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¿Enganchados a las pantallas? 7 pistas para ayudar a los adolescentes a adquirir hábitos de bienestar digital

¿Enganchados a las pantallas? 7 pistas para ayudar a los adolescentes a adquirir hábitos de bienestar digital

Mercè Lopez-Bravo
Jefa de Acción digital de la Fundación Pere Tarrés
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31.01.22

Hoy en día las aplicaciones son parte de nuestra vida diaria, nos ayudan a planificarnos, a comunicarnos y nos dan un fácil acceso a juegos y entretenimiento. El móvil es actualmente la mayor plataforma de juego del mundo y una industria que no para de crecer.

¿Alguna vez se ha preguntado por qué el móvil envía una notificación de una aplicación cuando no la estamos utilizando? ¿Quizás así no podremos dejar de revisar Instagram?

Hay una razón para ello y se llama "desarrollo impulsado por dopamina": se trata de un método de persuasión basado en nuestras "vulnerabilidades" humanas, como la recompensa variable. Es la mecánica del juego que se utiliza en las máquinas tragaperras: los sistemas de recompensa activan la dopamina, que es un neurotransmisor que regula la motivación y hace que las personas se activen y perseveren hacia un objetivo, tanto si éste es positivo o negativo.

Entonces, ¿son perjudiciales las aplicaciones? ¿Qué impacto tienen sobre el bienestar y salud de los y las adolescentes?

Las apps, como las redes sociales, los videojuegos o las plataformas para escuchar música o mirar series, se han convertido en un espacio en el que formamos y construimos relaciones, configuramos nuestra propia identidad, nos expresamos y entretenemos. ¿Pero hemos valorado qué riesgos suponen, especialmente para los niños y jóvenes que se encuentran en un momento clave de configuración de su identidad y personalidad?

Algunos datos deberían ponernos, al menos, en alerta: por ejemplo, el 50% de las personas que juegan online son jóvenes, y el juego online se ha convertido en la principal causa de ludopatía entre los menores de 26 años. El 30% de los menores de entre 8 y 12 años han tenido acceso a contenidos pornográficos, y casi 7 de cada 10 adolescentes de entre 13 y 17 años consume pornografía de forma frecuente. Asimismo, 6 de cada 10 niñas y adolescentes sufren acoso en las redes sociales, la mayoría de las veces por parte de conocidos.

Es obvio que la exposición de niños y jóvenes a conductas de riesgo o contenidos violentos o sexuales puede tener un efecto negativo en su salud física, mental y emocional y generarles ansiedad y/o depresión. Más allá de esto, a menudo las redes sociales, los juegos online y algunas aplicaciones promueven estereotipos físicos o de género, premian la popularidad y fomentan que los jóvenes se centren excesivamente en su aspecto físico. También tienen distintos impactos en la gestión del tiempo, la regulación emocional, el sentido de identidad y la autoestima de los jóvenes, y en su capacidad de conectar con los demás.

¿Cómo luchar contra estos peligros cuando las pantallas son omnipresentes y al mismo tiempo, están tanto al alcance de la mano de los chicos y chicas? Hay maneras, sin embargo, antes hay que identificar cuándo el uso de los dispositivos es excesivo y cuándo este consumo se puede considerar problemático.

Hay que activar las primeras alertas cuando, por ejemplo, no tenemos horarios para usar los dispositivos, cuando el grupo, amigos o familiares también hacen un uso excesivo, cuando este consumo de las pantallas genera dificultades para relacionarse con otros chicos y chicas de su edad o cuando el consumo de aplicaciones y juegos online es la única actividad lúdica programada a lo largo del día.

Es necesario considerarlo un problema real cuando el uso del móvil o de las pantallas genera problemas para dormir, una disminución del rendimiento académico, aislamiento, rechazo a las interacciones sociales, incumplimiento de actividades cotidianas, conductas agresivas o exposición a situaciones peligrosas. Actitudes que, en último término, pueden desembocar en una adicción cuando los niños o jóvenes se encuentran ansiosos o irritables si no están frente a los dispositivos y cuando no pueden estar desconectados.

Pero padres, madres, educadores y educadoras, no padezcáis: como decíamos antes, hay esperanza.

Las presiones que sienten los y las adolescentes son muchas, no debemos olvidar que en esta etapa están desarrollando su identidad personal y social. Es necesario desarrollar el pensamiento crítico para valorar el impacto que tienen los contenidos que consumen y las interrelaciones digitales que tienen en la autopercepción y en la interacción con su entorno. Para ello es necesario generar buenos hábitos, pero no vale hacer normas e imponer reglas. Es necesaria la implicación de toda la familia para compartir unos hábitos digitales sanos.

Le proponemos algunas herramientas y propuestas para construir relaciones saludables con la tecnología e incorporar hábitos de bienestar digital:

  • Desarrollar el pensamiento crítico respecto al tiempo y a los contenidos. Reflexionar y comentar en familia lo que vemos y cómo nos hace sentir y contrastar información para detectar fake news.
  • Generar hábitos de conexión y de desconexión. Incorporar herramientas de control de distracciones para desactivar aplicaciones cuando estemos estudiando, trabajando o descansando.
  • Desactivar las notificaciones para evitar las distracciones. Y recuperar el control de la atención y del tiempo de conexión.
  • Instalar herramientas de bienestar digital. Nuestros dispositivos incorporan herramientas denominadas de bienestar digital que nos permiten tener el control del tiempo de conexión y programar horarios de desconexión para evitar distracciones o para no recibir alertas por la noche.
  • Cenas sin dispositivos. Como comentábamos, es responsabilidad de los padres y madres educar a nuestros hijos e hijas en unos correctos hábitos digitales, y toda la familia debe ser corresponsable. Por eso una buena iniciativa puede ser dejar los móviles lejos de la mesa durante el rato de las comidas y no consultarlos durante este rato, que puede dedicarse a comentar cara a cara los acontecimientos del día.
  • Crear un espacio de carga compartida en el hogar para cargar los teléfonos móviles y tabletas fuera de las habitaciones durante la noche.
  • Volver al despertador analógico y despertarnos cada mañana sin que el teléfono sea lo primero que los jóvenes y adolescentes vean al abrir los ojos.

Nota: este artículo ha sido publicado en “El Diari de l’Educació”

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