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Des dels qui vam ser a Roma us comuniquem
alguns dels missatges que Joan Pau II ens va adreçar als pelegrins
de la Jornada Mundial de la Joventut. Per als que hi vam ser, ens ajudarà
a mantenir viu el sentit d'universalitat de l'església i el nostre
compromís com a cristians.
PALABRAS DEL SANTO PADRE EN PLAZA DE SAN
PEDRO
15 de agosto de 2000
Queridos jóvenes, ¿estáis vosotros entre los que
han acogido a Cristo? Vuestra presencia aquí ya es una respuesta.
Habéis venido a Roma, en este Jubileo de los dos mil años
del nacimiento de Cristo, para acoger dentro de vosotros su fuerza de
vida. Habéis venido para volver a descubrir la verdad sobre la
creación y para asombraros nuevamente por la belleza y la riqueza
del mundo creado. Habéis venido para renovar en vosotros la conciencia
de la dignidad del hombre, creado a imagen y semejanza de Dios.
"La vida que vivo al presente en la carne, la vivo en la fe del Hijo
de Dios que me amó y se entregó a sí mismo por mí"
(Gal 2,20).
Cuando, el 16 de octubre de 1978, después
de ser elegido para la Sede de Pedro, se me dirigió la pregunta:
"¿Aceptas?", respondí: "Obedeciendo en la
fe a Cristo, mi Señor, confiando en la Madre de Cristo y de la
Iglesia, a pesar de las grandes dificultades, acepto" (Redemptor
hominis, 2). Desde entonces trato de desempañar mi misión
encontrando cada día la luz y fuerza en la fe que me une a Cristo.
Pero mi fe, como la de Pedro y como la de
cada uno de vosotros, no es sólo obra mía, adhesión
mía a la verdad de Cristo y de la Iglesia. La fe es esencialmente
y ante todo obra del Espíritu Santo, don de su gracia. El Señor
me concede, como también hace con vosotros, su Espíritu
que nos hace decir "Creo", sirviéndose también
de nosotros para dar testimonio de Él por todos los lugares de
la tierra.
Queridos amigos, ¿por qué al
comenzar vuestro Jubileo he querido ofreceros este testimonio personal?
Lo he hecho para aclarar que el camino de la fe pasa a través de
todo lo que vivimos. Dios actúa en las circunstancias concretas
y personales de cada uno de nosotros: a través de ellas, a veces
de manera verdaderamente misteriosa, se presenta a nosotros la Palabra
"hecha carne", que vino a habitar entre nosotros.
Queridos jóvenes, no permitáis
que el tiempo que el Señor os concede transcurra como si todo fuese
casualidad. San Juan nos ha dicho que todo ha sido hecho en Cristo. Por
tanto, creed intensamente en Él. Él guía la historia
de cada persona y la de la humanidad. Ciertamente Cristo respeta nuestra
libertad, pero en todas las circunstancias gozosas o amargas de la vida,
no cesa de pedirnos que creamos en Él, en su Palabra, en la realidad
de la Iglesia, en la vida eterna.
Así pues, no penséis nunca
que sois desconocidos a sus ojos, como simples números de una masa
anónima. Cada uno de vosotros es precioso para Cristo, Él
os conoce personalmente y os ama tiernamente, incluso cuando uno no se
da cuenta de ello.
Dejaos modelar por el Espíritu Santo.
Haced la experiencia de la oración, dejando que el Espíritu
hable a vuestro corazón. Orar significa dedicar un poco del propio
tiempo a Cristo, confiarse a Él, permanecer en silenciosa escucha
de su Palabra y hacerla resonar en el corazón.
En estos días, como si fuera una gran
semana de Ejercicios Espirituales, buscad momentos de silencio, de oración,
de recogimiento. Pedid al Espíritu Santo que ilumine vuestra mente,
suplicadle el don de una fe viva que dé para siempre un sentido
a vuestra vida, centrándola en Jesús, la Palabra hecha carne.
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