EDUCACIÓN SOCIAL Y TRABAJO SOCIAL
BLOG DE LA FACULTAD PERE TARRÉS

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La constelación del trabajo en red, una herramienta invisible y necesaria

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La constelación del trabajo en red, una herramienta invisible y necesaria
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13.05.19

Esta noche tenía necesidad de pensar y he salido a dar una vuelta. El camino, sin rumbo previo, me ha llevado a las afueras del pueblo. Vivir en un pueblo, además de muchas otras ventajas, permite contemplar el cielo, claro y sereno, lleno de estrellas que iluminan el camino. Un cielo, mágico y lleno de vida, lleno de estrellas, pequeñas y grandes, jóvenes o viejas, pero estrellas únicas e irrepetibles al fin y al cabo. Y ha sido en este punto que he dejado de pensar en lo que me tenía preocupado, y me he centrado en mirarlas, imaginando los paraísos únicos que forman cada una de ellas. Buscando si podría encontrar el asteroide B-612, esperando que viniera un chiquillo rubito y me hiciera adivinar si era un sombrero, o una serpiente que se ha comido un elefante, lo que había en el dibujo que me mostraba. Más tarde, con la mirada clavada en el cielo, he ido recorriendo estrella a estrella buscando el asteroide del rey, del borracho, del farolero, del geógrafo, e imaginaba como el habitante de cada uno de estos asteroides vivía su vida, a su manera, desentendiéndose del como lo hacía el del asteroide de al lado. Pensando que no conocerlos los hacía un poco más tristes y pobres en su forma de vivir. Y tal vez ha sido el chiquillo de pelo rubio rizado que me hablaba escondido desde un árbol, o desde su asteroide, o desde aquella caja agujereada que había junto al camino, donde debía haber aquel cordero que nunca he sabido dibujar, que me ha hecho recordar una frase de su libro "lo esencial es invisible a los ojos".

Y son estos pequeños hallazgos los que nos hacen sentir vivos y nos hacen querer, todavía más, nuestro trabajo como educadores. Hoy, mientras escribo el artículo que tienen en sus manos, este chiquillo rubito de cabellos rizados, que no entiende los adultos y su forma de ser, me ha hecho ver que lo importante va más allá de lo que podemos ver en primera vista. Desde siempre hemos hablado en educación y trabajo social de la importancia del trabajo en red. Todos llenamos memorias, discursos y acciones de la importancia de esta metodología de trabajo, como garante del éxito en nuestro trabajo, pero no se si lo aplicamos plenamente. El trabajo comunitario, el ser parte y sentirse parte, es la esencia de la educación social. ¿Quién se acuerda del farolero que no se preocupa por él mismo? ¿Quién ayuda al bebedor que bebe porque tiene vergüenza de beber? ¿Quién da el empujón al geógrafo que quiere dar a conocer su saber? Nadie los piensa por separado, sino dentro de la constelación del Principito. Y vuelvo a mirar las estrellas, a mirar hacia arriba y es entonces cuando estas estrellas se difuminan, dejan de presentarse como asteroides separados y los veo como lo que son: pequeñas constelaciones que interactúan entre ellas haciendo del cielo un espacio, ahora si, mágico y sensacional, lleno de vida y dinamismo. Aparece ante mí Andrómeda, Casiopea, Orión y la siempre reconocida Osa Mayor.

Ya no veo estrellas solas, individuales, únicas, sino que la formación de constelaciones me permite orientarme en la oscuridad de los caminos rurales. Pero es ante la majestuosa Vía Láctea cuando las estrellas dejan de tener significado por ellas mismas y toman forma en tanto que son conjunto. Es entonces, de la mano del muchacho de pelo dorado, que mi cabeza de educador y trabajador social entiende el trabajo que estamos haciendo. ¿Cuántas veces en nuestros trabajos nos fijamos sólo en nuestra luz? ¿Cuántas veces no hemos estado orgullosos de nuestro asteroide? Pero realmente, sólo somos eso, un asteroide que forma parte de un libro, de una historia que alguien tiene que vivir. Son las estrellas las que forman las constelaciones y las galaxias, y sólo en una galaxia tiene sentido el trabajo que hacemos.

Cuando trabajamos con personas, nuestro trabajo no es salvar la vida de nadie, sino la de acompañar a la persona a avanzar, a crecer en su proceso vital, y para ello, es evidente que necesitamos de los otros servicios y comunidad. Necesitamos de nuestras constelaciones, de aquellas que brillan con luz propia y que tienen vitalidad y recursos, pero también de las que, sin tanta luz, forman parte de nuestra galaxia. No se trata de brillar con luz propia y que nos señalen como una Estrella Polar, sino de entender que la persona que acompañamos forma parte de un todo y es con el todo con quien tenemos que trabajar. El trabajo en red es, y debe ser, una guía clave en el proyecto de vida de los educadores. Miremos a nuestro alrededor, al trabajo que hacemos, y fijémonos cuántas estrellas configuran nuestra galaxia, cuántas de ellas visitamos de forma regular y cuántas de forma puntual. Nos daremos cuenta de que tenemos todavía muchos más asteroides, entidades, recursos, servicios, personas, asociaciones, ... para visitar y conocer, y que cada asteroide nos aporta más sabiduría en nuestro hacer, pero especialmente, mejora el acompañamiento de la persona, que es el centro y el núcleo de la acción educativa. No dejemos de mirar el cielo de la organización social, busquemos nuevas complicidades, al tiempo que consolidamos los vínculos establecidos. El proceso de éxito en el trabajo educativo pasa por hacer de nuestra relación con la comunidad una Vía Láctea llena de estrellas, personas, entidades y administraciones que nos permitan configurar un tejido social fuerte y eficiente.

Vuelvo a casa contento de haber descubierto, de nuevo, la sabiduría de lo que nos es conocido, pero que a veces olvidamos. Del volver a descubrir que lo esencial es invisible a los ojos. Miro el árbol que hay al lado de casa y veo, tras él, la cara del muchacho de pelo dorado que me sonríe y me guiña el ojo. Este chiquillo, que un día de abril de hace 75 años nació de la mano de un aviador francés, no es otro que la sabiduría de lo obvio: el trabajo entre todas y todos nos hace más fuertes y más capaces.