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Cuidar a quienes cuidan: el reto de acompañar al voluntariado desde las entidades
La acción voluntaria es uno de los motores de la transformación social y la solidaridad. Se trata de una actividad que, cuando se canaliza y se organiza a través de las entidades, contribuye a construir una sociedad mucho más justa y cohesionada. Los voluntarios aportan su compromiso, su tiempo, sus conocimientos y una energía que no solo impulsa el proyecto en el que participan, beneficiando a las personas a las que va dirigido, sino que también contribuye a enriquecer a las propias organizaciones.
Es fundamental cuidar de quienes encarnan estos valores, algo que no debe depender únicamente del autocuidado de los propios voluntarios, sino que debe ser responsabilidad de la entidad. Las organizaciones se enfrentan al reto de garantizar las condiciones necesarias para que los voluntarios puedan llevar a cabo su labor de forma satisfactoria y segura, así como de manera sostenible a lo largo del tiempo.
Para poner de relieve esta cuestión, La Volunteca, un proyecto estatal coordinado por la Fundación Pere Tarrés y la Plataforma del Voluntariado de España, organizó el 11 de junio el evento «El voluntariado en el centro: el valor de cuidar a los voluntarios», celebrado en el Jardín Botánico de Córdoba. En este evento se hizo hincapié en la necesidad de cuidar adecuadamente al equipo de voluntariado y de contar con estrategias que les ayuden a llevar a cabo su misión con éxito y eficacia. En definitiva, se trata de situar el bienestar de las personas voluntarias en el centro.
¿Qué significa cuidar de las personas voluntarias?
Cuando hablamos de cuidar al voluntariado, a menudo pensamos en reconocer su labor. Una acción necesaria y relevante, pero el cuidado es mucho más que un simple «gracias». El cuidado de la persona voluntaria abarca un amplio abanico de aspectos, que deben estar presentes en todas las fases, desde la acogida hasta el cierre, a lo largo de todo el proceso de acción voluntaria.
Algunas claves para garantizar el cuidado del voluntariado en las organizaciones son:
- Aclarar las expectativas desde el principio: desde la incorporación, se debe informar claramente a la persona voluntaria de sus funciones, su papel, sus derechos y responsabilidades, y de quién es su referente al que acudir cuando necesite apoyo.
- Acompañar, no solo coordinar: es esencial garantizar un buen apoyo al voluntario, no solo mediante la supervisión de las tareas. Ofrecer formación y orientación, tanto en relación con las propias funciones de la acción voluntaria como en lo que respecta a las oportunidades de desarrollo más allá de estas.
- Tener espacios de participación: deben garantizarse espacios en los que la persona voluntaria pueda expresarse y sentirse escuchada. Es necesario normalizar los límites: contar con la opción de reducir temporalmente el compromiso, cambiar de función o dar por concluida una etapa, lo cual no debe considerarse una falta de compromiso por parte de la persona voluntaria.
- Decir «no» también es cuidar: al igual que es importante que las personas voluntarias puedan expresarse, también es necesario que la organización pueda decir «no» si lo considera oportuno. Si la persona voluntaria no encaja bien en los programas que ofrece la organización, esto se le debe comunicar. Reorientar a la persona también es una forma de cuidado.
- Reconocer más allá del agradecimiento: aunque es esencial, a veces un simple «gracias» no basta y hay que ir más allá: hacer visible su aportación, ofrecer comentarios sobre lo que se ha logrado y asegurarse de que la persona pueda percibir el sentido de su colaboración.
Cuidar del voluntariado es cuidar de la entidad
Cuidar de las personas que realizan la acción voluntaria en las organizaciones no es una cuestión tangencial, sino central y esencial. Una organización, especialmente una de carácter social, no puede hablar de bienestar si, al mismo tiempo, normaliza situaciones de sobrecarga para las personas voluntarias o provoca una falta de información u orientación que les permita llevar a cabo su tarea de forma correcta y segura. Del mismo modo, si una organización exige compromiso al voluntariado, también debe asumir la responsabilidad de acompañarlo.
Por lo tanto, el cuidado del voluntariado no puede considerarse una estrategia para conseguir que las personas voluntarias continúen vinculadas a la entidad, sino que va mucho más allá de eso. Cuidar de quienes cuidan permite a una organización ser coherente con el trabajo que realiza y los valores que defiende. Al fin y al cabo, la forma en que una organización apoya a las personas que deciden implicarse de manera voluntaria dice mucho del tipo de organización que quiere ser.