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La Fundació Agrupació i la Fundación Pere Tarrés resaltan la necesidad de explorar la soledad y no verla únicamente como un problema

16.10.20

“Si un ser humano vive permanentemente solo, o es un Dios o es una bestia” ha afirmado, parafraseando a Aristóteles, Francesc Torralba, filósofo, teólogo y ensayista, en la videoconferencia organizada de manera conjunta entre la Fundació Agrupació i la Fundació Pere Tarrés. Debido a la situación sanitaria actual, el acto se ha celebrado de manera telemática y con unos meses de retraso.

Torralba ha centrado su exposición en la importancia de detectar y tratar casos de soledad no deseada, así como respetar y saber utilizar la soledad deseada. Así, Torralba ha destacado la tendencia natural a la socialización de los seres humanos, los cuales tenemos la necesidad de relacionarnos con otros con tal de desarrollarnos personal y colectivamente. “Estamos hechos para socializar. Tendemos a vincular-nos porque así somos más fuertes”, ha afirmado el también profesor de la Universidad Ramon Llull. “Un ejemplo es la escuela: como nadie lo sabe todo, nadie tiene todos los conocimientos sobre ciencia, matemáticas, lengua, etc. Por eso hace falta crear comunidades de ayuda que permitan el desarrollo colectivo. Así nos complementamos”

La soledad no buscada y la buscada

Según Torralba, la soledad se puede dividir en dos tipos: la buscada y la no buscada. La soledad buscada debe ser respetada por todo el mundo y utilizada en función de las necesidades de cada uno. “La soledad buscada tiene un gran beneficio. La introspección nos permite reflexionar sobre quién somos y enfrentarnos a aquello que nos hace mal. Además, es un lugar idóneo para la creación artística. Muchas obras de arte a lo largo de la historia han sido creadas a partir de un aislamiento por parte del artista.”

En cuanto a la soledad no buscada, Francesc Torralba la divide en cinco grupos: la que se da en masa, la que se produce en comunidad, la digital -que afecta, sobre todo, a los adolescentes dependientes de las redes sociales-, la generacional -entre personas de diferentes generaciones que, pese a vivir juntos, tienen intereses diferentes- y la soledad del extraño moral, la cual se acentúa en momentos de vulnerabilidad económica y afecta a cualquier individuo sin tener en cuenta su estatus cultural o social.

En este sentido, Francesc Torralba ha querido hacer un llamamiento a la necesidad de trabajar a la hora de detectar casos de soledad no deseada, “tenemos que tener cuidado con la soledad impuesta y estar alerta con tal de detectar objetos que se encuentran solos y no quieren estarlo. La soledad puede representar un gran beneficio, pero es un problema cuando es impuesta.”