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Convivencia familiar durante las fiestas de Navidad: 10 consejos prácticos

Convivencia familiar durante las fiestas de Navidad: 10 consejos prácticos

Claudio Marcelo López Mora
Mediador del departamento de convivencia y acción comunitaria de la Fundación Pere Tarrés
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20.12.22

Se avecinan las esperadas fiestas de Navidad. Este año, se presentan como unas fiestas especiales, ya que tenemos el reto de reanudar la normalidad después de que las últimas ediciones se vieran afectadas por pandemias, confinamientos y restricciones.

Hay quien dice que ya no volveremos a relacionarnos de la misma manera, pero lo que está claro es que se continuarán dando, durante las reuniones familiares de estas fechas, los desacuerdos típicos con los padres, las desavenencias frecuentes con los hijos y hermanos o las discusiones ineludibles con los cuñados. En definitiva, los inevitables conflictos familiares.

Os ofrezco, a continuación, por un lado (A), una serie de consideraciones y reflexiones, encabezadas por frases y refranes propios de la sabiduría popular, y, por otra parte, (B), un conjunto de consejos prácticos para hacerlo os más agradable la cara menos amable de las fiestas de Navidad.

A) Claves o consideraciones en torno al conflicto y las emociones relacionadas: la frustración, la impotencia, el enfado, la rabia, etc.

—Si alguien se acerca a ti con un regalo y tú no lo aceptas, ¿a quién pertenece el regalo? —preguntó el maestro.

—A quien intentó entregarlo— respondió el alumno.

—Porque lo mismo vale para la envidia, la rabia y los insultos —dijo el maestro —cuando no son aceptados, siguen perteneciendo a quien los cargaba consigo.

Anónimo.

Todos y todas, en algún momento, nos hemos visto desbordados, bloqueados o perturbados por la mala gestión de un conflicto. La mayor parte de las personas entendemos que se trata de una situación que, si se desboca, puede resultar muy destructiva en muchos aspectos, más si se da en contextos familiares. No me interprete mal, no pretendo presentar el conflicto como un objetivo que hay que erradicar cueste lo que cueste de nuestras vidas; no es esto. Los conflictos no son malos en sí mismos, lo malo es no saber, o no poder, manejarlos de forma adecuada o conveniente. También es necesario reconocer que, sin ellos, no existiría la justicia social, ni la lucha por los derechos. El conflicto tiene su sentido y su razón de ser, a modo de crecimiento y desarrollo, tanto de la creatividad como de la construcción de soluciones. Bien planteado, el conflicto puede aportarnos las oportunidades y soluciones que no podríamos llegar a descubrir si no se nos hubiera presentado el reto de su resolución. Incluso tiene la calidad de fortalecer los lazos de nuestras relaciones. Fíjense, precisamente, que las relaciones que perduran en el tiempo no son las que no sufren conflictos, sino las que los gestionan adecuadamente.

Por estas razones os presento algunas consideraciones que utilizamos en la mediación familiar para redirigir convenientemente los conflictos y sus perturbaciones emocionales consecuentes:

1. «No caer en la trampa». No seguir el juego de las provocaciones o comentarios injustos. En muchas ocasiones, el germen de una mala gestión de una situación conflictiva radica en aferrarnos a una serie de exigencias superlativas de respeto o de percepción de injusticias, por ejemplo:

- No soporto que mi hermana me trate injustamente.

- Es intolerable que mis padres me falten el respeto.

- Estoy harto de que las cosas no salgan como yo quiero, la gente se presenta tarde.

- Es terrible no conseguir lo que me propongo: el pavo se ha quemado de nuevo en el horno.

Exigir constantemente que las personas de nuestro entorno cotidiano, especialmente nuestros familiares, siempre nos respeten y traten con justicia, es deseable, claro que sí, pero no es realista. Simplemente, esto no va a suceder siempre. Desafortunadamente, en ocasiones, no se nos tendrá el respeto que desearíamos en los encuentros navideños. «No caer en la trampa» no es resignarse o permitir que te humillan, simplemente es ser más estratégico e inteligente en la gestión emocional y social. Esto ocurrió por no tener una mirada cortoplacista y poder ver más allá de las dificultades que se presentan en este momento, así como poder hacer un balance de los pros y de los contras que implicarían «caer en la trampa».

