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El voluntariado: pieza clave en el engranaje de la Fundación Pere Tarrés

04.12.20

Con motivo de la celebración del Día Internacional del Voluntariado este sábado 5 de diciembre, la Fundación Pere Tarrés quiere agradecer la tarea llevada a cabo por los voluntarios y reconocer su trabajo imprescindible en el desarrollo de sus proyectos. En un año marcado por la pandemia de la Covid-19, ha quedado clara más que nunca la necesidad de ayudar y actuar de manera altruista, haciendo de la generosidad la mejor herramienta para avanzar como sociedad.

La acción social de la Fundación sería impensable sin la colaboración de los particulares, entidades y empresas que aportan su tiempo y recursos de manera desinteresada para sacar adelante los diversos proyectos que se llevan a cabo. Cristina Reyes es voluntaria del Centro socioeducativo de Poblenou, en Barcelona, y decidió hacerse voluntaria hacer varios motivos. “Hacía tiempo que quería colaborar en alguna acción social. Tenía claro que quería hacer algo relacionado con niños porque me gusta mucho compartir el tiempo con ellos y pensé que uno de mis hobbies, que es hacer manualidades, podía ofrecerlo y practicarlo con los niños de Pere Tarrés. Me gusta relacionarme con niños, ayudarlos a ser creativos, a relajarse con las manualidades, a verlos contentos después de finalizar su creación... Y yo salgo todavía más contenta de allí”, asegura.

Cristina prepara talleres de manualidades por los niños, adaptándolos en su edad y necesidades, en colaboración con los educadores y educadoras del centros, que detectan cuáles son las actividades que pueden ajustarse más a los grupos. “En los talleres hemos hecho desde móviles para colgar con copos de nieve, pulseritas de macramé, scrap o collage con fotos y materiales diversos o jaboncitos de glicerina” Además, Cristina pasa grandes momentos con su voluntariado porque es una actividad que enriquece las dos partes. “Disfrutamos todos juntos de un rato en la cual todos somos como niños recortando, enganchando, pintando, y olvidándonos de cualquier otra cosa que nos pueda quitar el sueño.” Como cualquier relación en los primeros años de vida de una persona, el vínculo niño-monitor es muy importante en el desarrollo personal de los niños y pone de manifiesto la importancia del trabajo hecho por el voluntariado, siempre supervisada, eso sí, por educadores y educadoras. “Me gusta el vínculo que me da con la realidad de la vida, me pone los pies en la tierra y me hace ver que no hay que ir demasiado lejos para ver la diversidad de nuestra sociedad”, añade Cristina.

Pero la tarea del voluntariado de la Fundación va más allá de los centros socioeducativos y los esplais, donde se aglutinan los grosor de voluntarios y voluntarias que colaboran. Este es el caso de Ernesto Poveda, miembro del Assocació de Amigos de la Fundación Pere Tarrés, una entidad con personalidad jurídica propia formada por un grupo de empresarios y directivos de consolidada trayectoria profesional con sensibilidad por la infancia y la acción educativa y social de la Fundación Pere Tarrés. Ernesto Poveda, presidente ejecutivo de ICSA Grupo, eligió ser voluntario por una inquietud social. “Siempre he tenido una profunda motivación social de ayudar. Encontré que esta era una buena manera de ayudar, particularmente, a los menores en riesgo de exclusión social”. La Agrupación de Amigos trabaja todo el año generando sinergias para crear una red de colaboración de personas y empresas que contribuyan a mejorar la situación de los colectivos que atiende la Fundación Pere Tarrés. “Intento aportar mi tiempo y conocimientos de gerencia para lograr los objetivos planteados por la entidad”, explica Poveda. “Buscamos colaboradores y fórmulas para llegar a la resolución de según qué problemas.”

El trabajo del voluntariado a menudo es sacrificado, puesto que implica una dedicación de tiempo y recursos sin remuneraciones económicas. Es por eso que hay que valorar esta tarea de manera adecuada y ser conscientes de la necesidad de ayudar a nuestro entorno, puesto que la recompensa siempre es muy satisfactoria a nivel personal. En palabras de Ernesto Poveda, “en alguna de las visitas que hacemos a los esplais puedo ver las caras de alegría de los niños y la verdad que una sola de sus sonrisas te da una gran felicidad. Me aporta una gran satisfacción personal y siento mucha paz interior.”