Pregàries - Gener 2001 - El missatge del ST. Pare adreçat als joves a Roma (JMJ)

Des dels qui vam ser a Roma us comuniquem alguns dels missatges que Joan Pau II ens va adreçar als pelegrins de la Jornada Mundial de la Joventut. Per als que hi vam ser, ens ajudarà a mantenir viu el sentit d'universalitat de l'església i el nostre compromís com a cristians.

PALABRAS DEL SANTO PADRE EN PLAZA DE SAN PEDRO

15 de agosto de 2000
Queridos jóvenes, ¿estáis vosotros entre los que han acogido a Cristo? Vuestra presencia aquí ya es una respuesta. Habéis venido a Roma, en este Jubileo de los dos mil años del nacimiento de Cristo, para acoger dentro de vosotros su fuerza de vida. Habéis venido para volver a descubrir la verdad sobre la creación y para asombraros nuevamente por la belleza y la riqueza del mundo creado. Habéis venido para renovar en vosotros la conciencia de la dignidad del hombre, creado a imagen y semejanza de Dios.
"La vida que vivo al presente en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios que me amó y se entregó a sí mismo por mí" (Gal 2,20).

Cuando, el 16 de octubre de 1978, después de ser elegido para la Sede de Pedro, se me dirigió la pregunta: "¿Aceptas?", respondí: "Obedeciendo en la fe a Cristo, mi Señor, confiando en la Madre de Cristo y de la Iglesia, a pesar de las grandes dificultades, acepto" (Redemptor hominis, 2). Desde entonces trato de desempañar mi misión encontrando cada día la luz y fuerza en la fe que me une a Cristo.

Pero mi fe, como la de Pedro y como la de cada uno de vosotros, no es sólo obra mía, adhesión mía a la verdad de Cristo y de la Iglesia. La fe es esencialmente y ante todo obra del Espíritu Santo, don de su gracia. El Señor me concede, como también hace con vosotros, su Espíritu que nos hace decir "Creo", sirviéndose también de nosotros para dar testimonio de Él por todos los lugares de la tierra.

Queridos amigos, ¿por qué al comenzar vuestro Jubileo he querido ofreceros este testimonio personal? Lo he hecho para aclarar que el camino de la fe pasa a través de todo lo que vivimos. Dios actúa en las circunstancias concretas y personales de cada uno de nosotros: a través de ellas, a veces de manera verdaderamente misteriosa, se presenta a nosotros la Palabra "hecha carne", que vino a habitar entre nosotros.

Queridos jóvenes, no permitáis que el tiempo que el Señor os concede transcurra como si todo fuese casualidad. San Juan nos ha dicho que todo ha sido hecho en Cristo. Por tanto, creed intensamente en Él. Él guía la historia de cada persona y la de la humanidad. Ciertamente Cristo respeta nuestra libertad, pero en todas las circunstancias gozosas o amargas de la vida, no cesa de pedirnos que creamos en Él, en su Palabra, en la realidad de la Iglesia, en la vida eterna.

Así pues, no penséis nunca que sois desconocidos a sus ojos, como simples números de una masa anónima. Cada uno de vosotros es precioso para Cristo, Él os conoce personalmente y os ama tiernamente, incluso cuando uno no se da cuenta de ello.

Dejaos modelar por el Espíritu Santo. Haced la experiencia de la oración, dejando que el Espíritu hable a vuestro corazón. Orar significa dedicar un poco del propio tiempo a Cristo, confiarse a Él, permanecer en silenciosa escucha de su Palabra y hacerla resonar en el corazón.

En estos días, como si fuera una gran semana de Ejercicios Espirituales, buscad momentos de silencio, de oración, de recogimiento. Pedid al Espíritu Santo que ilumine vuestra mente, suplicadle el don de una fe viva que dé para siempre un sentido a vuestra vida, centrándola en Jesús, la Palabra hecha carne.

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