2. «A palabras de necias, oídos sordas» No te bajes al nivel de quien te provoca o al de un niño que llora y patalea cuando las cosas no salen como ellos quieren. En algún momento, alguien nos va a faltar el respeto y nos va a tratar injustamente. Y hay que comprender que, a escala profunda, no nos conviene dejarnos contagiar por su rabia, su ira o sus malos modos. Nos conviene ser conscientes de que esto ocurrirá, estar preparados y no dejarnos contaminar.

El propio consejo es aplicable a la exigencia que nos imponemos cuando pensamos que las cosas deben salir siempre de acuerdo con nuestras preferencias. Esto implica no saber aceptar que la realidad es tal y como es. Exigir que la vida, la gente y las cosas dejen de ser como son, para que sean como un vuelo que sean, es realmente deseable, no lo niego, pero no es realista; desgraciadamente, obedece a una realidad que se impone. Puesto que es inevitable que esto ocurra, debemos concentrar nuestras fuerzas en estar preparados y responder de una manera más eficaz y menos dañina cuando se nos presenten las provocaciones y los comentarios injustos.

3. «Por mucho que grites, no tendrás más razón». Puedes tener toda la razón del mundo, pero si dejas que la bestia salga, perderás la razón, literalmente. Dejar que la ira se desboque te quita totalmente la razón y no es la forma más constructiva de hacer frente a una situación conflictiva con tu familia (ni con nadie). El hecho de que nos traten mal no nos legitima moralmente para responder por igual o con una respuesta violenta. Sólo contribuyes a una escalada sin fin del conflicto. Reaccionar agresivamente ante el conflicto tampoco ayudará a que las cosas sean como tú prefieres que sean. Emplearías una energía muy valiosa que no te llevará a nada. Bien, sí, te llevará a pagar una gran factura emocional ya un deterioro de tus relaciones familiares, muchas veces irreparable.

4. «No hay mal que cien años dure». No te subestimes, eres más fuerte de lo que crees; puedes soportar que te traten injustamente o que las cosas no salgan como te gustaría. Puedes aguantar todo esto, no es intolerable, ni insoportable; realmente son situaciones incómodas, desagradables e inconvenientes, pero nunca terribles o insoportables. Entiende y asume que los demás pueden molestarte; no es la situación preferible, pero si exiges que esto no ocurra nunca, esta autoimposición dogmática te alterará. Es tu exigencia que es intolerable, lo que te va a producir perturbación y sufrimiento. La clave está en cómo te lo tomas o quieres tomártelo: «no es Pep quien me pone muy nervioso, soy yo quien le da el poder a Pep para que me ponga muy nervioso».

5. Aferrarse a la rabia es como coger un carbón ardiendo con la intención de echarlo a alguien; eres tú quien te quemas. (Buda). Aplicamos también unas reflexiones prácticas sobre qué ocurre cuando no ponemos medidas para redirigir nuestro conflicto de forma adecuada:

- ¿De qué me sirve ponerme como una fiera cuando alguien de mi entorno no se comporta como yo creo que es la forma correcta?

- ¿Arreglará esto las cosas? ¿Es esta la forma en que me gustaría reaccionar?

- ¿Reaccionar impulsivamente ante este conflicto me ayuda a ser la persona que quiero ser ya mantener unas relaciones sanas?

- ¿Cuáles son las ventajas e inconvenientes de reaccionar de forma inadecuada a esta desavenencia? ¿Cómo quiero que me recuerden a mis familiares, amigos y compañeros: como una buena persona o como una bestia irracional?

6. «Nunca es tarde cuando llega». Considera que siempre estás a tiempo de rectificar y asumir tu parte de responsabilidad. Una de las demandas que nos encontramos en los servicios de mediación es que los usuarios de nuestros servicios nos exigen que les brindemos las claves definitivas, las técnicas infalibles o el brebaje mágico que erradique de una vez por todas los conflictos de sus vidas o, al menos, ese conflicto «que traen». Esto es irreal, como os decía anteriormente, porque el conflicto es una herramienta evolutiva y necesaria, que no es necesario negar, sino redirigir. Y siempre estamos a tiempo de reconducirlo, aunque alguien haya metido bien la pata hasta el fondo; siempre estamos a tiempo de enmendar lo que se ha estropeado, de corregir los errores, de reponer lo que se ha roto, etc. Mantener esta actitud de responsabilidad frente al conflicto sale mucho más a cuenta, sin duda, que abrir la puerta del terreno de la devaluación y el desprecio del otro. Mejor abrir la puerta de la responsabilidad y la humildad. No dejes que un conflicto mal gestionado se dilate en el tiempo, menos aún con familiares y seres queridos.

