EDUCACIÓN SOCIAL Y TRABAJO SOCIAL
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La normalidad como generadora de exclusión

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La normalidad como generadora de exclusión
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17.04.19

Ser “normal” es imposible, en primer lugar, porque el ser humano se caracteriza precisamente por la diversidad individual y, en segundo lugar, porque la “normalidad” no existe, y es solamente una construcción social. Pero, atención, porque este tema nos interpela como referentes educativos.

La “normalidad” es una idea que quizás sea un dato estadístico pero que no es extrapolable a las personas. No existen las personas “normales” porque justamente una condición humana es su propia diversidad. Pero también es cierto que el sistema está montado mayoritariamente para los “normales”.

Las ciudades, nuestras calles, el sistema educativo, los servicios, muchos de los cines y teatros y la mayoría de transportes cumplen escrupulosamente su función para las personas estadísticamente “normales”, pero se olvidan, y no son realmente accesibles, en muchos casos, para el resto. ¿Y eso que significa?  Pues que las personas que se salen de esa “normalidad” estadística, las que tienen una forma de hacer las cosas que se alejan de lo más habitual, tienen problemas que llegan a traducirse en exclusión social. Por ejemplo, ¿acaso os creéis qué si todos utilizásemos sillas de ruedas para desplazarnos, los autobuses tendrían más de treinta centímetros que superar? ¿Acaso creéis que si hubiera un 50% de zurdos y de diestros la mayoría de los utensilios no estarían fabricados para que fuesen cómodos en ambos casos? En las dos situaciones el problema no es ser una persona con diversidad funcional o ser zurdo, sino funcionar de manera diferente a la mayoría.

¿Y quién marca lo que es “normal”? Intervienen muchos agentes, por ejemplo, las películas de grandes producciones. Nos hacen creer que lo “normal” es ser un hombre o mujer con una buena casa, un buen coche, atractivo, triunfador y, por supuesto, heterosexual. Porque hay lobbies, algunos poderes, a los que les interesa que te creas que lo “normal” es tener coche y vestir cada año con el armario de ropa renovado. Pues bien, la dictadura de la “normalidad” puede hacer que muchas personas no se sientan cómodas consigo mismas por pensar que se salen de ese modelo, generando cierta infelicidad e insatisfacción.

Fijaos, es tan importante que la Universidad de Yale, hace muy poco, publicó una investigación que llegaba a la conclusión de que el sistema evolutivo del ser humano está caracterizado, justamente, por la diversidad. Hay que tener en cuenta que, en educación, uno de los peligros es que se asocie esta falsa “normalidad” a la idea de saludable o incluso a lo de moralmente aceptable. Los profesionales de la educación debemos extremar las precauciones para no acompañar los procesos de las personas únicamente desde el eje de referencia de la “normalidad” y deberíamos trabajar desde el eje de referencia de la diversidad humana.

Está claro que como referentes educativos podemos informar y presentar cuales son algunas convenciones, pero debemos de equilibrarlas con las propias decisiones de las personas y con la diversidad individual que les hacen seres únicos.

¿Qué es para ti ser “normal”? Antes de trabajar en educación deberíamos reflexionar sobre cuáles son las cosas que nosotros consideramos “normales” y si realmente eso entorpece nuestra intervención en el derecho a ser diverso.

Ser “normal” es imposible, es más, seguro que en algún momento de tu vida has sido o te has comportado fuera de lo que alguien ha denominado como “normal”. Y lo has hecho porque ser diverso es lo más “normal”.