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En el Día Universal de los Derechos de los Niños, la Fundación Pere Tarrés reclama políticas sociales que pongan los niños y niñas en el centro

19.11.20

El 20 de noviembre se conmemora el Día Universal de los Niños y, desde la Fundación Pere Tarrés ha constatado que ha habido un retroceso en el respeto y reconocimiento de los derechos de los niños y niñas, especialmente de los niños en situación de vulnerabilidad. La llegada del Covid-19 ha desencadenado efectos devastadores en la calidad de vida de los niños, que han sido los más afectados por las restricciones y el confinamiento.

Los derechos de los niños son sistemáticamente vulnerados en nuestra sociedad. De hecho, muchos de ellos ni siquiera son conscientes de que son ciudadanos de pleno derecho. Durante la pandemia, estos derechos aunque han resultado más vulnerados, siendo los niños el principal foco de las restricciones: fueron los últimos en poder salir a la calle y jugar y los parques se han cerrado antes de que bares y cafeterías.

El ocio no sólo es beneficioso por su carácter socializador, sino que su función educativa también ayuda a superar la brecha social. No se ha respetado su derecho al ocio y, en el caso de los niños en situación de vulnerabilidad, se ha vulnerado su derecho de acceso a la educación. Han sufrido problemas de conectividad y carencias de material informático que les ha hecho aún más difícil seguir las clases en línea. Todo esto ha hecho aumentar las diferencias sociales entre los niños según la situación económica familiar.

Crisis sanitaria y colapso social

La crisis social provocada por Covid-19 ha provocado un colapso del sistema de los servicios sociales. Muchas familias han pasado a formar parte del grueso de personas en riesgo de vulnerabilidad y el sistema no da al alcance para dar respuesta a una creciente demanda de ayuda. Estas personas, en una situación muy frágil, han visto como la llegada del virus ha precarizado aún más sus condiciones de vida. Muchas de ellas han perdido su fuente de ingresos o han visto como empeoraban su trabajo. También han sufrido problemas para conseguir recursos para cubrir necesidades tan básicas como la higiene o la alimentación, falta de recursos materiales y de conectividad. Esto ha provocado problemas de convivencia familiar, agravando situaciones por muy difíciles.

Por otra parte, la situación también determina la salud mental de los más vulnerables. Factores como la incertidumbre ante el trabajo, el hecho de no tener una vivienda en condiciones, la falta de ingresos o de educación, o la falta de redes familiares y de apoyo hacen aumentar los trastornos de salud mental así como su cronificación y complejidad. Todo ello se ha traducido en problemas de salud mental como estrés, ansiedad o depresión, especialmente entre la población con condiciones de vida más precarias, con menos recursos y con un acceso limitado a los servicios sociales y de salud.

Los centros socioeducativos de la Fundación Pere Tarrés, saturados

Los centros socioeducativos de la Fundación Pere Tarrés, en los barrios de Poblenou y Poble Sec de Barcelona, ​​han registrado un incremento de la demanda respecto a cursos anteriores. Este año, 177 niños y adolescentes se encuentran en lista de espera, lo que supone un incremento del 75% respecto al año pasado. En el centro socioeducativo de Poble Sec, 108 niños y adolescentes han quedado fuera, mientras que en el Poblenou, son 69.

Durante la pandemia, los centros socioeducativos fueron un apoyo clave para las familias. Las acompañaron y ayudaron a gestionar una crisis aún más dura para ellas. En algunas ocasiones, incluso, detectaron a tiempo situaciones de maltrato y pudieron intervenir.

Las vivencias de las familias en situación de vulnerabilidad

Los educadores han trabajado más allá de sus funciones para continuar acompañando a las familias. Durante el confinamiento, el centro socioeducativo de Poblenou llegó a ayudar 115 familias y 150 niños. Estuvieron en contacto con escuelas e institutos, además de los Servicios sociales, lo que ha ayudado a las familias a llevar la situación en mejores condiciones.

