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Decálogo para educar en familia a través del juego

11.12.18

'Educar' significa desarrollar y perfeccionar las facultades intelectuales y morales del niño o joven. La palabra 'educación' deriva de latín 'ducere' que significa guiar. Educar significa humanizar. La función educativa de las familias es cada vez más necesaria para garantizar un correcto aprendizaje de los valores. Sin embargo, las jornadas laborales extensas, el ritmo de vida frenético y las actividades diarias del hogar a menudo no permiten dedicar el tiempo que requiere una buena educación del niño para que pueda desarrollar plenamente su potencial.

Educar no es un hecho puntual, es un proceso con una clara intencionalidad y esta acción la podemos trabajar también estas fiestas navideñas. Una buena manera de hacer la selección de lo que va a cagar el tió o llevarán los reyes es pensar en que lo que vamos a comprar podrá ser educativo o no y, por tanto, nosotros somos los responsables. Bet Bartrina, experta en educación en tiempo libre, recursos y juegos de la Fundación Pere Tarrés y ideóloga del decálogo, quiere alcanzar dos objetivos con estos consejos: que la sociedad haga la elección del juguete con sensatez y que reflexione sobre el sentido del juego y los juguetes durante la Navidad para educar a las personas que en un futuro construirán el mundo.

¿Qué debemos tener en cuenta a la hora de elegir un juguete?

1. Leer bien lo que piden los niños y jóvenes, estudiar el amplio abanico de juegos y juguetes del mercado, no te quedes con una sola tipología, y seleccionarlos con intencionalidad educativa.
2. Elegir aquellos juegos y juguetes que estén fabricados con materiales naturales (cartón, madera, ropa o papel), más respetuosos con nuestro entorno y menos perjudiciales para la salud.
3. Elegir juegos interactivos para incentivar las relaciones afectivo-emocionales entre las personas que juegan. En la misma dinámica podemos trabajar la cooperación y los valores.
4. Los juegos de mesa son un buen momentos reunirse todos. Se puede aprovechar el día de Reyes para estrenar con toda la familia y trabajar hábitos como respetaré la vez, saber esperar, utilizar buenas maneras, saber perder, saber ganar, mantener la atención durante un rato determinada ...
5. Regalar juegos tradicionales y para todas las edades que favorezcan las relaciones intergeneracionales.
6. Evitar los juguetes sexistas y las que incluyen estereotipos de género. Los modelos que perciben los niños cuando son pequeños, los pueden reproducir cuando sean adultos.
7. Pensar en juguetes que estimulen la creatividad y el intelecto de los niños. Hay que dejarlos ratos para crear y reinventarse.
8. Videojuegos en la era digital. A la hora de regalar un videojuego hay que tener en cuenta la edad recomendada, la tipología de juego y cuáles son los contenidos que aparecen. No está de más pensar en juegos para hacer en familia para evitar que el niño se aísle.
9. Trabajar la interculturalidad jugando a juegos tradicionales de todo el mundo. El juego forma parte de la cultura de un lugar: el modo de jugar, los recursos que se utilizan y la historia del juego en sí forman parte de la memoria histórica de una cultura.
10. Evitar comprar juguetes bélicos que inciten a la violencia. Antes de comprar, preguntémonos si estos son los valores que queremos transmitir al niño con este tipo de juguetes.

El juego como herramienta educativa 

El juego es una actividad básica en la vida y en el desarrollo global de las personas. Se suele relacionar con la infancia, pero es necesario a cualquier edad. La principal motivación para jugar es el placer que genera la misma actividad. Por otra parte, a través del juego los niños exploran y descubren el mundo; controlan las emociones y capacidades propias, imitan comportamientos de los adultos, aprenden cosas nuevas y como relacionarse con los demás. Por este motivo, el juego tiene un papel muy importante en la educación de niños y jóvenes para que influye en la construcción de la propia identidad, en la adquisición de aprendizaje y en la manera de entender el mundo. 

Desde la Fundación Pere Tarrés defendemos un modelo de paternidad y maternidad positiva con paciencia, educación y esfuerzo. El juego puede ser una estrategia para formar y crear el crecimiento personal del niño. Si jugamos con nuestros hijos y familiares, podemos pasar un buen rato y al mismo transmitimos valores. Los padres tienen la obligación de convertir a sus hijos en personas autónomas, responsables y solidarias.