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La responsabilidad de dirigir iniciativas sociales
Josep Oriol Pujol *
La Razón | 13/06/2007
Escuelas, residencias para la gente de la tercera edad, centros de esplai, instituciones para la acogida de niños, hospitales y clínicas, casas de colonias..., son servicios fundados en el marco de la Iglesia por personas emprendedoras y sensibles socialmente. Estas iniciativas han cubierto vacíos en diferentes poblaciones donde no existían otros recursos para atender a las personas con necesidades. Encontraremos tantos ejemplos como queramos: los hospitales de los Hermanos de San Juan de Dios, las escuelas de tantas congregaciones religiosas, las residencias de ancianos de las Hermanitas de los Pobres, los esplais parroquiales...
El compromiso con el prójimo como consecuencia de la fe de muchos cristianos ha llevado a muchas personas a fundar obras magníficas que sólo merecen elogios por su efectividad y generosidad. A menudo, se han puesto en marcha sin recursos, por personas llenas de buena voluntad que han aprendido del servicio mientras lo prestaban y que siempre lo han ofrecido con dignidad y respeto por los beneficiarios. Algunos de estos servicios han sido, además, únicos o cuantitativamente mayoritarios en poblaciones o comarcas y aún lo son hoy: la enseñanza concertada en la ciudad de Barcelona, los centros de esplai y agrupamientos de escoltas cristianos en Cataluña o centros de atención a la infancia en muchas poblaciones.
Sin embargo, la relevancia de estas obras así como la importancia de su tarea no deben hacer perder el sentido de la realidad puesto que es evidente que demasiado a menudo muchas de estas obras no han destacado por su continuidad en el tiempo. Es más, gran parte de ellas han caído en una decadencia que las ha llevado a cerrar o a mantenerse en condiciones precarias. En la medida en que la sociedad mejora el bienestar y el Estado va garantizando servicios, se pone de manifiesto el retraso de algunos servicios de iniciativa eclesial que no saben actualizarse. Ciertamente, esta afirmación no se puede generalizar, puesto que como se ha afirmado con anterioridad existen servicios e iniciativas eclesiales muy exitosa. Y no podemos olvidar que, con frecuencia, la Administración no es ecuánime en la distribución de recursos y que cuando invierte grandes sumas en proyectos propios suele hacerle un flaco favor a las iniciativas sociales. Los conciertos con la enseñanza privada serían un buen ejemplo de esta situación.
Estas líneas pretenden reflexionar sobre la misión que tienen los responsables de estas entidades a la hora de mantener y hacer crecer los servicios dirigidos a las personas, a la vez que conservan las convicciones cristianas y la sensibilidad social que impulsó a su creación. Y es que tan importante como iniciar es saber mantener. Por ello, es imprescindible renunciar a personalismos que administran la decadencia y buscar buenos gestores de los proyectos. Los servicios sociales y educativos se tienen que dirigir pensando no en la mayor gloria de un mismo, sino en las personas a las que se atiende. Es básico formar patronatos y juntas de personas competentes así como buscar responsables que además de ser “buenas personas”, tengan las capacidades y competencias para gerenciar los proyectos de acuerdo con los requerimientos de cada momento. A veces, es triste asistir a la decadencia de centros e iniciativas de todo tipo que fueron fundadas con la ayuda y el esfuerzo de muchas personas. Es cierto que el entorno no facilita la cosas puesto que cada nueva normativa legal complica más la realidad, pero traicionar a una iniciativa es una falta sobre la cual se debería reflexionar.
En un entorno actual caracterizado por unas exigencias sociales cada vez mayores y un marco normativo complejo, es necesario buscar personas que desde la profesionalidad dirijan los servicios educativos, sanitarios o sociales pensando siempre en el bien de los niños, abuelos o cualquiera que sea el colectivo beneficiario de la institución. Dirigir no es sólo administrar, no es llevar unas cuentas y pedir subvenciones y ayudas privadas; dirigir es ser proactivo, es ser capaz de definir la estrategia de mantenimiento y expansión de toda la organización. Y sólo desde la definición de estrategias sostenibles, realistas y orientadas a las personas es como se mantendrán escuelas, clínicas, residencias de la tercera edad, casas de colonias y, lo más importante, se seguirán atendiendo a las personas con el espíritu que impregnó su fundación. Patrones y miembros de las juntas tienen mucha responsabilidad en las decisiones, o no decisiones, que se puedan tomar.
* Director General de la Fundació Pere Tarrés.
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