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Ser empático. Porqué es tan difícil hacerlo bien?

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Ser empático. Porqué es tan difícil hacerlo bien?
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25.04.17

A menudo hablamos de empatía como un concepto simple y que todos dominamos en menor o mayor medida, pero la verdad es que cuando te detienes a analizar lo que significa exactamente, la realidad revela que no es fácil y que muchos de nosotros no lo somos tanto como pensamos.

Ser empático significa reconocer e identificarse con los sentimientos de los demás. No estaríamos de acuerdo con esa idea de "ponerse en la piel del otro", más que cualquier otra cosa, porque eso es completamente imposible. Nunca podré saber con certeza lo que el otro piensa en una situación específica, o cómo se siente o cómo se encuentra. Lo que puedo hacer, sin embargo, es identificar el sentimiento que prevalece en el otro, más o menos aproximado, y sentir en mí cómo una sensación como esta resuena cuando he sido capaz de experimentarlo.

Para ello es necesario centrar la atención en el otro y escucharlo con todos los sentidos para percibir cómo se siente. Eso implica que, en primer lugar, no pienso en mí mismo. Tengo que ser capaz de priorizar el otro y ponerlo por delante de mí durante unos segundos. Entonces, necesitamos que el filtro con el que analizamos sea lo emocional y no lo mental. Sólo a partir de los sentimientos podemos percibir realmente los sentimientos. Entonces la parte analítica y racional entrará en juego, pero en este primer momento no lo hará .

Una vez percibido, identifico en mi experiencia personal esa emoción. Desde el recuerdo de ello puedo compartir con el otro un sentimiento cercano, me acerco a esa persona desde la misma emoción, lo acompaño y ofrezco mi ayuda. Puedo hacerlo porque no siento, por ejemplo, la misma tristeza que la otra -ya que acabaríamos siendo dos personas llorando-, sólo recuerdo cómo me siento cuando estoy triste y así, estando bien pero recordando, mantengo una distancia interpersonal óptima.

Por lo tanto, la dificultad radica en un doble aspecto. Por un lado, es este autocontrol de mí mismo conectar con mis sentimientos sin dejarme llevar por ellos. Si soy capaz de recordar una situación vivida de rabia sin enojarme o recordar un dolor sin llorar, tengo un largo camino por recorrer para poder ayudar al otro. Y por otro lado es el hecho de dejar de ser el protagonista durante unos segundos y centrarse en el otro desde el corazón. No es importante lo que pensamos, o lo que tenemos que decir, sólo conectar con el otro.

Y aunque puede ser complicado, vale la pena intentarlo. Sentir que alguien realmente es capaz de entender lo que estás experimentando (incluso si no está en la misma situación que tú) es el mejor regalo que podemos hacer como profesionales de la acción social.