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¿Qué harán las casas de colonias sin Jordi Ribera?

21.09.18

"Y ahora qué harán las casas de colonias?" Le preguntó Arnau a su padre cuando éste le contó que no trabajaría más como técnico de mantenimiento de la Fundación Pere Tarrés. Durante casi dos décadas Jordi Ribera, padre de Arnau, ha sido técnico de mantenimiento de muchas de las casas de colonias de la Fundación hasta que por un problema de salud inesperado se ha visto obligado a dejar la profesión. Este texto pretende ser un pequeño reconocimiento a su trabajo, a menudo poco visible, que contribuye a hacer realidad el compromiso educativo y social de la Fundación Pere Tarrés.

Dormir en literas, hacer excursiones en plena naturaleza, hacer una gincana o jugar de noche acompañados por monitores suelen ser actividades habituales en una casa de colonias. Profesores o educadores, en el caso de las colonias escolares, o bien monitores, en el caso de las organizadas por los centros de esplai, suelen ser los agentes esenciales para el éxito de una estancia, pero no los únicos. Para que la experiencia sea memorable son necesarios perfiles tan diversos como cocineros, personal de limpieza, el administrador de la casa y las personas de mantenimiento.

Jordi Ribera

Ilusionado, responsable, fuerte, identificado, claro y catalán, sobre todo catalán, son algunos de los adjetivos que definen a Jordi Ribera. Su habilidad para soldar convirtió una simple furgoneta en todo un taller con ruedas, un emblema de su forma de trabajar, minuciosa y constante. De hecho, fue rodando por las casas como conoció al equipo de educación ambiental y congenió con María, con quien se hicieron pareja y se instalaron en Cantonigròs. Esta población de Osona, con mucha significación para la Fundación ya que allí está la casa de colonias Santa Maria del Roure, es donde, con el nacimiento de Arnau, han formado una familia. De sus aficiones más personales, destacamos que Jordi es un gran buscador de setas y que, como los buenos cazadores de setas, nunca cuenta a nadie el lugar donde los encuentra.

De los dieciocho años de buen trabajo de Jordi en la Fundación quedan un montón de recuerdos y anécdotas como la puesta en marcha de la residencia de Madrid. En la capital del Estado, Jordi explicaba a los compañeros como cruzar un semáforo e intentaba convencer a la cocinera de la residencia que la butifarra blanca que le llevaba no se tenía que cocinar, que era un embutido para comer con un buen trozo de pan con tomate. De La Conreria quedan los recuerdos de Benji, al que la Fundación debe buena parte de lo que es hoy el antiguo Seminario Menor. Pronunciar La Sala es que aflore el recuerdo de Tomás de las casas y también de la vaca que entró en el comedor y que tuvieron que echar entre todos. Llívia, La Ruca o este mismo verano la piscina de Cantonigròs han pasado por las manos artesanas y diestras de Jordi.

"Gracias por tu trabajo en nombre de los niños y de los compañeros" le agradeció el director general de la Fundación, Josep Oriol Pujol y Humet, que le recomendó que viviera esta despedida no esperada en clave de oportunidad para estar con la familia.

Estamos convencidos de que el talante entusiasta y comprometido de Jordi ha dejado huella en las casas de colonias y albergues por donde ha pasado. Desde la Fundación queremos agradecer su implicación y desearle muchos éxitos personales en esta su nueva etapa. A la pregunta de Arnau "¿Y ahora qué harán las casas de colonias?" Le contestamos que esté tranquilo, las casas quedan en manos de un gran equipo de profesionales y que siempre que él y su familia quieran tendrán las puertas abiertas.

Comiat Jordi Ribera