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Intervención penitenciaria exitosa. Qué funciona en nuestra casa?

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Intervención penitenciaria exitosa. Qué funciona en nuestra casa?
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20.11.16

La aparición en prensa estos días de una noticia atroz como la reincidencia de un delincuente sexual nos lleva, una vez más, a los años 70 y a inspeccionar de nuevo la tesis Robert Martinson y su What Works?

Muchos han estado cuestionando si el tratamiento penitenciario es efectivo, o si la intervención educativa llevada a cabo en las prisiones catalanas permite alcanzar el ideal constitucional de rehabilitación. Hemos podido leer a los defensores de las tesis incapacitantes siguiendo el Derecho Penal del Enemigo, junto con tesis más humanistas que defienden el modelo criminal actual. Muchas veces, el altavoz de los medios de comunicación frente a hechos singulares como este nos hace perder de vista la globalidad de la aplicación criminal. No pretende justificar el delito, en ningún caso es justificable que alguien se salte la norma y menos lastima a otra persona, pero puede ser interesante revisar la importancia del tratamiento en las prisiones y el énfasis de modelos que, además de influir en la etiología criminal, permiten la construcción de ciudadanos participativos , crítica y comprometida con la comunidad. Podemos afirmar sin temor a error que el tratamiento penitenciario funciona, pero esto debe tener una serie de condiciones que deben darse para que sea posible.

El Grupo de Investigación GIAS lleva más de seis años trabajando en la definición de modelos criminales inclusivos. Estos años de investigación nos han permitido definir un modelo de intervención penitenciaria, la pedagogía social comunitaria, que mejora la calidad de vida de las personas privadas de libertad, permitiendo al mismo tiempo mayores cuotas de cohesión social a través de la reducción del riesgo de recurrencia, así como la creación de espacios comunitarios abiertos a los procesos de inclusión.

Es muy claro y conocido que la privación de libertad, por sí sola, no es eficaz en el proceso de cambio. Castigar, cerrar o aislar no resuelve el problema que ha llevado a la persona a cometer un delito. La retirada penal pasa por la voluntad de cambiar a la persona, pero ésta debe estar motivada por los profesionales y colaboradores de las Prisiones. Y en este punto, los educadores y educadores sociales tienen mucho que decir. Los centros penitenciarios, concebidos tradicionalmente como espacios de expiación de los males, tienen que convertirse en espacios educativos en espacios de cambio y de intervencion penitenciaria. El cambio tiene que ser provocado, pero no forzado, para que se pueda asegurar la reinserción social.

El Departamento de Justicia ha entendido la importancia de la intervención penitenciaria tanto individualmente como en el ambiente y propone una intervención multimodal que permite alcanzar cuotas de repetición que requieren optimismo. Los programas de tratamiento, basados en la mejora de las habilidades relacionadas con la etiología criminal, tienen datos muy bajos de recurrencia: 8% en violencia de género o 5% en agresores sexuales. El global de Cataluña tiene una interesante recurrencia: sólo el 30% de los reclusos regresan a las prisiones por un nuevo delito. Programas como los Círculos de Apoyo y Acompañamiento, que aseguran el apoyo a los reclusos en alto riesgo de recurrencia sexual a su regreso a la comunidad, con una reducción del 83% en los delitos de los presos de este perfil, o los Modelos de Participación y Convivencia del Centro Penitenciario de Lledoners con una reducción de más del 10% de recurrencia en comparación con el modelo penal catalán , son ejemplos exitosos de nuestro sistema de justicia penal.

Pero este éxito lleva asociado una forma de trabajar, una concepción de la intervención penitenciaria que permite mejorar el proceso de reinserción social de las personas en libertad. Es cierto que todavía hay reincidencias, y no es menos cierto que el trabajo no está completamente terminado, pero la prevención del delito no tiene que ser exclusiva del derecho penal, pero somos responsables de ello toda la comunidad.

Identificar prácticas de riesgo y posibilitar un mejor vínculo de la persona con la comunidad son estrategias fundamentales. Y en esta linea trabajan los modelos penales exitosos: 

-Superación de modelos carcelarios dicotómics (seguridad interior vs tratamiento) para modelos de intervención interdisciplinarios absolutos. La institución penitenciaria es un espacio de cambio en el que son responsables todos sus agentes.

- Participación activa del interno. Se supera la idea de persona como a sujeto pasivo y recepto del tratamiento, propio de los modelos clínicos, y se pone en el centro del tratamiento. El interno tiene que demostrar su voluntad en el desistimiento y participar activamente en la definición de su itinerario de reinserción.

-Mejora de la implicación de la comunidad. La intervención penitenciaria y con la comunidad aporta mayores cuotas de éxito. Los agentes sociales, las universidades y las administraciones tiene que estar presentes tanto dentro de los Centros Penitenciarios participando del diseño, acción y evaluación de la intervención, como fuera de los centros posibilitando una sociedad preparada para las segundas oportunidades.

- Fomento de los espacios de participación entre todos los agentes implicados: profesionales, internos y colaboradores (mesa de participación social, otras administraciones, empresas, ...), donde se debata y se consensue la norma y los valores imperantes en una sociedad justa.

- Asegurar espacion de transición adecuados generando vínculos con la comunidad y empoderar a la persona a hacer frente a sus propias dificultades con la ayuda de la comunidad.

El tratamiento penitenciario funciona, y hechos estremecedores como los que se han dado no debe hacernos perder de vista el buen trabajo que se realiza desde las prisiones. Pero también debería ayudarnos a evaluar lo que no se ha hecho bien en este caso, así como en otros, y a querer ser mejores cada día en la tarea que tenemos encomendada.

La institución penitenciaria es y debe ser un espacio educativo y de cambio de la persona, a través de la motivación y el proceso de acompañamiento. Somos los educadores sociales y educadores que tenemos una alta responsabilidad de adaptar esta institución a nuevas formas de hacer más humanistas y más inclusivas. Las instituciones son lo que queremos que sean y necesitamos instituciones justas para ayudar a mejorar la cohesión social de la comunidad.