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Cuando recibimos la Comunión
nos unimos a la Iglesia universal.
Cuando alguien me pregunta qué es para mí la Eucaristía,
me vienen a la cabeza diversas reflexiones.
Creo sin duda que es uno de los más
importantes sacramentos que Cristo nos pudo dejar, ya que en la Eucaristía
se nos brinda la oportunidad de que Él mismo forme parte de nuestro
cuerpo, de que seamos uno.
Por ello, cada comunión es un nuevo
caudal de gracia, una luz y un impulso que, a veces sin que lo notemos,
nos da claridad y fortaleza para la lucha espiritual; y de este modo,
poder dar testimonio de Cristo en medio de nuestra sociedad.
Cuando recibimos la Comunión nos unimos
a la Iglesia universal. Ya lo dice San Pablo: "porque el pan es uno,
somos muchos un solo cuerpo, pues todos participamos de este único
pan". De hecho, la misma palabra comunión insinúa lo
mismo: común unión de cada uno de nosotros con el Cuerpo
Místico de Cristo.
Una vez vista la importancia de este sacramento,
animo a todos aquellos, jóvenes especialmente, a que inviertan
una pequeña parte de su tiempo en asistir diariamente a la Santa
Misa. Sólo de esta manera podrán descubrir o vivir más
profundamente el misterio eucarístico.
Por último, os invito a que leáis
este fragmento del apóstol San Juan en el que se recogen las palabras
de Jesús referentes a la comunión eucarística:
"Yo soy el pan vivo que ha bajado del
cielo. Quien comiere de este pan, vivirá eternamente, y el pan
que yo daré es mi carne, para la vida del mundo. Comenzaron entonces
los judíos a altercar unos con otros... Jesús, empero, les
dijo: En verdad os digo, que si no comiereis la carne del Hijo del hombre,
y no bebiereis su sangre, no tendréis vida en vosotros. Quien come
mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo le resucitaré
en el último día... El que come mi carne y bebe mi sangre,
en mí mora y yo en él."
Jn. 6, 51-57
Javier Osés Antón
(22 años)
Movimiento Apostólico de Schoenstatt
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