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El intérprete de lengua de signos, una profesión desconocida y necesaria

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El intérprete de lengua de signos, una profesión desconocida y necesaria
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08.01.20

Han sido necesarios muchos años de lucha para dar valor a las necesidades de los sordos y a sus derechos fundamentales y para lograr su inclusión en la sociedad. Sin embargo, aún hoy en día, existen muchas barreras de comunicación y existe una falta de normalización en dos aspectos clave: el uso del lenguaje de los signos y la presencia del intérprete. Estos aspectos permitirían un acceso total a la información y una comunicación adecuada en ámbitos como el educativo. Es precisamente en este ámbito donde todavía hay muchos retos que superar y son las administraciones públicas las que tienen que garantizar y velar para que esta accesibilidad sea real.

La Fundación Pere Tarrés es la entidad gestora del Servicio de Interpretación de la Lengua de Signos Catalana (ILSC) para estudiantes con sordera,  escolarizados en Cataluña en la etapa postobligatoria no universitaria, en la modalidad bilingüe (lengua oral y lengua de signos catalana), con el fin de facilitar el acceso al currículo.

Las personas sordas son un colectivo heterogéneo con rasgos comunes que definen su identidad. Tienen una cultura, unos valores y una lengua propia, la lengua de signos, que comparten entre los firmantes de la comunidad.

Además, hay que recordar que la etapa educativa de cualquier persona es una etapa muy importante de la vida, no sólo a nivel académico, sino también a nivel socializador y de crecimiento personal. Una parte de los estudiantes sordos elige la modalidad bilingüe en el aula, que consiste básicamente en el uso de la lengua de signos y la lengua oral del territorio al mismo nivel. El uso de ambos lenguajes permite aprender correctamente, ya que los conocimientos y conceptos abstractos se adquieren a través del lenguaje. Los y las estudiantes sordos, como todos los jóvenes, tienen preocupaciones e ilusiones de ser algún día enfermeras/os, profesoras/es, ceramistas, ingenieras/os, carpinteras/os o biólogas/os; de poder acceder a cursos o ciclos formativos e ir a la universidad con el pleno derecho de una educación inclusiva. Sólo con esta inclusión el resultado será un desarrollo personal y social satisfactorio.

«Hacer efectivo el derecho a la educación requiere garantizar que todos los niños y jóvenes tengan, en primer lugar, acceso a la educación, pero no a cualquier educación, sino a una educación de calidad con igualdad de oportunidades. Estos tres elementos son precisamente los que definen la inclusión educativa o la educación inclusiva».  Ainscow, Booth i Dyson (2006); Echeita i Duk (2008).

Así, el derecho de acceso a una educación inclusiva para los signatarios sordos se cumple incorporando, desde hace unos años, la figura del intérprete de lengua de signos en las aulas. Se pueden ofrecer estos servicios en diferentes niveles académicos, como formación profesional, cursos de formación, universidades y actividades extracurriculares, entre otros.

Pero, ¿quién es y qué hace un intérprete de lenguaje de signos? El intérprete de lenguaje de signos es aquel profesional que actúa como puente de comunicación entre dos lenguas, el lenguaje de signos y el lenguaje oral, y entre dos culturas, la comunidad sorda y la de las personas oyentes. Transmite el contenido del mensaje que interpreta de una manera fiel, exacta y apropiada, favoreciendo una comunicación completa. El intérprete siempre se adapta en cada caso a las habilidades comunicativas de los estudiantes sordos y, por esta razón, también interpreta cuestiones anecdóticas y las intervenciones que se dan en el aula, haciendo partícipes en todo momento al alumnado y al profesorado, equiparando la situación de comunicación entre personas sordas y oyentes.

Para desarrollar su tarea de manera eficaz, el intérprete debe conocer el centro, sus características y el profesorado, así como las asignaturas que se imparten y la programación, solicitando previamente el material correspondiente y documentándose sobre los temas a interpretar. Todo esto implica un trabajo intenso, que incluye la preparación del vocabulario técnico y el conocimiento de los conceptos académicos. Actualmente se trabaja para crear diferentes diccionarios terminológicos específicos en lenguaje de signos y facilitar así su trabajo.  

El equipo docente también debe conocer las características y necesidades de las personas sordas previamente, para garantizar que accedan a todos los contenidos del aula: como facilitar los videos subtitulados, seguir un control de los turnos de palabra, tratar de proporcionar más material visual, etc. Por todas estas razones es importante la plena colaboración con los intérpretes. De esta manera, pueden desarrollar sus funciones correctamente y los alumnos pueden acceder a toda la información y comunicación de una manera adecuada. Además, el intérprete, como en cualquier profesión, se rige por un código deontológico, en el que los principios fundamentales de esta profesión son la neutralidad, la fidelidad y la confidencialidad.

Para concluir, la presencia del intérprete de lengua de signos en las aulas se convierte en un servicio muy importante en la vida de los estudiantes sordos, de los profesores y, en última instancia, de la comunidad educativa. La inclusión de intérpretes en el ámbito académico tiene un impacto muy positivo en la vida de los estudiantes sordos que, poco a poco, quieren continuar su formación. Esto es posible porque el intérprete permite a los estudiantes sordos acceder a todo el currículo académico en lenguaje de signos. De esta manera, pueden lograr un futuro con más posibilidades en el mundo laboral, en igualdad de condiciones, en igualdad de oportunidades.

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