Entre las decenas de historias que se viven cada día en los centros, un ejemplo es el caso de una madre soltera con un hijo de 5 años. Cuidadora de ancianos, un servicio que fue esencial durante la pandemia. Esta madre tuvo que asumir todos los roles y iba desbordada. Además, la familia tenía problemas de conectividad. Desde el centro socioeducativo de Poblenou se le apoyó con temas básicos como comprar alimentos.

Otra madre de un niño del centro de Poblenou, Mónica, asegura que, durante los días de incertidumbre que vivieron durante el confinamiento, el interés y el aprecio transmitida por los profesionales del centro fue clave para ellos. Mónica afirma que su familia se sintió acompañada y, de alguna manera, protegidos por los educadores y educadoras que fueron haciendo seguimiento de la situación de su familia durante aquellos meses.

Cómo lo han vivido los profesionales sociales

Los profesionales de los centros socioeducativos, tanto de Poblenou como de Poble Sec, han trabajando duro para mantener el contacto estrecho con las familias. Las llamadas diarias y el seguimiento constante de los casos les ha permitido detectar situaciones de emergencia que, sin esta implicación y compromiso, no habría sido posible. Algunos educadores han detectado casos graves a través de estas llamadas, tales como casos de violencia. Sin embargo, también ha habido aspectos positivos, como el caso de algunas familias que llamaban para pedir ayuda para que se veían desbordadas. Esto muestra que el trabajo que se ha hecho durante estos meses ha dado sus frutos.

Según los mismos educadores y educadoras del centro socioeducativo de Poblenou, el hecho de no poder salir a la calle o ir a clase, estar con los amigos y hacer deporte generó mucha ansiedad entre los niños, así como angustia y rabia. Estos sentimientos, sumados a un momento de incertidumbre económica a nivel familiar rompieron los hábitos que habían logrado implementar durante su asistencia al centro. En algunos casos, detectaron falta de rutinas y hábitos pocos saludables como muchas horas ante la televisión. Muchos padres y madres no saber gestionar el día a día, también a nivel emocional, con sus hijos y aspectos tan aparentemente sencillo como jugar con los niños o hacer repaso académico se convirtieron en tareas inalcanzables. Estos contextos han despertado la inquietud entre los profesionales sociales, que no saben cómo les afectará el confinamiento a los niños a largo plazo.

Campañas solidarias

El confinamiento estricto finalizó en junio, pero los niños deberán hacer diferentes confinamientos de corta duración si se detecta algún caso de Covid-19 a su grupo burbuja. Por ello, desde la Fundación Pere Tarrés se puso en marcha recientemente la campaña de recaudación de fondos para conseguir CoronaKits. Estos paquetes de material escolar están destinados a los niños con pocos recursos que deban confinar 14 días en caso de que detecten un caso positivo a su grupo burbuja. Los kits estarían formados por material básico como hojas, bolígrafos, lápices o rotuladores. Así los niños podrían continuar las clases desde casa. Además de la campaña solidaria de Navidad que tiene por objetivo recoger donativos económicos para apoyar a los centros y reducir las listas de espera.

Por otra parte, la campaña de recogidas de juguetes pondrá en marcha la semana del 23 de noviembre. Como cada año, el objetivo de esta iniciativa es recoger juguetes para los niños en situación de vulnerabilidad.

La solidaridad que no cesa

Desde la Fundación Pere Tarrés, se han llevado a cabo diversas campañas para paliar los efectos devastadores de esta crisis social. De este modo, durante más de sesenta donantes, entre empresas y particulares, se movilizaron para dar apoyo económico o en especies y en el marco de la campaña 'Ayúdales a crecer' se consiguieron más de 800 equipos informáticos y 450 tarjetas de conectividad. También material de protección sanitaria, como 2.000 mascarillas, 1.800 guantes y 250 geles higienizantes.

La campaña de becas de verano de la Fundación incrementó el porcentaje de niños que recibieron una beca para hacer colonias y escuelas de verano. En concreto, un 17,6% de los niños que participaron en las colonias y actividades de verano de la Fundación Pere Tarrés lo hicieron gracias a una beca, lo que supone un 5,23% respecto al año anterior. La Fundación Pere Tarrés atender el 100% de las peticiones de beca que le llegaron para que los niños en situación vulnerable pudieran tener acceso a las actividades de ocio durante el verano.