B) Técnicas a aplicar cuando el conflicto nos desborda.

El conflicto, en exceso y mal gestionado, puede resultar perjudicial y puede romper relaciones fundamentales, como las familiares. No es conveniente manejarlo con enfado, rabia, frustración o impotencia; entre otras razones, dejarnos llevar por estas emociones a la hora de afrontar una situación conflictiva, puede ser muy dañino para nosotros y para las personas que amamos y que forman parte de nuestro círculo más íntimo. A continuación le facilitaré algunas técnicas concretas para aplicar cuando el conflicto nos desborda y no sabemos cómo reaccionar:

1. Técnica de “tiempo fundido” o “knock out”. Si te ves muy desbordado por el conflicto, siempre puedes cambiar de estancia, de sala, incluso salir a la calle, y dejar que se enfríe la situación para no reaccionar, en caliente, de forma inconveniente y sufrida.

Piensa que aunque tengas ganas de desplegar toda tu ira, eso no te conviene, aunque puedas tener razón. ¿Reflexiona en torno a «cómo me gustaría que me recordaran mis hijos, mi pareja, mis amigos o familiares?», «Si me grabaran ahora los del programa de televisión Hermano mayor, ¿cómo saldría? ¿Estaría orgulloso? ¿Esta que veo es la persona que quiero ser? ¿Así quiero ser recordado?».

2. Técnica del volcán o semáforo. Tienes que aprender a identificar tus sensaciones, la rabia y el enfado, emociones típicas en los conflictos familiares. Son como un volcán, pasan por distintos niveles antes de entrar en erupción. Hay que identificar dónde están estas emociones, dónde se localizan —por ejemplo, en el pecho, en la garganta, etc.— o imaginar también que son como un semáforo. Es conveniente reconocer nuestro «punto de no retorno»: donde nace, cuando nace y antes de que llegue al color rojo, es el momento de hacer un STOP, un auto-indicación que te invite de manera imperativa a parar y hacer un TIEMPO FUERZO (salir de la habitación, como decíamos antes). Aquí es el momento de acceder y tener presente las consideraciones de la parte A) que detallo más arriba.

3. Técnica de estirar las manos. También puedes aplicar la técnica de quitarte la tensión apretando los puños y estirando las manos rápidamente 30 veces, ni una más, ni una menos. Para ello, debes contraer las manos, doblar los codos, apretar y después, ¡zas!, desplegarlos con firmeza, como si salpicaras. Tiene su sentido, está demostrado que, practicar este ejercicio, es muy útil para desactivar la adrenalina y sacarle carga a las emociones negativas cuando un conflicto nos está afectando.

4. Técnica de la respiración 5"-7"-10". Este método consiste en inspirar lentamente con el diafragma durante 5 segundos, contener la respiración durante 7 segundos y exhalar sin prisa durante 10 segundos en el momento que se presenta o se esté a punto de presentar el conflicto y su consecuente sufrimiento Respira siguiendo este patrón durante varios minutos, repitiendo el ciclo, también puedes utilizar otros métodos de relajación que tú prefieras o con los que estés más familiarizado.

Despido este artículo con un bello poema de Sam Keen, llamado Para crear a un enemigo:

Para crear un enemigo toma un lienzo en blanco y esboza en él las figuras de hombres, mujeres y niños. Sumerge en la paleta inconsciente de tu sombra alienada un gran pincel y garabatea a los extraños con los turbios colores de la sombra. Dibuja en el rostro de tu enemigo la envidia, el odio y la crueldad que no te atreves a admitir como propias. Sombra todo apunto de simpatía en sus rostros. Borra cualquier indicio de los amores, esperanzas y temores que se constelan caleidoscópicamente en tomo en el corazón de todo ser humano. Deforma su sonrisa hasta que adopte el aspecto tenebroso de una mueca de crueldad. Arranca la piel de los huesos hasta que apunte el esqueleto inerme de la muerte. Exagera cada rasgo hasta transformar a cada ser humano en una bestia, una alimaña, un insecto. Llena el fondo del cuadro con todos los diablos, demonios y figuras malignas que alimentan nuestras pesadillas ancestrales. Cuando hayas terminado el retrato de tu enemigo podrás matarlo y descuartizarlo sin sentir vergüenza ni culpa alguna. Porque entonces lo que vas a destruir se habrá convertido en un enemigo de Dios o en un obstáculo para la sagrada dialéctica de la historia.

Os deseo unas buenas y «bien gestionadas» fiestas de Navidad.