la práctica profesional impuestas por la pandemia, están condicionando una atención y acompañamiento socioeducativo cercano, presencial y cálido por el cierre de servicios o la reducción del horario de atención directa, o, por el contrario, una atención y acompañamiento intensificados, cuando ésta se da en medio residencial.

Sea en un sentido o en otro, los educadores y educadoras sociales, como de otros profesionales de atención a las personas, están experimentando un proceso de transformación para adaptar y flexibilizar la práctica profesional en beneficio de la mejora de la calidad de vida de colectivos vulnerables a los que acompañan. Buena parte de las dinámicas y las rutinas de un día cualquiera en Servicios Sociales están cambiando: una reunión a primera hora del día, el café a media mañana con los compañeros de equipo, las reuniones de coordinación con profesionales de diferentes servicios, una conversación espontánea entre pasillos o aquellas miradas de complicidad sana que suplen 1.000 palabras ...

La versatilidad profesional, que es la capacidad de adaptación a nuevas situaciones y que se demuestra mediante la empuja, el esfuerzo y la voluntad de aprender, ha venido para quedarse. Ser educador social hoy en día implica, más que nunca, esta versatilidad en lo que hacemos, cómo y con qué lo hacemos, cuándo y desde dónde lo hacemos, y con quién y para quién lo hacemos. Es decir, se están actualizando las estrategias educativas y repensando el uso de los espacios, de los recursos y de los tiempos desde una perspectiva de accesibilidad del y al profesional; y también se están ampliando las vías de comunicación y las formas de dirigirse, de acercarse y de relacionarse con el otro, además de la incorporación de las nuevas tecnologías y el uso de las redes de forma, ya casi, insustituibles.

En esta carrera, todos los profesionales están haciendo un gran esfuerzo para no abandonar, a pesar de la dificultad de los obstáculos, estirando de sus potencialidades y competencias. Hay educadores que están demostrando grandes habilidades en el uso de herramientas informáticas, otros muestran más facilidad para conectar con el otro y empatizar aunque sea a través de una pantalla, otros entienden la necesidad de una flexibilidad horaria o espacial de atención, y también hay educadoras que se están dedicando a hacer más eficiente y eficaz el sistema, a ahorrar procesos y optimizar recursos ... Las circunstancias no han permitido programar una formación previa, y como buscadores de recursos formativos para los colectivos con los que trabajamos, esta vez lo hemos tenido que hacer para nosotros mismos. En este sentido, hay que poner en valor que, entre los profesionales, y las instituciones que hay detrás, se ha generado de manera colaborativa un intercambio de contenidos, reflexiones y recursos que, compartidos mayoritariamente en línea, han inspirado e impulsado cambios en el ejercicio de la profesión.

Esta sacudida profesional sobrevenida, como cualquier cambio en una organización, deberá ser revisada y evaluada para conocer los efectos generados y aprender. Se han tenido que tomar muchas decisiones en una situación inestable, con poca información contrastada y en poco tiempo, lo que ha podido conllevar errores y desajustes en la prestación de los servicios, que tendremos que invertir, para avanzar.

Sólo desde la evaluación de la versatilidad demostrada por los educadores y educadoras sociales en estos tiempos de crisis, podremos mejorar y hacer crecer la profesión y, como consecuencia, contribuir en la promoción de los derechos básicos de las personas mediante procesos educativos de calidad.