Arte Urbano: Los Graffitis más llamativos de Barcelona

Arte Urbano: Los Graffitis más llamativos de Barcelona

Hace años el mundo asociaba el sonido del spray a Barcelona. Hoy, poco queda de ello: la ordenanza municipal y la persecución  por estas actividades tildadas de vandalismo terminaron con la edad de oro del graffiti en la ciudad. Sin embargo, el arte urbano sigue presente en las paredes, e incluso se han lanzado numerosas iniciativas que pretenden buscar alternativas para que el graffiti y la vida en la ciudad, convivan. Así, la campaña Big Walls, de la plataforma Murs Lliures (Muros Libres) y el activismo social de asociaciones locales como Rebobinart y Bombcelona desean incentivar que se les permita practicar en paredes en desuso.

A los pies del MACBA se han organizado las primeras rutas del graffiti por el Raval, uno de los barrios de mayor tradición graffitera, y en un lugar que pudo haber sido, pero donde alguien no respetó el, hoy desaparecido, graffiti de Keith Haring contra el SIDA en 1989.

El street art se concentra hoy a gran escala en el Raval, cuna de los graffitis más llamativos de Barcelona, y se deja ver en el resto de barrios, donde cogen la delantera Gracia y la Esquerra de l’Eixample; y si bien sus artistas son, todavía hoy, lanzados al olvido en poco más de unos minutos por los llamados “tuneadores” (aquellos trabajadores que se dedican a repintar paredes), todavía resisten muchas obras ya clásicas de la ciudad.

En el Raval encontramos obras rodeadas de un aura romántica y de barrio, como los bustos icónicos de Andrea Michaelson, conocido como BTOY, la necesaria evasión que proponen otros artistas como Ozzy y Tod con sus bestias surrealistas y monstruos, o uno de los curiosos pantocrátor de Omino79 o las referencias japonesas que se plasman en una de las geishas mortecinas de Okokume. Pero el graffiti está en la calle, y difícilmente vive en la red. Los trazos escapan al trabajo de localizar, encuadrar y documentar el trabajo, porque el arte urbano está (y siempre ha sido) más vivo que cualquier otro; por ello, Cayetana Gomis, gestora de patrimonio, historiadora y guía, ha creado la primera Ruta del Graffiti, una cita que muestra cómo Barcelona asciende, cae y vuelve a renacer repetidas veces de las paredes a los techos.

En su ruta, señala tres paradas obligatorias: el Hospital de la Santa Creu, la calle Petritxol y Santa Llúcia, que otras figuras conocidas, como Chordi (Jordi Barceloneta) y conocedoras del arte de la calle contraponen con el Eixample Esquerra, y que otros no dudan en acercar hacia barrios obreros como el Poble Sec e incluso el, poco a poco, revitalizado Poble Nou. Desde las puertas del taller de artistas reconocidos como Ivana Flores hasta las obras de C215, Alicè, Francisco de Pájaro, Thot o SM172 que todavía cuentan su historia en las calles. De imágenes que se graban en la retina por impacto o por saturación, como el Sr. Polo o el Chupete Negro; que algunas de ellas también pueden llevar mensajes, que donde hay un “Pi©asso”, suele haber arte cerca, y que Barcelona resurge entre sprays para subirse por las paredes.