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¿Quién tiene prejuicios?

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¿Quién tiene prejuicios?
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05.09.18

Un día vi un vídeo de un experimento: un hombre vestido con traje y corbata, sale de la boca del metro, camina cuatro pasos y cae desplomado, parece como si tuviera un ataque al corazón. Como puede, pide ayuda. ¿Resultado? En un momento todo el mundo se le acerca para ayudarle.

Al día siguiente se ve el mismo hombre, pero que va vestido todo harapiento, como si viviera en la calle. Sale de la boca del metro, en la misma calle concurrida, anda unos pasos y cae desplomado al suelo. Al igual que en la situación anterior, se las apaña para pedir ayuda. Parece como si tuviera un ataque al corazón. ¿Resultado? La gente lo mira de reojo y pasa de largo.

Todos tenemos prejuicios.

Como dice Bennet, prejuicio significa 'prejuzgar'. Es una idea o una actitud preconcebida a partir de informaciones o experiencias restringidas. Forma parte de la naturaleza humana prejuzgar, poner etiquetas, para decidir si una determinada situación, persona o cosa es segura o nos resulta conocida.

Ahora bien, si por nuestro contexto, nuestras experiencias, hemos tenido poco acceso a personas, situaciones y cosas diferentes, es fácil que percibamos que nuestra propia experiencia es la experiencia real, y todo lo que se desvía, que se aparta, nos es diferente, desconocido y lo percibiremos como si fuera peligroso, incluso una amenaza.

Como dijo alguien, "Todos criticamos los prejuicios, pero todos tenemos prejuicios", todos tenemos una zona de confort, unas experiencias, unas vivencias, pero en un momento u otro nos encontramos con diferencias y es entonces cuando tendemos a prejuzgar, a poner etiquetas.

Los prejuicios pueden manifestarse de muchas maneras diferentes: por el color de piel, por si eres de pueblo o de ciudad o por la manera de vestir, por ejemplo. Ahora bien, ¿tenemos que percibir la diferencia como una amenaza o como una oportunidad?

Pongamos por caso una mujer que va conduciendo con el coche y lleva a sus hijos detrás. Circula por un barrio por el que no suele ir. Se detiene en un semáforo y en la esquina ve un grupo de chicos que van vestidos con los pantalones caídos, hablando fuerte y fumando. Automáticamente pulsa el seguro, bloquea las puertas y fija la mirada adelante mientras da un vistazo rápido en dirección a los chicos y espera a que el semáforo se ponga verde.

La mujer no tiene ninguna experiencia personal en ese barrio ni en aquella comunidad; sólo lo que ha escuchado en los medios de comunicación y lo conocidos suyos dicen sobre que es un barrio peligroso y lo ha creído sin dudar ni un segundo.

Por cómo ha actuado, ha enseñado a los hijos a tener miedo de chicos vestidos como los que se ha encontrado, que se socializan como lo hacen y que son en este barrio. Cuando los hijos crezcan, tendrán este prejuicio si no es que tienen experiencias personales que contradigan este mensaje.

Quizás los chicos estaban en el descanso del trabajo o acababan de salir del instituto. Podrían haber estado haciendo muchas cosas que no implicaran actividades criminales. Ahora bien, la información restringida de la mujer le ha hecho suponer que no hacían nada bueno allí y ha actuado de acuerdo con su prejuicio.

La información que nos resulta conocida nos proporciona seguridad, nos da confort, pero en cambio un prejuicio nos puede hacer perder la oportunidad de conectar con la humanidad de los otros que tienen una apariencia, una lengua o un dialecto totalmente diferentes a los nuestros.

Si la mujer hubiera estado completamente perdida con el coche, ¿habría dejado escapar la oportunidad de pedir indicaciones a los chicos?

Tal como dijo Henry Moore, nada debería ser tabú; ninguna teoría ni prejuicio debería cerrarnos puertas.