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Son los valores, no la economía

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Son los valores, no la economía
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14.06.17

Los sectores políticos dominantes han construido un discurso con voluntad hegemónica que hace que una cierta visión de la macroeconomía sea el eje central del bienestar humano. El argumento habitual de la mayoría de los líderes y creadores de opinión es que lo que es bueno para los mercados es bueno para la sociedad, incluso si se acumula evidencia de lo contrario. La aceptación de este mercado está en el centro de gran parte de los problemas sociales y políticos que estamos sufriendo.

Al principio hay que destacar dos cuestiones fundamentales. En primer lugar, en los últimos tiempos se ha impuesto un modelo económico que rompe con el keynesianismo anterior y hace que el aumento de los costos laborales y sociales sea la explicación de las crisis económicas. Un diagnóstico interesado que justifique las reformas laborales que reduzcan el precio de la fuerza de trabajo, precariamente, y reduzcan su capacidad de presión. Como dijo diáfanamente el multimillonario estadounidense Warren Buffet "Por supuesto que hay lucha de clases. Pero es mi clase, la de los ricos, que esta pelea ha comenzado y la estamos ganando".

En segundo lugar, pero lo que es más importante, la economía no debe ser un objetivo, sino un medio para el bienestar de las personas. La hegemonía neoliberal ha tergiversado esta relación y ha estado poniendo los mercados fuera del control de los ciudadanos, además de presentarse como un pensamiento único, sin alternativas realistas. Por lo tanto, debemos sorprendernos por el creciente deterioro de la salud democrática de nuestras sociedades. La negación de la política por el neoliberalismo ha alimentado, entre otras cosas, el populismo autoritario.

Nuestros Estados de Bienestar tienen problemas porque tienen que adaptarse a una nueva era post-industrial y global, de sociedades cada vez más envejecidas y diversas, de profundas transformaciones en las estructuras familiares y las relaciones de género. Pero la gran pregunta es cómo se llevará a cabo esta adaptación. Si en nombre de la libertad se ignora la desigualdad, los resultados serán desastrosos, incluso para la misma libertad. El debate subyacente, por lo tanto, se trata de valores. Lo que está sobre la mesa es un debate, profundamente moral y político, sobre los modelos de la sociedad.