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A dónde van los migrantes? La migraciones dentro del continente africano

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A dónde van los migrantes? La migraciones dentro del continente africano
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18.12.19

Atravesado por las migraciones internas, el continente africano se ha convertido en un sistema de migraciones en sí mismo, con un flujo de emigrantes siete veces más numeroso que las migraciones internacionales. Con motivo del día internacional de las personas migrantes conviene recordar esta realidad e intentar comprender sus causas.

Contrariamente a lo que imagina buena parte de la población europea, la mayoría de las personas africanas que deciden abandonar su tierra no marchan hacia Europa. Migran hacia otras zonas del continente africano debido al crecimiento demográfico, la pobreza, los conflictos, las economías debilitadas, el crecimiento de la urbanización y la degradación ambiental: el continente africano, inicialmente rural, a partir del siglo XXI ha pasado a ser un territorio básicamente urbano.

La población africana es preeminentemente joven, con un 50% por debajo de los 19 años, y con un crecimiento demográfico acelerado. Hay que recordar también que algunos de los países africanos están clasificados entre los más pobres del mundo, y que muchos de sus habitantes sobreviven gracias a fondos enviados por migrantes que viven en el extranjero. El paro se está convirtiendo así en el principal problema de esta población joven, que con frecuencia convive con la inestabilidad económica y política.

Los diferentes conflictos que afectan al continente (como en Sudán, el Magreb, Somalia, Liberia, el Congo, etc.) junto con la desertificación, la agricultura poco rentable, así como la tradición de movilidad humana en diferentes regiones (como por ejemplo en África del Este) contribuyen notablemente a los desplazamientos inherentes a todo el continente.

No nos debe extrañar, pues, que los grandes motores de la economía africana, como son Costa de Marfil, Etiopía, Sudáfrica y Nigeria, sean los territorios que reciben el mayor flujo migratorio del continente. Al mismo tiempo los países con conflictos más críticos, como el Sudan, Somalia o la República Democrática del Congo presentan el flujo más importante de personas que quieren dejar sus territorios de origen.

Ruanda es el país que acoge más inmigrantes en todo el continente, un territorio que ya soporta una de las poblaciones más densas de todo el continente africano, realidad que contrasta con Egipto, el país que pone más restricciones a los migrantes del resto del continente.

Los flujos migratorios del continente son dispares. El espacio de África Occidental se beneficia de un acuerdo llamado «Comunidad Económica de los Estados de África Occidental» (conocido como CEDEAO) creado en el año 1975 con quince estados miembros. Promueve un mercado común así como la libertad de circulación dentro de los territorios de los países implicados. Aunque esta iniciativa elimina algunas fronteras, los conflictos y la inseguridad, junto con la inestabilidad política de la región, constituyen un obstáculo.

En el África Oriental el archipiélago de las islas Comores (entre el norte de Madagascar y el norte de Mozambique), y particularmente la isla de Mayotte (que aun depende de Francia), constituye un polo de atracción de emigrantes gracias a su producto interior bruto, diez veces superior al resto de las islas. La emigración a esta zona genera múltiples problemas, con frecuentes amenazas de cierre de fronteras.

La realidad de las migraciones en África no es sólo internacional. En Somalia, donde el hambre amenaza a 7.5 millones de habitantes, la inestabilidad política genera una fuerte inmigración interior hacia la capital, Mogadiscio y también hacia Kenia, donde se encuentra el campo de refugiados más grande del mundo.

Pese a la situación socialmente inestable de muchos países de África, la preferencia de muchos migrantes africanos es viajar hacia un país vecino más que ir a Europa. ¿Por qué? Emigrar a un país europeo implica costes inasumibles, además de un esfuerzo de integración significativo. A esto debemos sumar la necesidad de superar la barrera natural que es el Sáhara.

Emigrar a un país vecino, en cambio, implica esfuerzos económicos más mitigados, en algunos casos permite a las personas que emprenden el viaje hablar la misma lengua, y el esfuerzo de integración resulta mucho menor debido a los asentamientos de compatriotas inmigrantes establecidos allí desde hace décadas.

Las estadísticas nos revelan que las mujeres son quienes más se ven obligadas a dejar su territorio huyendo de la violencia, pero emprenden viajes cargados de terror en que las violaciones y la explotación sexual resultan frecuentes.

La cruda realidad de las migraciones africanas no permite respuestas ligeras y soluciones voluntaristas. Reclama un conocimiento más preciso y consciente de las múltiples realidades que afectan un porcentaje altísimo de los habitantes de esta zona del mundo. Por esto conviene recordarlas con motivo del día internacional, no de las migraciones, sino de las personas migrantes.

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