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El rol de la ciudadanía en el proceso de reinserción de las personas privadas de libertad

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El rol de la ciudadanía en el proceso de reinserción de las personas privadas de libertad
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03.08.17

Si hablamos del propósito de las Prisiones, casi de manera coral podremos repetir como mantra la palabra "Reinserción". Este mandamiento constitucional, aplaudido por la comunidad desde la aprobación de la Ley Orgánica Penitenciaria General, ha sido el horizonte hacia donde deben guiarse los barcos del sistema penitenciario. Un horizonte, sin embargo, que será distante, y donde la confianza que se puede alcanzar ya no es tanto coral. La idea de la reinserción a menudo se ha puesto en duda tanto en las reuniones de café, con argumentos alimentados por la ventaja morbosa de los medios de comunicación, como en conversaciones más académicas, donde la gestión del riesgo, tanto presente en la actualidad, como el miedo a demostrar que el sistema social actual requiere cambios estructurales, nos lleva a identificar a los criminales , o mejor dicho, personas que han cometido un crimen, en los enemigos de lo social.

Por lo tanto, es curioso ver cómo la misma sociedad aplaude la necesidad de crear estructuras que funcionen para la reintegración, no cree siempre que estoel sea posible. Desidir del crimen depende de una amalgama diversa de situaciones y experiencias que llevan a quienes han cometido un crimen a no repetirlo de nuevo. Pero entre ellos, el castigo, entendido como un mayor castigo y retribución, nunca son la solución. El proceso de retiro, entonces, tiene tres momentos para considerar:

- Nadie cambia  si no quiere. Y con esta premisa debemos actuar. La "colleja" criminal que reclamamos a aquellos que transgreden el límite, sirve muy poco. Con esto no digo que las prisiones o la privación de libertad no sean necesarias, pero está muy claro que si no hacemos nada más, la mera entrada a la prisión no tiene efectos desiste.

Los factores de protección son la clave para el cambio. Los profesionales de la educación siempre se han centrado en la preocupación por los factores de riesgo. Obsesionados con impedir que reaparezcan, dejamos de lado el empoderamiento de los factores protectores, aquellos que nos permitirán construir una nueva identidad, empoderando a la persona para que sea alguien diferente de lo que ha sido hasta ahora. ¿quién soy? ¿Quién quiero ser en el futuro? La respuesta a estas preguntas no es por el sufijo "ex-" sino mediante la construcción de alguien nuevo, alguien diferente. Y este proceso radica en la educación como la principal fuente de alimentos. Desde el ex-toxicólogo hasta el buen trabajador o buen padre no sólo hay unos pocos gramos de heroína o hachís de menos, sino un sentimiento que debe ser construido.

La mirada comunitaria como un validador de cambio. En el punto anterior, los buques de rehabilitación penitenciaria creen que han llegado a su destino. Tiran los anclajes del tratamiento y descargan las mercancías transformadas en puerto. Pero si las personas que tienen que recibir el trabajo realizado no participan y no creen en el verdadero poder de la transformación, poco se puede hacer al respecto. Empresarios, vecinos, reporteros, administraciones,.... todos corren a poner la etiqueta de los "ex-" en sus espaldas y, como si viviéramos en Miracle Village, están marcados como los leprosos del siglo XXI. Si aquellos que tienen que acoger, que tienen que hacer un lugar al lado de las personas que empiezan de nuevo, no se mueven de su área, es complicado y difícil.

La reinserción requiere el apoyo y la participación activa de toda la comunidad. Estamos muy acostumbrados a ver cómo la sociedad delega a terceros, en este caso a la administración penitenciaria, la responsabilidad de hacer bien el trabajo. Este fenómeno de la externalización es lo que nos lleva a estar indignados con los jueces y las prisiones cada vez que alguien repite. Un barco no puede dirigirlo solo el ca el capitán. Además de los marineros, necesita que los carpinteros revisen la madera, los pintores que repintan el techo, los trabajadores portuarios, los pasajeros que suman allí,.... de la misma manera la reinserción es responsabilidad de toda la comunidad.

La retirada, y por lo tanto la consiguiente reintegración solicitada por el mandamiento constitucional, requiere establecer redes donde la comunidad desempeña un papel importante y crucial durante todo el proceso. En los últimos años hemos tenido la suerte, dentro del Grupo de Investigación GIAS, de comprobar que el horizonte de la reinserción no es la utopía, sino el nombre de un puerto. Las últimas investigaciones en el campo de la prisión han demostrado que es posible que una persona quiera y pueda dejar de cometer delitos y redirigir su situación personal. Y en todos los ejemplos hay dos piezas clave que son el ajuste perfecto: los trabajadores y educadores sociales, y en el otro la propia comunidad.

Es hora de abrir las prisiones, y hacerlas más permeables a entidades, asociaciones y universidades, así como otros servicios de la administración. El trabajo que los profesionales desarrollan excepcional y maravillosamente, debe ser compartido con las entidades sociales. El proceso de acompañamiento para el cambio no depende de disciplinas o especialidades, sino del trabajo compartido. También es hora de que los servicios sociales y los recursos especializados entren en los centros. Comenzamos a trabajar juntos en los casos y continuamos el trabajo que ha comenzado dentro de la prisión. No se puede reinsertar a una persona de la privación de libertad, y es por eso que el trabajo en red es crucial.

Pero, en lugar de abrir puertas, una realidad que está cada vez más presente en el sistema penitenciario catalán, ampliemos la mirada. Creemos que el espigón del puerto al que el barco atracará para su reinserción es lo que chafamos con nuestros pies, y ofrecemos el apoyo y la ayuda que una persona necesita para ser parte de la sociedad de nuevo. No es fácil ser parte de esto cuando tienes 18 años. Y aquí los profesionales sociales juegan un papel importante, la conciencia social es el amarre al que tenemos que llevar para que el buen trabajo que se hace dentro de las prisiones sea una realidad. El apoyo es la eliminación de los prejuicios y el compromiso de hacer de la segunda oportunidad no un ideal, sino un hecho.