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El Trabajo Social y la importancia de las relaciones humanas

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El Trabajo Social y la importancia de las relaciones humanas
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17.07.19

Recientemente se ha concedido a Dolores Colom la Medalla de Oro del Col·legi Oficial de Trabajo Social de Cataluña por su labor en pro del reconocimiento del trabajo social sanitario. A propósito de una entrevista que se le hacía en un diario, Colom defendía que el sistema sanitario ahorraría recursos si dispusiera de más trabajadores sociales en sus plantillas, aunque, a día de hoy, los gerentes de los hospitales preferían gastar el dinero en tecnología. Este titular ya llama la atención pues se sabe, desde hace años, de la difícil sostenibilidad económica del sistema sanitario en nuestro país.

Sin embargo, el titular especialmente me hizo pensar en las dificultades que tenemos para reconocer la influencia que tienen los demás -la relación entre las personas- en nuestra conducta y en nuestro bienestar. En el momento actual, la idea de la supremacía de la ciencia (expresada sobre todo en los avances genéticos y tecnológicos) está tan extendida que a menudo se acepta que la única vía de solución tanto a las dificultades cotidianas como a los grandes problemas de la humanidad debe provenir del conocimiento científico. Esta exageración, conocida con el nombre de cientificismo, tiene como consecuencia la idea de que todo lo que no es expresable científicamente es algo superfluo (Peteiro, 2010).

Dejaremos para otro día el tema de qué es conocimiento científico, así como quien lo determina. Ahora, sobre lo que quiero reflexionar, es sobre qué papel juegan los otros en nuestro bienestar, como decía antes, y que a menudo menospreciamos.

El pasado 19 de marzo, se celebró el Día Internacional del Trabajo Social con el lema "Promoviendo la importancia de las relaciones humanas". Y es que me parece de lo más apropiado recordar que es a través de las relaciones con los demás que nos construimos como personas y sólo así podemos avanzar: desde el bebé que necesita de una estructura mental bastante madura que le acompañe en su crecimiento, hasta el o la joven que se encuentra en una situación de vulnerabilidad y que necesita del otro para sentirse de nuevo valioso; pero también yo misma necesito de mi red de relaciones significativas para sentirme sostenida emocionalmente.

Tuve el placer de escuchar no hace mucho en la Shelagh Young, directora de Home-Start. Intervino en el I Congreso Internacional de Intervención socioeducativa con familias e infancia en situación de vulnerabilidad celebrado a principios de abril y organizado por la Fundación Pere Tarrés. La Shelagh Young expuso el programa de mentoría social que desarrolla Home-Start en Escocia, el cual tiene por objetivo acompañar a familias que se encuentran en situación de riesgo o de exclusión social. En este programa de mentoría social, a través de profesionales y de voluntarios, se alienta a las personas a confiar de nuevo en sus capacidades y promover su resiliencia. La experiencia de esta entidad es que esta meta sólo se puede lograr si entre mentor y persona que se encuentra en una situación de vulnerabilidad se establece un auténtico vínculo de confianza. En caso contrario, no sucede lo que buscamos: que el otro vuelva a confiar en sí mismo y que sea su propio agente de cambio.

Toca más que nunca revalorizar el trabajo con y para las personas. Promover la importancia de las relaciones humanas significa justamente eso, estar al lado del otro (como profesional, como amigo, como madre o padre, como docente), transmitiendo que confiamos en sus capacidades y en las propias para construir juntos un día a día mejor, en una auténtica relación de confianza y cooperación.

Y situaciones para ponerlo en práctica no nos faltan. En las relaciones personales, cuando como madres y padres no proyectamos en nuestros hijos e hijas las propias limitaciones para manejar los celos, la dependencia y otros conflictos propios de la infancia ("Por tu culpa, la madre se pone nerviosa y debe llamar"). En la relación profesional, cuando no nos sitúan en una situación de superioridad (realmente no sabemos mejor que el otro que necesita), sino que practicamos la escucha activa e intentamos entender por qué una persona actúa de esa manera, sin juzgarla, para contenerla emocionalmente y devolverle respetuosamente lo que observamos.

La compulsión de repetición, entendida como la exposición continuada a situaciones penosas y destructivas, que presentan de manera dramática algunas personas puede ser parada (o, más modestamente, puede ser captada o reconocida por quien la manifiesta), si como profesionales hemos podido acercarnos y reconocer su sufrimiento, ponerle nombre... Sentirse escuchado, entendido, y digno de confianza y de ser amado tiene efectos positivos sobre nuestra salud mental y eso no lo posibilita ni ninguna máquina sofisticada ni la última generación de antidepresivos. Es la relación auténtica con el otro que puede provocar el cambio, cambio que puede ser entendido como, por ejemplo, tener suficiente coraje para reconocer un problema de consumo con el alcohol o, por poner otro ejemplo, dar el paso de romper con una pareja que maltrata.

Es evidente que para favorecer cambios personales se necesita de un determinado contexto social (una red de atención a las drogodependencias, un sistema legal que reconozca la violencia de género...), pero si no hay una motivación para el cambio, este difícilmente ocurrirá. Y esta motivación, a menudo, surge en la relación con el otro. Sin embargo, a veces, por la situación psicosocial de vulnerabilidad de la persona, ésta no encuentra en su entorno natural de relaciones esta motivación y este papel lo ha de asumir un profesional. Tenemos, pues, los profesionales que trabajamos con personas y especialmente si se encuentran en una situación de vulnerabilidad personal y social, el deber ético de construir una relación basada en el respeto, la preocupación genuina por el otro, la aceptación incondicional... 

Tal vez, podría ser que ese fuera la primera vez que el otro se siente realmente escuchado y que alguien se interesa por él. Esta, sin duda, será una experiencia emocional que puede propiciar algún cambio que, por pequeño que sea, será bien valioso y posiblemente promocione cambios futuros.

"Promoviendo la importancia de las relaciones humanas" es eso: posibilitar la dependencia confiada y constructiva de los unos en los otros; creo firmemente que el auténtico progreso de la sociedad está aquí.