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Diez años del programa de formación para personas cuidadoras no profesionales

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Diez años del programa de formación para personas cuidadoras no profesionales
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14.12.17

Las personas no estamos habituadas actualmente a atender un familiar dependiente ni hemos recibido una formación específica para hacerlo. La atención continuada, además, produce desgaste al organismo, y más si el cuidador no está ya en plenas condiciones físicas por diferentes motivos, a la vez que desgaste moral. Se viven sentimientos de tristeza, desaliento, falta de iniciativa que unidos a la responsabilidad pueden provocar cierto aislamiento social. La dedicación que requiere la cura de la persona dependiente provoca que se dejen de hacer actividades sociales o aficiones o que se pierdan amistades por falta de contacto.

Hace 10 años que a la Fundación Pere Tarrés nos propusimos hacer un programa que fuera útil y beneficioso para las persones cuidadoras, que los ayudara a mejorar su calidad de vida. Lo que pretendíamos era que la persona que asumía la responsabilidad de atender a algún gran dependiente, no le supusiera una pérdida significativa en su calidad de vida. Yendo más allá de la donación abnegada al ser querido carecido de facultades, se pensaba en la dificultad y la promoción humana de quien lo acompañaba en este periodo de su vida que queremos rico para ambos, dentro de las limitaciones de la situación.

Con el programa hemos procurado aportar conocimientos prácticos y sobre todo apoyo humano, favorecer el contacto entre las persones cuidadoras que, muy seguro, ha sido tan enriquecedor o más, que los contenidos que nuestros profesores hayan podido transmitir.

Deseamos que las personas que han participado en cualquier de las ediciones del programa les haya servido para su objetivo individual de poder atender mejor al familiar estimado dependiente, pero también a tomar plena conciencia de su situación personal.

Amar el otro parte también de saberse amar un mismo, de encontrar recursos para crecer y vivir en plenitud esta etapa de la vida, tanto para un mismo, como por los beneficios que reportará a quienes cuidamos.

Y lo más importante, que la participación haya supuesto para ellos y ellas un cambio de actitudes, de hábitos, de costumbres y no sólo un breve paréntesis en una cotidianidad difícil. Deseamos y confiamos que las relaciones establecidas, que la perspectiva adquirida que puede abrirlos a otras relaciones más cercanas, orienten su cotidianidad de forma más llena.

Incluso las herramientas virtuales sobre las cuales se ha podido trabajar, se tienen que convertir en instrumentos que favorezcan estos contactos, consultas, relaciones de las cuales aprendemos técnicamente y humana, a sabiendas de hacerse valer en el contexto familiar, laboral, de ocio y sobre todo los llenen como personas.