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Las tecnologías al servicio de la cooperación internacional

Las tecnologías al servicio de la cooperación internacional

Joan-Andreu Rocha Scarpetta
Decano de la Facultad de Educación Social y Trabajo Social Pere Tarrés – URL
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27.04.22

Teléfonos móviles que contribuyen a la educación de poblaciones alejadas, drones que sirven para buscar supervivientes de una catástrofe natural, satélites que identifican las zonas más afectadas por la pobreza: estos son algunos ejemplos de cómo la tecnología se encuentra al servicio de la cooperación internacional. Es bien sabido que la cooperación internacional se ocupa de las ayudas que se establecen entre diversas naciones, a nivel oficial o no gubernamental, para ayudar al desarrollo económico y humano de una región del mundo en vías de desarrollo.El papel que las tecnologías están jugando en este campo resulta francamente asombroso.

La cooperación internacional busca aportar soluciones a necesidades específicas de grupos humanos que se encuentran en territorios marcados por la pobreza y la falta de recursos con el propósito de empoderar a estas comunidades de cara a que contribuyan a su propio desarrollo sostenible. La aplicación de tecnologías de la información y de la comunicación a estas necesidades de desarrollo forma parte de lo que llamamos innovación social. Ha nacido de estas comunidades mismas, que buscan aplicar recursos tecnológicos a necesidades específicas, como por ejemplo el uso de los teléfonos móviles para la gestión de pagos en regiones donde no existen sucursales bancarias, para acceder a material educativo mediante plataformas electrónicas adaptadas a los recursos de una región específica sin escuelas, o para ayudar a los agricultores a gestionar eficazmente el comercio justo de las cosechas con precios competitivos.

Estas iniciativas también se han desarrollado con la colaboración de ingenieros, universidades y ONG que desarrollan tecnologías que resuelvan las necesidades de las comunidades humanas del mundo sujetas a la exclusión social. Las aportaciones van desde recursos satelitales ligados al mapeo de zonas de catástrofe, a la creación de herramientas que ayudan a superar la brecha digital en regiones donde el acceso a las redes digitales es más limitado, pasando por plataformas digitales utilizadas para luchar en defensa de los derechos humanos. El desarrollo de estas iniciativas ha motivado incluso movimientos de base que se centran en la adaptación de estas tecnologías a las necesidades de poblaciones específicas del mundo, como constatamos con los movimientos “Innovación Jugaad”, en la India, o “Innovación jeitinho, en Brasil.

La aportación que pueden hacer las tecnologías al desarrollo económico y humano de las regiones más pobres del mundo no es importante por la tecnología en sí misma.Es importante por el modo en que las necesidades humanitarias se pueden beneficiar con una tecnología más humana que contribuye con soluciones a problemas que afectan a los grupos humanos marcados por la falta de recursos o por catástrofes de diferentes tipos.

La contribución de las tecnologías a la cooperación internacional constituye, pues, una oportunidad: la oportunidad de poder adaptar los recursos tecnológicos en pro de las necesidades humanas más básicas, como son la subsistencia, la educación, la cohesión comunitaria y la defensa de los derechos humanos. Su valor no está en que sean tecnologías innovadoras, sino en que sean herramientas para lograr un desarrollo humano sostenible.