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Derechos y responsabilidad
La Vanguardia
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29.12.09
Culturalmente, la Navidad es también sinónimo de solidaridad. Durante estos días se reciben felicitaciones de instituciones pidiendo nuestra contribución a sus causas sociales. La Fundación "Banc dels Aliments" así como Càritas recogen alimentos para distribuir entre aquellas familias que los necesitan para subsistir. Incluso TV3 con su "Marató" incide en nuestras conciencias cuando la sensibilidad parece ser máxima. El modelo de estado del bienestar se consolida con nuevos marcos normativos. Salud, educación, pensiones, atención a la dependencia son ámbitos en los que todos tenemos garantizados unos mínimos razonables. Pero ¿hasta dónde debe llegar la administración? Con un 20% de paro la asistencia social pública remite a la persona sin techo al comedor de las religiosas de la Madre Teresa de Calcuta, al niño que pasa las tardes en la calle a un centro de esplai de la Fundació Pere Tarrés o la Fundació Catalana de l'Esplai, a la anciana víctima de un desahucio a la Fundació Arrels o al inmigrante sin recursos a Caritas. ¿Es esta realidad razonable? ¿Quién debe resolver el problema, la administración garantista o las iniciativas sociales? Es deseable que se reconozcan los derechos de las personas y se atiendan buscando la redistribución de la riqueza. El estado social de derecho es el mejor sistema político posible si es democrático y respeta la libertad y a la persona. Pero esta democracia será de mayor calidad, a pesar de los límites que la riqueza del país imponga, si se respeta y favorece la libertad de actuación de la sociedad civil. Y no se trata de suscribir estas afirmaciones desde un discurso halagador por parte del gobernante cuando visita a estas entidades sociales sino de demostrar con la praxis diaria que no pretende ocupar todo el espacio público, ni limitar la libertad de iniciativa social con un exceso de legislación, sino de favorecer a unas estructuras intermedias necesarias (asociaciones, fundaciones, incluso, por qué no, la libertad de empresa) entre el individuo y el Estado. Renuncie pues la administración a intervenir directamente en la atención a todas las necesidades, este sistema ya demostró sus limitaciones en los países del Este. Una sociedad será más rica cuanto mayor consciencia social y de responsabilidad sobre la colectividad tengan sus miembros. Favorecer la emprendeduria social, respetar y potenciar la libertad de iniciativa contribuirá a la cohesión y al bienestar social.
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Director general de la Fundació Pere Tarrés. |