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La Fundación Pere Tarrés elabora un informe de balance de las colonias y casales de este verano con aprendizajes clave para el inicio del curso escolar

09.09.20

Con el conocimiento que dar ser la entidad de ocio educativo más grande de Cataluña y con presencia en el territorio catalán y balear, la Fundación Pere Tarrés ha elaborado un informe con la participación de los equipos de coordinadores y monitores de las colonias y casales. Esta recopilación hace un balance de los principales aciertos que han favorecido la gestión de los centros y las colonias en un verano tan complejo y diferente como este, al tiempo que incluye los escollos más importantes que la han dificultado. La voluntad es ofrecer estos aprendizajes a los diferentes agentes educativos (familias, escuelas, entidades de ocio, administraciones) de cara al futuro, y especialmente, para el inicio del nuevo curso escolar.

La irrupción del covid-19 y la posterior pandemia ha supuesto un trastorno para nuestra sociedad, también a la hora de llevar a cabo las actividades de verano. Este año, la Fundación Pere Tarrés así como el resto de entidades de ocio se han visto fuertemente condicionadas a la hora de organizar y promover los centros y las colonias para niños y jóvenes. Las colonias y los centros fueron prácticamente los primeros en recibir los niños, adolescentes y jóvenes de forma generalizada después de los meses de confinamiento. La llegada de un virus con un comportamiento nuevo y unas vías de transmisión desconocidas ha alterado el diseño de las actividades así como todos los elementos propios del ocio, como el contacto estrecho, la vida en un gran grupo, la experiencia de compartir hábitos y las situaciones cotidianas. Todos ellos aspectos definitorios de lo que debe ser el aprendizaje de vida que supone formar parte de actividades como los centros y las colonias.

A pesar de la complejidad de la coyuntura, la Fundación Pere Tarrés ha priorizado, en todo momento, continuar con las actividades de verano con el objetivo de propiciar una experiencia educativa, inclusiva y de reconexión y socialización para los niños, adolescentes y jóvenes tras un confinamiento largo y una serie de restricciones que han alterado completamente sus rutinas y manera de relacionarse. Todo ello sin olvidar la necesidad de garantizar y cuidar aspectos esenciales como la alimentación saludable y el acompañamiento emocional por profesionales del ámbito educativo y social.

La función inclusiva del ocio educativo

A pesar de las alteraciones en el ritmo de las actividades con la aplicación de protocolos, desde la Fundación Pere Tarrés continuamos defendiendo la importancia del ocio educativo, ya sea en los casales y colonias como en las extraescolares que tienen lugar una vez ha terminado la jornada lectiva. Su papel inclusivo, como motor de igualdad de oportunidades, además de su componente socializador, siguen siendo imprescindibles. El grado de profesionalidad mostrado por monitores/as y educadores/as durante el verano ha dejado patente su compromiso por la seguridad y el bienestar los niños y jóvenes. Es por ello que todos los actores implicados debemos hacer posible que el ocio educativo siga siendo una prioridad.

Un esfuerzo colectivo

Durante el confinamiento, el contacto continuo con profesionales de diferentes programas y proyectos en curso, tales como centros socioeducativos o centros abiertos, puso de manifiesto que el ocio educativo era más necesario que nunca y que había que hacer un esfuerzo colectivo para poder organizar las actividades.

La implicación y esfuerzo de tantos profesionales y voluntarios ha sido el eje de acción de la Fundación Pere Tarrés y sus centros de esplai y centros socioeducativos adheridos que, ante una situación extremadamente compleja, ha permitido extraer las primeras conclusiones de una temporada de actividades absolutamente atípica. Su experiencia y dedicación ha permitido elaborar una serie de aprendizajes y detectar diversas incidencias que ponen a disposición de las instituciones, las entidades y la sociedad para poder hacer frente al desafío que este año supone la vuelta al centros educativos.

La coordinación entre los agentes implicados, clave

Para poder sacar adelante las actividades, ha sido necesario crear un contexto propicio y de diálogo constante entre Administración y entidades, que ha hecho posible, a través del compromiso colectivo, adaptar el ocio educativo a los requerimientos sanitarios.

