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El acompañamiento educativo de los educadores y educadoras sociales a los menores extranjeros no acompañados

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El acompañamiento educativo de los educadores y educadoras sociales a los menores extranjeros no acompañados
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28.06.18

En estos últimos meses la llegada de los MENA (menores extranjeros no acompañados) en nuestro territorio está poniendo en jaque a la Administración. Y digo a la Administración por no atribuir sólo las responsabilidades sobre este asunto a la Dirección General de Atención a la Infancia y a la Adolescencia (DGAIA), por considerarla una responsabilidad en la que es necesaria la coordinación de diferentes Direcciones y departamentos, a pesar de que la responsabilidad última, por tratarse de niños, sea de la DGAIA.

En los últimos días se ha hecho pública la contratación de un número importante de educadoras y educadores sociales para acoger desde un principio los niños y niñas que llegan a nuestro territorio. ¡Buena decisión!

Los educadores y educadoras sociales somos profesionales universitarios formados para, entre otras funciones, acompañar en los procesos de cambio de las personas, educar en nuevos valores y hábitos, ayudar a encontrar salidas a situaciones complejas, estar y ser con los más vulnerables; siempre desde la técnica, la reflexión y el rigor profesional.
¿Lo hacemos solos? No, imposible, las educadoras y educadores sociales trabajamos coordinadamente con los cuerpos de seguridad, con los trabajadores sociales, psicólogos, maestros, profesionales sanitarios...

En referencia a los MENA, la aportación que los educadores y educadoras sociales podemos hacer es indudable: desde acoger en un primer momento a un niño o niña (más bien adolescente por el perfil de llegada preferente) atendiendo a las primeras necesidades básicas de alimentación, higiene, descanso y cuidados (Maslow, 1943); atender también las necesidades no materiales entendidas como un derecho humano (Manifiesto de Montserrat, 2010), como la escucha y el acompañamiento emocional que serena y rebaja los niveles de angustia y sufrimiento fruto del viaje y genera una percepción de protección; hasta estudiar y proyectar, por cada caso, la situación más beneficiosa atendiendo variables como la edad, la red social existente, la documentación, el estado emocional, así como el respeto a los ritmos, las exigencias y características del momento que viven personalmente y socialmente los niños y niñas; pero sobre todo, teniendo en cuenta su objetivo, por el que han decidido "viajar" hacia aquí. De hecho, el educador y la educadora social conjuntamente con otros organismos e instituciones, trabaja siempre desde los intereses personales del sujeto que acompaña con el fin de velar por su bienestar y contribuir a mejorar sus condiciones de vida y su desarrollo.

El incremento en la contratación de educadores y educadoras sociales para suplir a otros profesionales que en estos momentos forman parte del circuito de acogida y atención a los MENA, no sólo permitirá que la atención a los niños y niñas y el acompañamiento educativo sea de más calidad por la disminución en el ratio de atención, sino que facilitará que el hecho de educar sea posible y real, además de depositar la labor educativa, en clave social, en las manos de los profesionales que han sido formados para tal función.