Uno de los fenómenos sociales más significativos del siglo XX, y que continuará durante el siglo XXI, ha sido el incremento de la esperanza de vida y el envejecimiento progresivo de la población debido a un aumento de la gente mayor. De esta manera, sin duda, el envejecimiento es uno de los máximos retos sociales y económicos del siglo XXI para los países europeos. En esta perspectiva cabe señalar que Europa, en el marco de las diversas regiones mundiales, tiene la mayor proporción de gente que supera los 65 años, junto con Japón, con unas proporciones sin precedentes. Este hecho supondrá un incremento del gasto en lo que se refiere a los planes de pensiones y a la creación y mantenimiento de los recursos sociosanitarios para esta población envejecida con un aumento del porcentaje de personas mayores en situación de dependencia.
En este contexto, uno de los retos planteados al que se debe dar respuesta es el incremento de la calidad de vida de las personas mayores y el incremento de su autonomía personal, retrasando al máximo los procesos de dependencia y mejorando la autoestima de este colectivo. El desarrollo de programas que incrementen la calidad de las personas mayores en todas sus dimensiones es uno de los objetivos básicos donde las administraciones públicas, las universidades y los centros de investigación y el conjunto de instituciones de la sociedad civil tienen que colaborar de una forma coordinada.
En este sentido es importante señalar que la UNESCO empieza a preocuparse por los problemas del envejecimiento en el año 1958; pese a ello, a partir de su Conferencia General (1974) es cuando el envejecimiento se vincula a la educación, dotándole de contenido y de un presupuesto específico. Dentro de este mismo ámbito internacional cabe hacer referencia a la V Conferencia Internacional sobre Educación de las Personas Adultas, organizada por la UNESCO y que tuvo lugar en Hamburgo, en julio de 1997.
De los temas abordados en la agenda futura preparada en Hamburgo figuraba el aprendizaje de las personas mayores, con dos propuestas muy claras, con relación a ellas:
a) Asegurar a las personas el acceso a la educación y a la formación
b) Organizar actividades que ilustren cómo la educación para la gente mayor puede reforzar el papel de las personas en la construcción de las sociedades actuales.
Por lo tanto, la educación permanente es y tiene que ser un elemento básico en la política a realizar con las personas mayores en tanto que condición sine qua non para conseguir una mejora real de la calidad de vida, para conseguir un incremento y su autonomía personal, para mejorar su red de relaciones sociales y para posibilitar la existencia de apoyos sociales, tanto de carácter formal como informal.