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20 años de la Ley del menor

20 años de la Ley del menor

Esther Giménez-Salinas
Directora de la Cátedra de Justícia social y restaurativa y profesora de la Facultad de Educación Social y Trabajo Social Pere Tarrés - URL
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20.07.20

Se cumplen ahora 20 años de la ley más importante en materia de justicia juvenil, concretamente, es la Ley de responsabilidad penal de menores, que fue aprobada en enero de 2000. Hacía mucho tiempo que la sociedad pedía una nueva ley, una regulación, más garantías para los menores, pero sobre todo que tuviera un componente, por un lado, sancionador y, por el otro, educativo.

Veníamos de unos tiempos donde los menores no tenían casi ni derechos ni garantías. El marco normativo tenía más un componente sancionador que no educativo. La Ley fue aprobada con una amplísima mayoría y, aunque determinados partidos, en un momento determinado, se abstuvieron, todo el mundo consideró que era un gran avance respecto al sistema de justicia juvenil.

Recuerdo bien los debates, los debates también en el propio Parlamento, cuando, de alguna manera, se discutía si antes escogeríamos el modelo alemán o el modelo francés. Nunca se copia un sistema exactamente porque la realidad del país es otra, pero en este caso nosotros nos decantamos más bien por el modelo alemán.

El modelo alemán significaba que, por debajo de una determinada edad, los menores no son responsables. Entró con una propuesta de anteproyecto con los 13 años y, a raíz de una modificación y una enmienda de Izquierda Unida, se estableció en los 14. Esto significa que los menores de 14 que hacen un delito no tienen ningún tipo de responsabilidad penal. Luego está la edad, la franja de entre 14 y 18 años, y también se aprobó la franja 18-21, solo que esta nunca estuvo en vigor. La vacatio legis, que quiere decir que hay un tiempo para poner en marcha la ley, en esto caso, esta parte no se llevó a cabo nunca.

Por lo tanto, cuando hablamos de Justicia juvenil, estamos hablando de jóvenes de entre 14 y 18 años que han hecho un delito y con los que la respuesta tiene un gran peso educativo y, en todo caso, tiene una parte sancionadora porque es una medida impuesta. En ese momento, por ejemplo, cuando se aprobó la Ley, alrededor del 20% de jóvenes aún tenían una medida de internamiento. La Ley pone de forma muy clara que se debe hacer todo lo posible para que el internamiento sea el último recurso.Desde 2010 hasta el 2019, el internamiento es solo un 7%, aproximadamente, de las medidas.

La inmensa mayoría de jóvenes están tratados en medio abierto, en el sistema de libertad vigilada o de otra medida. Y también se insistió, en ese momento, en la posibilidad de introducir la Justicia restaurativa y la mediación para los jóvenes. Esto, podríamos decir, era muy moderno, porque era muy innovador. Justicia restaurativa significa que no solo nos centramos en los jóvenes sino también en la víctima. Entonces, esto tenía la intención de empezar por los menores para, poco a poco, también implantarlo en el sistema de adultos.

Hoy, 20 años después, podríamos hacer una valoración positiva de la Ley, de la forma en que se aplicó, de la forma en que se introdujo la Justicia restaurativa. De cómo se dio a los jóvenes esta oportunidad de que el sistema penal sea fundamentalmente educativo y no sancionador.

La idea en ese momento de que todo esto se podría trasladar al mundo adulto no se ha producido. De hecho, mi impresión es, y lo tendríamos que ver con las estadísticas, que en este país todavía se hace un abuso masivo de la sanción de la prisión. La pena privativa de libertad en el mundo adulto, es decir, a partir de 18 años, todavía es la pena más importante.

Por lo tanto, esta influencia tan necesaria del sistema de jóvenes hacia los adultos no se ha producido. Es una situación que la veo casi esquizofrénica. ¿Por qué tenemos un sistema tan bueno para los jóvenes y en cuanto cumplen 18 años entran en un sistema tan represivo? Esto seguramente no es el mejor mensaje que se puede dar para reinsertar la as personas, para dar una oportunidad de poder, de alguna forma, reparar el daño producido.