Así, la colaboración con la Administración a la hora de hacer protocolos, a pesar de algunas disfunciones comunicativas, ha permitido ofrecer unas actividades reguladas y seguras. Todo ello, sumado a la coordinación pedagógica y organizativa, la adaptación de los equipamientos y la formación de los profesionales. Recordemos que los monitores y monitoras han sido el primer contacto social y educativo que han tenido los niños y jóvenes después del confinamiento y este colectivo ha tenido que poner en práctica protocolos que, a menudo, no eran lo suficientemente maduros.

El liderazgo social y público, esencial

Ante una situación excepcional como la que estamos viviendo este 2020, poner en marcha las actividades de verano ha generado inquietud debido a la gran responsabilidad que suponía. En este sentido, ha sido necesario un liderazgo social y público por parte de la Administración para ofrecer confianza y seguridad en la toma de decisiones. Sin embargo, se han dado errores de planteamiento y ejecución que, en ningún caso, deben estar justificados por la incertidumbre del contexto.

De este modo, los grandes damnificados por los errores de actuación y la falta de liderazgo público han sido las entidades juveniles y de voluntariado que, a pesar de los esfuerzos de poner en marcha un programa de actividades seguro, algunas de ellas no han podido salir adelante y han tenido que suspender su oferta de ocio.

El sentido común aplicado a protocolos y procedimientos

A pesar de que desde la Fundación Pere Tarrés se valora que el balance del número de contagios respecto el grueso de niños y jóvenes participantes en las actividades de verano es muy positivo (con 10 casos de contagio, 5 de los cuales eran adultos, respecto más de 21.000 niños y niñas participantes), la aplicación de los protocolos y procedimientos ha distorsionado en numerosas ocasiones el ritmo de las actividades. La prueba PCR es determinante para saber cómo actuar respecto la actividad y uno de los grandes inconvenientes es que el circuito no es ágil y la espera para recibir los resultados es demasiado larga.

No poder distinguir entre síntomas normales (como décimas de fiebre por una insolación) de los del covid-19, protocolos que no contemplan todas las situaciones posibles o bien el colapso de la formación que la Administración puso a disposición de los profesionales del ocio han generado situaciones de estrés que podían haberse evitado.

Mejora de la respuesta antes posibles casos

Uno de los grandes contratiempos que la Fundación Pere Tarrés y los centros de esplai y centros socioeducativos adheridos han tenido que hacer frente ha sido el protocolo de respuesta ante posibles casos de Covid-19. El circuito de pruebas PCR se ha revelado como poco ágil con muchas incidencias y disparidad de criterios en su aplicación. Gestionar el tiempo de espera del resultado ha sido también un trastorno en el ritmo de las actividades. En todos los casos, la Fundación Pere Tarrés ha optado por paralizar la actividad a la espera de saber si podría volver a ponerla en marcha o bien se debería anular porque el posible caso acababa siendo positivo.

Por otra parte, consideramos que es necesaria la coordinación de todas los interlocutores implicados, como el 061, los centros atención primaria o el Departamento de Juventud, para evitar mensajes contradictorios, trato desigual entre caso positivo y sospechoso y, sobre todo, propiciar una gestión eficaz de los contactos de la persona sospechosa para poder romper la cadena de contagio.

Es necesario superar los muros burocráticos

Por último, el informe considera que la ayuda de la Administración no se puede perder en un laberinto burocrático porque muchas familias dependen de ellas. El sistema de becas de este año ha sufrido retrasos, así como la gestión de la convocatoria de oferta de recursos económicos, un promesa de la Administración que, a pesar de tratarse de una decisión acertada, podría dejar de serlo si no se llega a tiempo.

Con todos estos aprendizajes sobre la mesa, hay que destacar que las actividades de verano y la atención a las familias vulnerables ha sido posible por una implicación decidida desde la Fundación Pere Tarrés que ha vuelto a demostrar la necesidad de preservar y cuidar el ocio educativo como un derecho para los niños y sus familias.

Una vez más, la Fundación Pere Tarrés se pone a disposición de administraciones, entidades y centros con el objetivo de ayudar, colaborar y sumar juntos en este nuevo curso, teniendo en cuenta que nos encontramos ante un reto col Colectivo como sociedad.